La ultraderecha crece gracias a los deméritos de los demás
La subida en las encuestas de VOX no es el fruto de sus méritos y de sus aciertos, que no existen, es por causa de los deméritos y desaciertos del resto de los partidos y de esta monarquía parlamentaria.
Abascal ha demostrado ser un auténtico ignorante, un vago y un mediocre, su ascenso no se debe solo al apoyo de los multimillonarios, se basa en la mediocridad general que le ha permitido hacerse un hueco y crecer como un cáncer sin tratamiento.
La ultraderecha encuentra su espacio vital en la desafección por la política, en la frustración de la gente sin esperanza, en el presente que no te deja atisbar un futuro, en la desilusión, en el miedo, es la consecuencia de una sociedad profundamente enferma.
En el Estado español el franquismo se ha mantenido vivo y controlando los poderes del Estado gracias a una falsa transición que fue un borrón y cuenta nueva, y que dejó a las mismas familias que controlaban el poder en la dictadura, controlando el poder en la monarquía parlamentaria.
Cuando entre los llamados «padres de la constitución», y por lo tanto de esta monarquía parlamentaria hay un ministro franquista ¿que podíamos esperar?.
La ultraderecha no avanza porque algunos digamos la verdad sobre la socialdemocracia, porque denunciemos que no son de izquierdas y forman parte del sistema, la derecha avanza por las mentiras y los hechos de los socialdemócratas que no dan soluciones a los problemas de los trabajadores y no se atreven a combatir al poder porque también son sus amos.
Cuando no dices la verdad de lo que ocurre por temor a que llegue la ultraderecha solo estás acelerando su llegada con un silencio tan inútil como cómplice.
El pacto social es una excusa, es una tapadera para no hacer lo correcto, es un espacio de pasos atrás para la clase trabajadora, nos ha traído a donde estamos andando como los cangrejos, por eso tenemos menos derechos, peores salarios y condiciones laborales que nuestros padres.
Aquella generación que no es capaz de dejar a la siguiente una sociedad mejor es una generación de cobardes y de fracasados, y en eso nos hemos convertido.
La derecha no podría imponerse jamás a la clase trabajadora sin la ayuda de los traidores dentro de las filas de las organizaciones obreras, les sería imposible, necesitan de poder decir que todos somos iguales, que no hay alternativas, y que esta es la única sociedad posible y la mejor, para eso necesitan traidores para poner como ejemplo.
Cuando las cúpulas de los llamados sindicatos mayoritarios y el ministerio de trabajo se abrazan, toman el café y cenan con la patronal nada bueno podemos esperar del compadreo.
Los trabajadores hemos delegado la defensa de nuestros derechos y de nuestros intereses de clase en traidores, por eso somos responsables, por delegar nuestra obligación de luchar y defendernos en gente peor, en personas interesadas, en traidores.
Amar la libertad y odiar a quienes nos la quitan es necesario, pero no hay nada peor que los traidores, sin ellos no podrían quitarnos nada, seríamos imbéciles.
Pero eso no significa que la solución ante una situación difícil o desesperada sea el suicidio colectivo, que ante un precipicio la solución sea tirarse sin paracaídas. Los trabajadores que votan contra sus intereses, que defienden el sistema que los explota, que asumen el discurso del poder como propio, están asumiendo la moral del esclavo.
Un pobre que vota a un rico tiene un problema, o es un ciego o no conoce la dignidad, votar a quienes te desprecian es como arrastrase, y cuando te arrastras como un gusano no te puedes quejar cuando te pisen.
