Federico Rubio Herrero •  Memoria Histórica •  20/01/2026

La guerra soviético-finlandesa (30 de noviembre de 1939-8 de marzo de 1940)

La guerra soviético-finlandesa (30 de noviembre de 1939-8 de marzo de 1940)

A comienzos de 1939, en el Noroeste de la URSS se había agravado mucho la situación a causa de la provocadora y agresiva política de los gobernantes de Finlandia, que soñaban con extender sus dominios hacia el Este y crear la «gran Finlandia» a expensas de territorios de la Unión Soviética. El principal objeto de sus afanes agresivos era Leningrado, poderosísimo centro industrial y cultural, cuya población equivalía en 1939 a toda la de Finlandia. La frontera sovieto-finlandesa en el istmo de Carelia solo estaba a 32 kilómetros de Leningrado, a la distancia de fuego de la artillería pesada. Bajo el tiro de los cañones de largo alcance finlandeses se hallaba también Cronstadt, la base principal de la flota del Báltico. En el istmo de Carelia los gobernantes finlandeses habían creado un sólido sistema de fortificaciones, la llamada línea Mannerheim. Todo el istmo había sido convertido por la camarilla militarista finlandesa en una plaza de armas que le permitía concentrar rápidamente y dislocar con disimulo a una gran agrupación de tropas e intentar, con un súbito golpe la conquista de Leningrado. Además Murmansk, el único puerto de la URSS que no hiela en el Norte, seguía indefenso, ya que la parte de las islas que le protegían por el Oeste pertenecía a Finlandia.

En los momentos en que comenzaba la Segunda Guerra Mundial, a la Unión Soviética no podía dejar de preocuparle la situación en los alrededores de Leningrado. El Gobierno soviético había propuesto con reiteración a Finlandia condiciones aceptables para ambas partes a fin de regular el problema fronterizo. Mas la reacción finlandesa pensaba en otra cosa. Los preparativos militares de Finlandia demostraban con toda claridad que, lejos de querer el arreglo pacífico de las cuestiones litigiosas con la URSS, se orientaba premeditadamente a agravar la situación y desencadenar el choque armado. En noviembre de 1939 se llevó a efecto en Finlandia la movilización general. Unas quince divisiones fueron dislocadas a lo largo de la frontera sovieto-finlandesa. Se llegó al extremo de cañonear el territorio soviético. Todo esto obligó al Gobierno de la URSS a denunciar el 28 de noviembre de 1939, el tratado de no agresión con Finlandia y romper las relaciones diplomáticas con ella. Pero a esto la camarilla militarista finlandesa replicó con nuevas provocaciones en la frontera cercana a Leningrado.

Fue en esa situación cuando el 30 de noviembre, empezaron las operaciones militares entre los ejércitos finlandés y soviético.

Las operaciones militares duraron tres meses y medio. Por la envergadura y el número de tropas, la guerra con Finlandia rebasó los acontecimientos bélicos del Extremo Oriente.

Los combates principales se libraron en el istmo de Carelia. Las tropas soviéticas tuvieron que vencer dificultades extraordinarias. Aquel año el invierno fue riguroso, nevó mucho. Todas las carreteras estaban cubiertas de nieve. Desde diciembre de 1939 hasta comienzos de febrero de 1940, las tropas soviéticas, rompiendo la resistencia del enemigo, avanzaron con gran esfuerzo. Por fin llegaron a la zona principal de la línea Mannerheim. El 11 de febrero, las fuerzas del frente Noroccidental, bajo el mando de S. Timoshenko, se lanzaron a la ofensiva, apoyadas por la flota y la aviación. Los porfiados y continuos combates, que duraron un mes, terminaron con la ruptura de la línea Mannerheim. Las tropas soviéticas ocuparon la ciudad-fortaleza de Viborg. Simultáneamente se desarrollaron operaciones en otros sectores.

La ruptura de la línea Mannerheim y la conquista de Viborg abrieron a las Fuerzas Armadas de la URSS el camino para proseguir la ofensiva por el país, y en particular hacia Helsinki, la capital de Finlandia. En esta situación, el Gobierno de la Unión Soviética mostró una vez más que no abrigaba intención alguna de atentar contra la independencia de Finlandia, y aceptó iniciar el 8 de marzo las negociaciones de paz. Como consecuencia de las mismas, Finlandia tuvo que ceder a la Unión Soviética todas las islas del Golfo, el istmo de Carelia, la mayor parte de la provincia de Viipuri, la zona de Salla, la Península de Ribachi y la Península de Hanko.

El conflicto armado sovieto-finlandés fue acogido con júbilo por toda la reacción internacional. Los fascistas alemanes encubiertamente y los imperialistas occidentales sin ningún tapujo se esforzaron por inflarlo, por convertirlo en una grande y prolongada guerra antisoviética. El tratado de paz con la URSS, concertado por Finlandia, frustró todas estas estas maquinaciones occidentales (hasta el punto, de que el día 12 de diciembre, Francia y Gran Bretaña habían comenzado a enviar material bélico al Gobierno finlandes y miles de voluntarios europeos, principalmente suecos, se aprestaron a luchar por ese Gobierno).

La situación en las fronteras Noroccidentales de la URSS se normalizó. Habían sido creadas las condiciones para una duradera coexistencia pacífica entre la URSS y Finlandia, y si poco después de un año, la paz había de verse alterada de nuevo en la frontera, la culpa de ello recae por entero sobre los reaccionarios finlandeses y sus protectores hitlerianos.

Fuente: VV.AA. Instituto de marxismo-leninismo. Moscú.      


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