Rafael Fenoy Rico •  Opinión •  11/03/2026

8M y la sanidad pública

Puede que haya quienes entiendan que poco o nada tenga que ver la celebración del 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, con un tema tan amplio como es el de la sanidad pública. Decir mujer, conlleva necesariamente la referencia a la maternidad. No significa esto que el ser madre sea consecuencia inevitable para todas las mujeres. Muchas de ellas han optado y siguen optando por no serlo. Y ello es perfectamente comprensible y aceptable, ya que es una opción que debe adoptarse  voluntaria, meditada y muy conscientemente. Ser madre en estos tiempos supone un hándicap para cualquier mujer, ya que serlo precisa de ejercer una renuncia a un mundo de oportunidades de desarrollo personal y social. No obstante, hay madres que asumen con alegre generosidad el dedicar una buena parte de su vida al cuidado de la familia. 

Precisamente, la tendencia a ser cuidadoras de otras personas es el nexo que liga este 8M a la situación de la sanidad pública. En los 8M se recalca la lucha contra la violencia machista. El 2026 ha comenzado en este sentido de muy mala manera. A finales de febrero ya van 10 mujeres asesinadas. Nuevas víctimas de la violencia machista. Además de los asesinatos que suponen la pérdida de la vida, existen condiciones estructurales que colaboran nefastamente para acortarla o para hacerla insufrible. 

Las mujeres desarrollan una intensa actividad como cuidadoras de la salud de sus familias. Gracias a sus tareas, cuidan de la alimentación, del vestido, de las condiciones higiénicas de los hogares. Y aunque bastantes de estas ocupaciones son compartidas por los hombres, son ellas las referentes principales. Y qué difícil se les hace esa tarea de cuidar a quienes se quieren, cuando la sanidad pública supone en muchas ocasiones un obstáculo insalvable.  Por tradición, las hijas son las que prefieren las madres y padres para que, cuando son dependientes, les ayuden. Las mujeres, además de cuidar de la prole, deben ayudar a sus progenitores cuando la edad, o la enfermedad los hacen dependientes. Y a más edad, más necesidad de atenciones médicas. Este 8M las mujeres trabajadoras también exigen una sanidad pública de calidad. Alguien pensará que esto concierne tanto a hombres como a mujeres. Y siendo esto cierto, el matiz de la tendencia al cuidado de los demás confiere a las mujeres, más en este 8M, un papel principal.  

Y siguiendo el hilo de las tareas familiarmente necesarias, es preciso reconocer que  muchas de ellas dan más trabajo que las actividades laborales, sin que se las reconozca y compense social y económicamente hablando. 

Una buena reivindicación para el 8M podría ir orientada a que el conjunto de la sociedad, representada en el Estado, reconociera y valorara la enorme cantidad de energía que las mujeres aportan a la sociedad en su conjunto cuidando de su familia. Si el sistema de producción capitalista tuviera que afrontar el costo de la reproducción de la fuerza de trabajo, no obtendrían los capitalistas tantos beneficios. Va rodando esta frase: un senador romano, cuando en el senado se propuso poner impuestos al pueblo, dijo: «Dejad al pueblo tranquilo, que bastante tiene con cuidar de la prole». Podría calificarse de anécdota, aunque la palabra proletariado. Los proletarii eran la clase más baja de ciudadanos; detrás de ellos estaban los esclavos. Nada poseían y, por tanto, no pagaban impuestos; eso sí, contribuían al Estado romano aportando hijas, que procrearan  e hijos para la guerra. Podían votar como ciudadanos “libres” que eran, pero su influencia política era muy poca. 

La situación de la sanidad pública afecta especialmente a las  mujeres trabajadoras, sobre todo cuando no funciona adecuadamente. Asumir el peso de la dependencia de sus mayores, de las propias enfermedades laborales, estrés, sobrecarga de tareas familiares a las que se suman las laborales. Vivir para cuidar saludablemente se convierte en un reto, cuando el salario no llega a fin de mes, para garantizar unas condiciones dignas en los hogares que deben ser higiénicos, mantener la calefacción o climatización, consumos adecuados de la costosa energía,  y encima pagar impuestos que no remedian el abandono de la sanidad, de la educación o la ayuda a la dependencia públicas. 

El 8M es también un día para reflexionar sobre el sentido de la vida, que nadie tiene derecho a arrebatársela, y que debe vivirse en libertad y felicidad.  Para ser felices tampoco hace falta mucho, pero lo poco que se precise debe estar garantizado porque se tiene derecho a una vida saludable.  Este concepto va más allá de algunos consejos sanitarios que se prodigan, para no entrar en el fondo del asunto. Una vida de agobios, porque el dinero no llega, porque  no se dispone de una vivienda digna e higiénica, porque se pasa frío en invierno y calor en verano, porque no se tiene seguridad sobre qué se comerá mañana, porque se alimenta mal la familia, productos que no son alimentos, porque generan enfermedades, dietas desequilibradas porque el presupuesto familiar impone economías de subsistencia…

Salud Pública y 8M, otro día para reclamar que el casi millón de andaluces y andaluzas que están pendientes de intervenciones o diagnósticos reciban respuesta inmediata. Con la inmensa fortuna que los políticos recaudan en impuestos, no se justifica esta situación de la sanidad pública. Sobre todo cuando dedican miles de millones a las empresas privadas que mercadean con la salud de las gentes. Cada 8M, las mujeres proletarias comprenden que cuidar de su prole requiere apoyar a quienes dedican los impuestos prioritariamente a la sanidad pública.


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