Rafael Fenoy Rico •  Opinión •  22/02/2026

Educar, adiestrar, consumir, trabajar

No se para de generar nuevas palabras, más bien siglas, en el tradicionalmente llamado mundo educativo. Un entramado de instituciones que sirven a distintos objetivos y que dicen contener un denominador común: Preparar a las nuevas generaciones. Y en este “preparar” es donde comienzan a divergir entre ellas. ¿Preparar para la industria, para el mundo laboral? ¿Para el presente o el futuro cercano? ¿Para ganar dinero, mejor, más dinero que otros? ¿Para tener más estatus social, económico, político…? ¿Para ser buenos inversores en bolsa? ¿Buenos gestores de fondos, brókeres…? ¿Buenos emprendedores? ¿Buenos patronos de obreros? ¿Buenos obreros obedientes, eficientes, cumplidores, incansables…? ¿Para ser mejores comerciales o comerciantes? ¿Para ser mejores consumidores? ¿Consumir más o más sano, más cantidad o lo justo…? ¿Para ser buenos conductores y no ir generando peligro en las calles y carreteras? ¿Para… ser buenas personas? ¿Para acceder al patrimonio cultural, al legado de las generaciones anteriores? ¿Para que sepan preservarlo e incluso aumentarlo? ¿Para ser buenas madres y buenos padres? ¿Buenas hijas y buenos hijos? ¿Para ser buenas parejas, que amen y respeten?… Y, sin ánimo despectivo, va surgiendo la retahíla de “educaciones”: Educación para la salud (Promoción de la Alimentación Saludable, Higiene y Autocuidado, Educación Afectivo-Sexual, Prevención de Adicciones); Educación para el consumo; Educación para la paz y la no violencia; Educación vial; Educación para Deporte y la Actividad Física (Deporte de Base y Escolar, Valores en el Deporte, Deporte Adaptado e Inclusivo, Vida Activa); Educación para el Ocio y el Tiempo Libre (Ocio Cultural, Educación Ambiental y Aire Libre, Ocio Digital Responsable, Animación Sociocultural); Educación para el Envejecimiento Activo (Entrenamiento de la Memoria, Alfabetización Digital para Mayores, Intergeneracionalidad); Educación Emocional y Social, Habilidades para la Vida (Gestión del Estrés y Ansiedad, Resolución de Conflictos, Educación en Valores y Ciudadanía); Educación Financiera (Introducción a la Inversión, Emprendimiento Social); Alfabetización Económica (Gestión del Presupuesto Familiar, Consumo Responsable); Educación Ambiental y Sostenibilidad (Economía Circular, Alfabetización Ecológica, Mitigación del Cambio Climático); Educación en Competencias Digitales y Medios (Pensamiento Crítico y Fake News, Seguridad y Privacidad, IA Generativa, Programación y Lógica); Educación para la Autonomía y «Life Skills» en torno a habilidades prácticas (Cocina Básica y Nutritiva, Mantenimiento del Hogar, Gestión del Tiempo y Productividad, Primeros Auxilios); Educación Cívica y Compromiso Social (Derechos Humanos y Memoria, Voluntariado y Aprendizaje-Servicio); Educación para la Diversidad e Inclusión (Sensibilización sobre la Discapacidad, Coeducación e Igualdad de Género, Educación Antirracista); Educación Artística y Estética (Alfabetización Visual, Patrimonio y Museografía, Expresión Corporal y Danza); Educación para la Seguridad y Prevención de Riesgos (Educación Vial, Seguridad Laboral y Prevención de Riesgos laborales y en el hogar); Educación «Invisible» “Soft Skills Avanzadas” (Pensamiento Sistémico, Comunicación No Violenta, Adaptabilidad al Cambio, Ética de la Tecnología); Educación Ambiental y ecológica; Educación para la inserción laboral; Educación de la creatividad…y no se para de generar nuevas “iniciativas” como por ejemplo STEM (acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) que dice pretender “integrar estas disciplinas en un solo marco de aprendizaje basado en la resolución de problemas reales”. Y para comprender el alcance de la propuesta hay que comenzar preguntando: ¿Cuáles serían estos problemas reales? Por ejemplo, construir en miniatura un prototipo (o incluso una copia) de un automóvil de Fórmula 1 (F1), ¿sería un problema real? Es de interés analizar una justificación de por qué emerge esta propuesta. Según D. Enrique Sánchez Ludeña en su artículo publicado en la revista Padres y Maestros (2020). «La educación STEAM y la cultura maker» comenta: “En las últimas décadas, se ha observado un descenso en el interés de los estudiantes por el estudio de las áreas científico-tecnológicas, que es inversamente proporcional a la necesidad de profesionales cualificados en el campo de las tecnologías, ya que, aunque la robótica y los algoritmos estén ocupando labores antes realizadas por las personas, no dejan de ser imprescindibles las habilidades para crear, diseñar y dirigir estas tecnologías de la manera más óptima.” No obstante, hay quienes formulan profecías que advierten que la Inteligencia General Artificial (AGI) igualará o superará, si ya no lo ha hecho, a la inteligencia humana. Esta AGI, utilizando los BIG Datas, mediante algoritmos cada vez más complejos creados por ella misma, es ya capaz de realizar cualquier tarea intelectual y, combinada con la robótica, incluso cualquier actividad humana o animal. ¿Qué quedará entonces del mundo del trabajo humano? ¿Llegará tarde tanta STEM? Interesante reflexión de D. Enrique en https://www.otraspoliticas.com/politica/armas-de-destruccion-matematica/. Se impone trascender tanta diversidad de “educaciones” para circunscribir la educación al mundo real, al cercano, al cotidiano. Proyectarse en primer lugar sobre aquello que concierne directamente al diario vivir y ordenar los aprendizajes en torno a propiciar la mejor de las convivencias, comportarse como una buena persona con quienes se quiere y con quienes se convive, hacer emerger las mejores competencias ciudadanas que cada niña y niño tiene en potencia. Y darse cuenta de que arreglar la cerradura, la gotera, cambiar una bombilla, coser un botón, confeccionar una buena lista de la compra…, salvo que se tenga mucho dinero para que otros (humanos o no) las hagan por uno, serán tareas necesariamente humanas, a pesar de la IA o la AGI. Que, por cierto, no se refiere a la Asociación de Grandes Industrias del Campo de Gibraltar (AGI, CG), aunque posiblemente mucho tendrá que ver con ellas.


Opinión /