Por una nueva agenda de paz que desmonte la guerra

La escalada militar en torno a Irán vuelve a recordar hasta qué punto el mundo se adentra en una nueva fase de confrontación global. Bombardeos, amenazas y alianzas militares se suceden mientras las potencias justifican la guerra como herramienta legítima de gestión geopolítica. Diversas redes antimilitaristas denunciamos que esta dinámica no es un hecho aislado, sino parte de una lógica más amplia de militarización global impulsada por intereses económicos, estratégicos e industriales que atraviesan el sistema internacional e imposibilitan una paz real.
En este contexto se sitúa el texto que viene a continuación, que parte de una constatación clara: el actual ciclo de rearme no es coyuntural, sino el resultado de políticas y estrategias impulsadas desde hace años por gobiernos, instituciones y lobbies industriales vinculados al complejo militar. Frente a esta deriva, reflexionamos sobre la necesidad de replantear el propio horizonte del pacifismo, superando la mera oposición puntual a las guerras para construir una agenda de desmilitarización, seguridad humana y transformación social más profunda.
La pregunta de fondo es sencilla pero decisiva: ¿seremos capaces de construir un movimiento por la paz que no solo denuncie la guerra, sino que contribuya activamente a desmontar el sistema que la produce?
El debate que proponemos (el texto que viene a continuación resume el trabajo elaborado por nuestro colaborador Juan Carlos Rois y que él tituló Aragón en la encrucijada, y de él son los esquemas que reproducimos a modo de imágenes: puede descargarse al completo aquí) conecta directamente con las voces que hoy, ante la guerra en Oriente Próximo, reclaman resistir no solo a las guerras concretas, sino también a las estructuras económicas y políticas que las alimentan.
Urge una nueva agenda de paz: se inaugura un nuevo escenario geopolítico de alta volatilidad para la seguridad humana y de ruptura del paradigma de paz negativa.
La pregunta de fondo es sencilla pero decisiva: si la militarización se consolida como lógica dominante, ¿seremos capaces de construir un movimiento por la paz que no solo denuncie la guerra, sino que contribuya activamente a desmontar el sistema que la produce?
Un mundo que vuelve a armarse intensamente
El contexto internacional actual confirma algo que se venía gestando desde hace años: el mundo entra en un nuevo ciclo de rearme y militarización. No se trata únicamente de conflictos concretos o de crisis geopolíticas puntuales. Estamos ante un cambio más profundo en el paradigma que organiza las políticas de seguridad y poder a escala global.
En Europa, el aumento del gasto militar y el impulso a la industria armamentística muestran que el rearme se ha convertido en una prioridad política. Instituciones europeas, gobiernos y grandes empresas del sector militar impulsan programas de inversión y cooperación que refuerzan esta tendencia.
El rearme también en España
España no es una excepción. Durante los últimos años el gasto militar ha seguido una tendencia claramente ascendente. Más allá de las cifras oficiales, programas de modernización de armamento, compromisos presupuestarios plurianuales y créditos extraordinarios han consolidado una política de rearme sostenida.
Este proceso se ha desarrollado además con escaso debate público y mediante mecanismos presupuestarios que han permitido aumentar el gasto militar incluso en periodos sin presupuestos generales aprobados.
La crisis del sistema internacional de paz
Este nuevo escenario coincide con el debilitamiento de la arquitectura internacional de paz construida tras la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, el sistema internacional se apoyó en tratados de desarme, instituciones multilaterales y normas de derecho internacional que pretendían limitar el recurso a la guerra.
Ese marco nunca eliminó los conflictos, pero sí estableció ciertos límites y generó la expectativa de que las tensiones entre estados podían gestionarse mediante negociación. Hoy ese equilibrio se encuentra claramente erosionado y el uso de la fuerza vuelve a ocupar un lugar central en la política internacional.
Un nuevo desafío para el pacifismo
Ante este escenario, también el pacifismo se enfrenta a un cambio de contexto. Durante décadas, muchos movimientos por la paz centraron sus esfuerzos en frenar guerras concretas o en presionar para reducir el gasto militar. Sin embargo, el actual proceso de remilitarización obliga a replantear estrategias.

La cuestión ya no es solo cómo oponerse a las guerras, sino cómo cuestionar las estructuras políticas, económicas y culturales que las hacen posibles.
Hacia una paz basada en la seguridad humana
Hablar de paz hoy implica ir más allá de la simple ausencia de guerra. Significa poner en el centro la seguridad humana, la justicia social y la sostenibilidad ambiental. La construcción de la paz requiere abordar problemas estructurales como las desigualdades globales, la crisis ecológica o las dinámicas de dominación que atraviesan el sistema internacional.

Desde esta perspectiva, la agenda pacifista necesita combinar dos dinámicas complementarias. Por un lado, reducir el poder de las estructuras militaristas que dominan el sistema global. Por otro, construir alternativas sociales y políticas capaces de generar formas de seguridad y convivencia no basadas en la violencia.
Tres ejes para una agenda de paz
En el contexto actual, una agenda pacifista puede orientarse en torno a tres grandes ejes. El primero es la desmilitarización de nuestras sociedades. El segundo es el fortalecimiento del empoderamiento social y de formas de defensa civil noviolenta. El tercero es el desarrollo de procesos de transarme, entendidos como la transición progresiva desde sistemas de seguridad militar hacia modelos de seguridad humana, social y ecológica.

Una tarea colectiva
Frente al actual escenario de rearme y militarización, apostar por la paz significa trabajar activamente por un modelo de seguridad basado en la justicia, la cooperación y la defensa de la vida.
Construir una paz real exige cambios políticos, sociales y culturales profundos. Supone ampliar alianzas entre movimientos sociales, fortalecer la cooperación y desarrollar prácticas colectivas basadas en la noviolencia.
¿Te sumas y nos ponemos a ello?

Fuente: https://mambru.info/por-una-nueva-agenda-de-paz-con-contenidos/
