Eduardo Mayordomo •  Maite Mola •  Opinión •  13/02/2026

Frente al trumpismo, una seguridad compartida y solidaria

Conocida es la frase de Marx por la que la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa. Tampoco en esto parece que se equivocó el filósofo alemán, porque cien años después del nacimiento del fascismo, el mundo se ha llenado de bufones que, bajo el paraguas de las grandes empresas planetarias, se unen en una gran internacional ultraderechista. Repitiendo las acciones de aquellos Hitler, Mussolini o Hiroito, han convertido las invasiones, intervenciones militares y golpes de Estado en su principal herramienta diplomática: no hay territorio hoy en el Planeta que esté libre de los caprichos de este siniestro régimen, cuya cabeza visible es Donald Trump. Quien no trague con sus demandas económicas o geográficas verá cómo su gobierno es derrocado, sus ciudades bombardeadas y su pueblo abandonado a la pobreza y exilio.

Con el fin de la guerra fría, Estados Unidos decidió autoproclamarse único gobernador planetario. Impuso al resto de países una dictadura de facto, ignorando obligaciones diplomáticas, el derecho internacional o marcos multilaterales como el de Naciones Unidas. Envalentonado con la total impunidad con la que ha estado operando, ni siquiera respeta ya a sus viejos socios, aquellos que como los europeos le ayudaron a conformar esa gran arma de destrucción masiva en la que se fue convirtiendo la OTAN.

Más aún, en los últimos meses ha pasado de esa falta de respeto a los ataques directos: guerra arancelaria, amenazas a la soberanía e integridad territorial a Dinamarca, insultos a los gobiernos que como el español no quieren aumentar su gasto militar o pretenden regular las redes sociales, sabotaje económico a países como Alemania, con la voladura del gaseoducto Nord Stream…

Las causas de esta injerencia y la falta de una respuesta contundente hay que buscarlas en las políticas de seguridad continental: la Unión Europea, lejos de ser soberana, ha acabado convirtiéndose en una región tutelada, llena de bases militares estadounidenses y, sobre todo, un provechoso negocio para los EEUU. Echemos cálculos: de media, en 2025, cada europeo pagó más de mil euros para gasto militar. En total, miles de millones que reciben con las manos abiertas las empresas armamentísticas -ya sean continentales, americanas o israelíes-, y que dejamos en gastar en sanidad, vivienda o infraestructuras como la ferroviaria, por citar una que tristemente está de actualidad.

Llegados a este tira y afloja, la propuesta de la Comisión Europea y de buena parte de los gobiernos continentales no es poner freno a esta sinrazón belicista, sino, dando un giro de 360 grados, aumentar el gasto militar para rearmar a la Unión Europea y a Ucrania frente al viejo enemigo ruso. Que todo cambie para que no cambie nada en esta nueva oda a la guerra. Poco les importa a quienes deciden por todos y todas las europeas que el Tratado de la Unión, en su artículo 3.1 establezca que la UE tiene como finalidad “promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos».

Recordemos que en 1990, a las puertas de la autodisolución de la URSS y el Pacto de Varsovia, se celebraba en París la reunión de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa aprobando lo que se conoce como la Carta de París, que llamaba a construir una Seguridad Compartida Europea. El respeto y aplicación de este modelo de cooperación y seguridad hubiese impedido la guerra de Ucrania. Por desgracia, fue dinamitada por la OTAN un año más tarde en la cumbre de Roma, aprobando la ampliación de la Alianza a los antiguos miembros de órbita soviética.

Hoy ha quedado claro que necesitamos una alternativa al actual sistema de seguridad otanista, que solamente ha servido a los intereses de los Estados Unidos. Y aquí viene el problema, porque frente al desafío del régimen trumpista, la alternativa no puede ser un ejército europeo al servicio de la burguesía continental -igual de belicista y sanguinaria, por cierto, que la estadounidense-.

Ante los continuos tambores de guerra que sacuden el este de Europa y las llamadas a aumentar el gasto militar de los grandes multinacionales armamentísticas, urge crear un marco de seguridad europeo que no se base en la confrontación, sino en la cooperación y la solidaridad entre pueblos. La única alternativa real para salvar a todos y todas las que vivimos en el Planeta viene por construir esa anhelado sistema de seguridad compartido, humano y democrático, apostando por la desmilitarización, priorizando la cooperación y la protección de derechos sociales y económicos sobre la defensa militar tradicional.

Las familias trabajadoras europeas debemos obligar a nuestros gobiernos a retomar los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas, el Acta Final de Helsinki de 1975, la Carta de París de 1990 o el informe Olof Palme de 1982. Ya tenemos suficiente reto con frenar el cambio climático y paliar las consecuencias de los desastres que provoca, como para gastarnos el dinero que no tenemos en tanques, drones y portaaviones. Todo para mayor gloria de unos cuantos multimillonarios empeñados en repetir los peores años del siglo XX, aunque sea como una farsa llena de los Milei, Musk o Ayuso de turno y sus bufonadas.

* Maite Mola y Eduardo Mayordomo, militantes del PCE-EPK de Navarra.


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