Javier Caso Iglesias •  Opinión • 04/07/2016

Sobre la consulta a los cuadros, que no a las bases, de Podemos

La noticia del día es la siguiente: «Podemos abre a sus círculos una consulta para conocer los errores que llevaron al fiasco del 26-J»

Maticemos, Podemos no ha anunciado una consulta a sus bases, más bien es una consulta a sus cuadros, pues desde hace tiempo que las bases en Podemos brillan por su ausencia en la organización. Los Círculos son espacios inoperativos que hasta en el mismo seno de Podemos se reconoce así, y los Consejos Ciudadanos se han transformado en reuniones de un grupo de amiguetes.

No conviene olvidar que los Círculos, diseñados como algo ajeno a las Asambleas Ciudadanas, se han mostrado totalmente infuncionales y sin capacidad de fiscalización de la actividad de los miembros de los Consejos Ciudadanos. Es más, ya ni existen verdaderas Asambleas Ciudadanas; pues a las reuniones de los grupos de incondicionales al Secretario General de turno del Consejo Ciudadano no se las puede definir como tal.

Por tanto, difícilmente van a aportar nada los Círculos de Podemos en el conocimiento de los errores que llevaron al fiasco del 26-J; pues la raíz de esos errores comienza ahí, en la inexistencia de verdaderas Asambleas Ciudadanas que guíen la acción de Podemos. Y difícilmente pueden existir verdaderas Asambleas Ciudadanas en un espacio político en dónde la cooperación se ha cambiado por la competición despiadada y dura por lograr canonjías y cargos. Es sabido que en dónde no existe un ambiente amable y con un PH+ siempre se produce acidez.

En Podemos, con el PH, ocurre como en cualquier solución acuosa, este indica el grado de acidez o basicidad. Y es obvio que a menos basicidad (menos bases, menos democracia, menos participación) se genera más acidez, más pejotismo, más lucha por el poder, más quítate tu para ponerme yo, …, o sea, lo que ahora es Podemos, una máquina electoral franquiciada de cuneros y dedazos de mediocres portadores del estandarte del partido.

Los errores que llevaron a Podemos al fiasco del 26-J no son de transversalidad o paralelidad. El paralelismo o transversalismo, sea este subcostal, interespinoso, transpilórico, supracrestal o intertubercular, no es otra cosa que querer coger el rábano por las hojas para evitar abordar el principal problema que padece, desde hace mucho tiempo, Podemos: It’s the democracy, stupid!

En la carta abierta a Pablo Iglesias que le escribí el pasado día 21 de octubre de 2015, titulada «Del sueño a la pesadilla» (http://goo.gl/fhiIWR), le decía que el problema de PODEMOS es que comenzó siendo una metodología de empoderamiento ciudadano y ha terminado siendo un aparato aferrado y reificado en unas siglas. Una maquinaria de guerra electoral instalada en la vieja política de empoderar aparatos y recelar de la ciudadanía.

Como decía en esa carta abierta remitida el pasado día 21 de octubre de 2015, es una pena que Pablo Iglesias y Alberto Garzón no se den cuenta que esta realidad, en la que se hunden los modelos partitocráticos asentados en la poliarquía (lo llaman democracia y no lo es), modelos que cada día representan a menos ciudadanos; no se dan cuenta Pablo Iglesias y Alberto Garzón de que han de ponerse a colaborar en la tarea de inventar formas nuevas de relacionarnos y representarnos asentadas en la democracia participativa e inclusiva, así como en los principios básicos que rigen la cooperación política, esto es, los fundamentados en el acuerdo integrativo (ganar-ganar), frente a la lógica desintegrativa (ganar-perder) de los proyectos asentados en lógicas individualistas. Y es que parece que ni PODEMOS ni IU se han enterado que lo que proponen en sus programas y fijan en su ideario no será posible sin una verdadera revolución democrática que empodere de una forma real a la ciudadanía. Ya no valen las vanguardias del centralismo piramidal de IU, ni los activistas del centralismo «entral transpilórico» de la beautiful people de los CQP de PODEMOS.


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