André Abeledo Fernández •  Opinión •  05/04/2026

La justicia social no es caridad ni es una aberración

La justicia social no es caridad, no es limosna, aún menos es terrorismo o envidia o una aberración. Es la JUSTICIA con mayúsculas. Donde no existe JUSTICIA SOCIAL no existe justicia.

Las «ayudas», los salarios, las pensiones, insuficientes para que la gente pueda sobrevivir, no son más que una herramienta de control social ideada por el capitalismo salvaje para mantener el control y seguir explotando a la clase trabajadora.

Sigo pensando que cualquier persona, por el hecho de haber nacido tiene derecho a una vida digna y a tener sus necesidades básicas cubiertas.

Como dijo el Che Guevara; «Vale más la vida de un solo ser humano que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra». 

Defiendo que la economía tiene que estar al servicio del ser humano y no que el ser humano tenga que estar al servicio de la economía.

Pienso que tenemos que trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Lo resume a la perfección la famosa frase de Karl Marx sobre la desvalorización del ser humano: «La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas».

Considero que la patria es la clase obrera y pienso que la solidaridad, la igualdad, la fraternidad y la justicia social son los cimientos de un futuro socialista que es el único sistema capaz de evitar la extinción de la especie humana.

Incluso uno de los más grandes científicos de la humanidad lo dijo claramente; «Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males [del capitalismo], el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales». Einstein consideraba que la producción capitalista se realizaba por lucro y no por uso, lo que provocaba una competencia ilimitada y una «mutilación de la conciencia social de los individuos».

Albert Einstein Abogaba por una economía donde los medios de producción fueran poseídos por la sociedad y utilizados de forma planificada, garantizando sustento para todos.

La socialdemocracia se basa en un maquillaje del sistema capitalista para que sea menos brutal, pero no va a la raíz del problema, se queda en el derecho a sobrevivir del trabajador y en las ayudas insuficientes, manteniendo como base un sistema de injusticia, desigualdad y exclusión social.

La derecha no maquilla nada, cree en la competencia salvaje, en la ley de la selva, en la ley del más fuerte, en la resignación de la clase trabajadora que debe aceptar su triste destino sin protestar, la derecha cree en el derecho del patrón a enriquecerse y solo reconoce una libertad; la libertad de comercio y un derecho; el derecho a la propiedad privada. La derecha cree en la humillante limosna y en la jerarquización de la sociedad.

La ultraderecha va más allá y considera la justicia social como terrorismo y como una aberración, defendiendo el Darwinismo social al considerar que los más fuertes son los que deben sobrevivir y los débiles no tienen derecho a la vida. Pero para ellos ser fuerte significa no tener escrúpulos, ni ética, ni moral, ni empatía, ni humanidad, significa ser una bestia con tu propia especie y con el planeta. Como dijo el presidente de Argentina Javier Milei en un acto de la ultraderecha en Madrid; “La justicia social es aberrante”, “el control de capitales es inmoral” o “los impuestos son un robo”.

La verdadera izquierda es radical y va a la raíz de los problemas, es antisistema, solidaria, internacionalista, antiimperialista y tiene la justicia social como bandera.


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