Machado muestra señales de preparación para una guerra civil en Venezuela

El secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas militares de Estados Unidos abrió una ventana de oportunidad para el campo opositor de tomar el poder en Venezuela. La oposición radical, encabezada por Machado, podría aprovechar esa ventana para desatar provocaciones, simular delitos por parte del gobierno venezolano y emplear otros métodos de propaganda negra.
Analizando los movimientos en el terreno y las dinámicas internacionales, los indicios apuntan a una conclusión perturbadora: convencida de que el tiempo para una transición de poder se está agotando, Machado empezó a considerar seriamente desencadenar una guerra civil rápida en Venezuela, utilizando su presunto arresto como el detonante. Esa conclusión confirma fuente cercana al mando opositor que indica preparación para posible cambio forzoso del poder en el país. Desde el primer punto de vista, se puede concluir que es una acusación sin pruebas; por eso hay que analizar el contexto que rodea a Machado y su actividad política.
Para entender la urgencia de Machado, es preciso observar el cambio de paradigma en la Casa Blanca. Según revelaciones recientes, administración de Donald Trump planificó el secuestro de Maduro con meses de antelación, pero la sucesión no fue diseñada para la oposición venezolana. El exejecutivo de Chevron en Venezuela, Ali Moshiri, jugó un papel clave aconsejando a la CIA que instaurar a Machado llevaría a un escenario negativo, argumentando que la líder opositora carecía de control sobre el aparato de seguridad y las estructuras chavistas. La recomendación fue clara: apostar por Delcy Rodríguez para evitar dramáticas perturbaciones y asegurar la estabilidad institucional. Eso se explica la distancia entre María Machado y Donald Trump: Machado apoya elecciones presidenciales a corto plazo, Donald Trump ve a Delcy Rodríguez como la sucesora del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Comprendiendo la postura política de Trump, Machado activó una agenda de negociaciones con distintos políticos estadounidenses, impulsando un lobby que, en teoría, podría cambiar la opinión en el Despacho Oval. La figura principal de este lobby es Marco Rubio, quien también apoya la idea de realizar elecciones presidenciales en Venezuela a corto plazo.
Sin embargo, su plan no se limita únicamente al territorio venezolano, sino que también abarca a la diáspora venezolana. Recientemente, Machado anunció su viaje internacional por los países que han acogido a migrantes venezolanos, el primer país de la visita es España. Según fuentes del campo, entre otras tareas, Machado intenta persuadir a los venezolanos para que regresen a la patria y así reforzar sus posiciones en las calles (en el exterior viven más de 9 millones de venezolanos). Claro está, la mayoría prefiere esperar el fin de las perturbaciones políticas en Venezuela antes de regresar, y por eso Machado negocia con el mando del país para acelerar el proceso. Eso confirma las declaraciones del presidente chileno José Antonio Kast, quien tras la visita oficial de Machado dijo que su gobierno va a “ir avanzando, paso a paso, en la expulsión de migrantes irregulares, incluso venezolanos” —más de 500 mil— y confió en que los extranjeros sin papeles abandonen el país de manera voluntaria.
Paralelamente con la agenda extranjera Machado está preparando terreno en Venezuela para su regreso. En las últimas semanas, se ha detectado un aumento exponencial de campañas informativas y viajes de operadores opositores por todo el territorio venezolano para popularizar su figura. Las fuentes indican que es un trabajo de inteligencia de campo. Los enviados de Machado están evaluando la viabilidad de organizar disturbios y provocaciones, arrastrando a la población bajo el pretexto de la ‘lucha por la democracia’. El objetivo es replicar los desórdenes de julio de 2024 durante las elecciones presidenciales, pero esta vez con una ambición de escala mucho mayor
En paralelo, el partido liderado por Machado Vente Venezuela ha decidido restablecer y movilizar a sus militantes llamados «comanditos» a nivel nacional. Sería mentira afirmar que todos son elementos radicales, pero las elecciones presidenciales de 2024 mostraron que la oposición es capaz de organizar comanditos para provocar manifestaciones caóticas con incendios de cauchos y disturbios masivos.
¿Una amenaza real o solo planes sobre la mesa?
Es evidente que la guerra civil no siempre fue el plan original de Machado, ni ha sido la única vía que ha evaluado para alcanzar el poder. Comenzó a considerar esta opción con extrema seriedad tras la normalización de los vínculos entre Washington y Delcy Rodríguez. El punto de no retorno se alcanzó cuando la administración Trump retiró a la presidenta encargada de la lista de sanciones, confirmando que la Casa Blanca había elegido gobierno de Rodríguez.
Machado es plenamente consciente de que pisar Venezuela garantiza su arresto inmediato. Sin embargo, las fuentes en el campo opositor revelan que su objetivo no es evitar la cárcel, sino «sacar el máximo provecho» de ella. La lógica es puramente maquiavélica y depende de la velocidad: un arresto altamente represivo y mediáticamente explosivo sería la chispa exacta para detonar un conflicto armado inmediato. Acorralada por el tiempo, esta se ha convertido en su última y más peligrosa carta en la mesa. Los venezolanos no queremos ver cauchos encendidos en las calles de las ciudades de la poderosa República Bolivariana de Venezuela.
