Ramaris Vásquez •  Opinión • 11/08/2020

DDHH: La hipocresía «is made in U.S.A»

Los derechos humanos (DD.HH) constituyen el alegato recurrente de  funcionarios estadounidenses y emporios de comunicación para justificar violaciones al derecho internacional mediante sanciones comerciales unilaterales y coercitivas, injerencia arbitraria y financiamiento a factores del país suramericano que invocan intervención militar para su propio país, en procura de desplazar el gobierno venezolano electo en 2018.
Este ardid que constituyen los DD.HH para EE.UU, desnuda  la “hipocresía” y el “egoísmo” de los que hablaba Mike Pompeo cuando EE.UU huyó del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en 2018. Como diríamos en América Latina, eso es ¡ver al burro hablar de orejas!
El retiro de EE.UU de esta instancia que agrupa la Comunidad de Naciones (1), constituye una excusa para no tener que rendir cuentas sobre los desmanes que comete en materia de dignidad humana, en especial con los niños, niñas y adolescentes. La UNICEF confirma que Somalia y EE.UU son los únicos países del planeta, que aún no ratifican la Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1989. (2).
Tal como reza en la web de la Unicef, esta Convención “fue aceptada incluso por entidades no estatales. El Ejército Popular de Liberación del Sudán, un movimiento rebelde en el sur del Sudán, es un ejemplo”. Sin embargo, EE.UU aún no lo ratifica, mientras continúan las denuncias de que, en plena pandemia, el gobierno estadounidense ha estado deteniendo a niñ@s migrantes en hoteles para luego deportarlos (3).
En 2019, el Centro de Detención de Migrantes en Clint, estado de Texas,  en la que estaban cientos de niños migrantes, admitió en un comunicado que  «como nuestros directivos han señalado en numerosas ocasiones, nuestras instalaciones de retención a corto plazo no fueron diseñadas para albergar poblaciones vulnerables, y necesitamos urgentemente fondos humanitarios adicionales para manejar esta crisis». (4).
Pero EE.UU se preocupa de  una “ayuda humanitaria” para Venezuela, mientras –impunemente- se hace de CITGO, de más de 30 toneladas de oro, y numerosos activos procedentes de la corrupción en Venezuela.
El gobierno estadounidense tampoco ha ratificado la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, y  ni siquiera ha firmado la Convención Internacional sobre la protección de derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, ni la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (5). Y siguiendo la política de ausencia en DD.HH, EE.UU huyó del Tratado de París contra el calentamiento global.
Philip Alston, relator especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de la ONU, denunció en 2018 que en EE.UU “40 millones de personas viven en la pobreza, 18,5 millones en la extrema pobreza y 5,3 millones en condiciones calificadas de tercermundistas” por lo que, tras verificar violaciones a los derechos humanos económicos, y otros de la población, calificó el sistema estadounidense de “cruel e inhumano”. (6).
Alston también confirmó en su informe a la ONU sobre EE.UU, la violación de derechos civiles y políticos, cuando informó que “el país tiene una de las tasas más altas de encarcelamiento del mundo y una de las más bajas de votantes registrados en el censo”, lo que evidencia inaccesibilidad a la participación, a la justicia y a una tutela judicial efectiva en EE.UU, factores conectados a la acción defensorial  de los DD.HH. Pero voceros estadounidenses cuestionan el sistema electoral venezolano.
El relator de la ONU  constató que “Estados Unidos tiene una de las más altas tasas de desigualdad entre los países occidentales” y afirmó que la estrategia social estadounidense  “parece estar diseñada para maximizar la desigualdad y llevar a la penuria a millones de trabajadores y a los que no pueden trabajar”. A juicio del relator, la política estatal estadounidense estaría  “llevada principalmente por el desprecio y, en ocasiones, por el odio hacia los pobres”.
Asimismo, el informe de la oficina del experto en DD.HH advirtió que en EE.UU  “la democracia misma está bajo amenaza debido a la extrema desigualdad, y las políticas que se siguen las empeoran”. Sin embargo el gobierno de EE.UU y sus voceros oficiales viven “preocupados” por la democracia venezolana, pero apoyan a quienes promueven el abstencionismo y la intervención extranjera en Venezuela, en lugar de un proceso de elecciones.
Y eso son solo algunos ejemplos, a los que se suman el uso estadounidense de “brutalidad policial” y el sostenimiento estatal del “racismo” mediante políticas públicas expresas, hechos que dan cuenta de que en materia de derechos humanos, la hipocresía “is made in USA”.

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