Rafael Fenoy Rico •  Opinión •  05/02/2026

Alarmas de colores sin sentido común

¿Se dedican a poner colores a la tragedia? En la tertulia de Onda Cero del Campo de Gibraltar, de los jueves, cada vez que ha ocurrido una tragedia producida por el mal tiempo, comentaba un contertulio que antes de los colores está el sentido común.  

A quienes a la política se dedican, que dicen que son los que mandan, les produce pavor tomar decisiones que afecten a quienes de verdad mandan sobre el sistema productivo y, por ende, sobre vidas y haciendas de las gentes trabajadoras. Las leyes les permiten, en caso de emergencias, llegar a parar los desplazamientos de las gentes para conjurar los riesgos que las inclemencias climáticas sin duda conllevan. Vientos de más de 100 km/h. Ramas y troncos de arbolado sometido a un constante vaivén durante semanas, sin descanso. Lluvias torrenciales, sobre lluvias torrenciales, cauces colapsados, de ríos, arroyos, canales,  por masas de agua arremolinadas en las pendientes.

Por otro lado, sabedores de que el conjunto de variables que inciden sobre la causa de un accidente son incontrolables, prefieren hacer correr el riesgo a quienes deben por obligación desplazarse de sus domicilios a conjurar mediante una alerta total para que ninguna persona tenga que abandonar zonas más seguras, si es que las hay. 

Los políticos, en sus respectivas trincheras administrativas, evaden responsabilidades, agachando la cabeza y mirando para otros lados, cuando se les pregunta por qué no activó la alerta total a tiempo. Excusas tras excusas, para no tener que asumir el tomar una decisión que es de “sentido común”. Sí, de sentido común, porque se sabe y se ve cómo sopla el viento, cómo llueve y llueve y, además, se sabe que la acumulación de estos fenómenos acumulándose por días aumenta el riesgo de graves accidentes.  

Bueno está el prevenir, teniendo las redes de saneamiento despejadas, los refuerzos de muros, barrancos, taludes bien mantenidos, las carreteras en buen estado, los desbroces de arboleda y montes realizados y despejados los cauces de ríos, canales y arroyos. Si esto no se hace a su tiempo, mal se anda. Además de la irresponsabilidad de no haber realizado las tareas preventivas, siempre queda tomar decisiones que ayuden a evitar mayores males.  

Los parámetros que las agencias de emergencias públicas utilizan, parecen no contemplar que cuando las incidencias se mantienen a los largo de días, los efectos sobre la naturaleza aumentan exponencialmente. Cuando se producen condiciones climáticas que permiten lanzar una alarma de un color es indispensable partir de las condiciones en las que la naturales, las infraestructuras, las instalaciones… han quedado después del último frente climático soportado.  La evidencia es clara. Por ello no basta con analizar los fenómenos meteorológicos sin contemplar el entorno sobre el que impactarán.  A estas alturas, con lo que ya ha venido ocurriendo,  lo que normalmente se colorea de amarillo, debería pasar a naranja y el naranja a rojo directamente,  toda actividad que obligue a la ciudadanía a desplazarse fuera de su domicilio. 

Y como toda paralización de la vida diaria, la producción, la educación… supone algún daño a la economía, el Estado debe compensarlo de alguna forma. 


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