Gonzalo Sánchez •  Internacional • 05/11/2017

Top 3i: Golpistas del siglo XXI

Os traemos una nueva entrega de la nueva sección Top 3i, en esta ocasión hablamos de los golpistas del siglo XXI, un mal que aún no nos ha abandonado.

Top 3i: Golpistas del siglo XXI

Mucha gente cree que los golpes de estado son cosa del pasado. Por desgracia no. La burguesía va ganando la lucha de clases porque ha convencido a su enemigo de que no ya no existe ese concepto tan anticuado. Por eso ya nadie trabaja más de 8 horas al día cobrando una gran parte del mísero sueldo en negro y desempeñando labores que no son de su puesto, porque tu jefe es de tu misma clase pero has tenido la mala suerte de que es una mala persona. No es que él tenga un medio de producción y te exprima lo que pueda para obtener él todo el beneficio posible y darte a ti las migajas, ¡qué va!

El problema viene cuando llega al poder un gobierno de izquierdas que legisla para acabar con esa situación. Los recursos naturales y los sectores estratégicos vuelven a manos del estado, las leyes laborales reconocen más derechos a los trabajadores, el despido deja de ser libre y gratuito, se aumenta el salario mínimo y claro, eso a los que van ganando la lucha de clases no sienta bien. ¿Qué hacen entonces? Pues dar un golpe de estado. Y de paso dar rienda suelta al revanchismo típico del fascismo que no sabe respetar las reglas de la democracia cuando el que gana es el otro. ¡Comienza una nueva entrega de Top 3i!

6. Oleksandr Turchínov

Es meritorio cómo el fascismo, cuando acude en ayuda del capitalismo para recuperar -o profundizar- sus privilegios, ha sabido disfrazarse de demócrata para que los medios de comunicación de masas los justifiquen, y los puedan presentar como demócratas que han salvado a su país de la debacle. Antes había que sacar tanques a la calle, bombardear palacios presidenciales y formar un lío que no había manera de lavar la imagen de los golpistas. Ahora no. Ahora compran a unos cuentos diputados, hacen un juicio en el poder legislativo, se inventan una represión que lo justifique todo, hasta el ascenso al poder de alguien que no pasa por las urnas y en unos meses los golpistas organizan elecciones que blanquean todo lo anterior y a seguir.

Víktor Yanúkovich era el presidente de Ucrania elegido en las urnas en 2010. Pero cometió el error de rechazar acercar posiciones a la Unión Europea, tras ver el desastre que se estaba produciendo en varios países como Grecia y España. La Unión Europea quería más control sobre el oleoducto más largo del mundo, del que una gran parte pasa por Ucrania, pero Víktor Yanúkovich más cercano a Rusia, no estaba por la labor. Con ayuda de los nazis ucranianos, que tienen a día de hoy bastante poder institucional en Ucrania, los aliados de la UE en el país del este europeo dieron un golpe de estado, poniendo a Aleksandr Turchínov como dictador temporal hasta la celebración de unas elecciones que lavaron la imagen a golpe y supusieron punto y final de la atención mediática del país.

5. Federico Franco

Fernando Lugo era un obispo adscrito a la Teología de la Liberación que se convirtió en presidente de Paraguay después de ganar las elecciones en 2008. Sin embargo cometió un terrible error que le costó el cargo: quiso hacer cambios profundos y antineoliberales sin tener una organización política detrás que compartiera y lo apoyase en la consecución de sus objetivos. Se presentó apoyándose en partidos del mismo régimen que quería derribar.

Lugo comprobó que cuando quiso transformar sus palabras en hechos, las promesas de quienes dijeron apoyarlo solo para aprovechar su popularidad y conseguir puestos en las instituciones del estado paraguayo, lo traicionaron. Aprovecharon una matanza de campesinos de la que Lugo no fue responsable, como se demostró tiempo después, para iniciar un juicio político contra el ex obispo que ya tenía decida la condena de antemano.

Fue Federico Franco, su vicepresidente, quién lideró el golpe de estado. Desde el principio del mandato de Lugo se encargó de cortarle las alas y echar freno a las aspiraciones de los paraguayos. Su oposición a toda propuesta de carácter progresista era radical, destacando su rechazo a la propuesta de Lugo de hacer gratuitas y de calidad la educación y la enseñanza en todos sus niveles. Al cabo de los años Franco comenzó a conspirar contra el presidente electo, lo que acabó en un golpe de estado que lo convirtió a él en máximo líder del país sudamericano sin pasar por las urnas.

Pese a que Fernando Lugo fue echado del poder dejando una economía sana, con superávit, Federico Franco en apenas un año dejó al país con una deuda de 1000 millones de dólares. Fue acusado de nepotismo por colocar a más de una veintena de sus familiares en diferentes puestos de la administración del estado, aprobó los cultivos transgénicos de Mosanto y durante su etapa como dictador, incrementó su fortuna en un 750%.

4. Pedro Carmona Estanga

Pedro Carmona Estanga fue el primer -y brevísimo- dictador en la historia que no pudo imponerse en el poder frente a la resistencia contra su golpe de estado. No pudo imponerse y echar a Hugo Chávez del poder. El 11 de abril de 2002 un grupo de militares apoyados por EEUU y España, con la cobertura diplomática de la OEA y el silencio cómplice de medios de comunicación de todo el mundo, incluídos los venezolanos, tomaron el palacio presidencial de Miraflores y a punta de pistola exigieron a Chávez que renunciase para tener la justificación jurídica necesaria de cara a la Comunidad Internacional, para evitar que el bolivariano volviera al poder. Con su renuncia podrían decir “Chávez renunció voluntariamente, así que no nos ha quedado más remedio que buscar a un nuevo presidente”, sin embargo a Chávez no le asustaron suficiente las armas de los soldados golpistas y no renunció, lo secuestraron e impusieron en el poder al jefe de la patronal venezolana, Pedro Carmona Estanga, quién desencadenó una ola de violencia en las calles para reprimir a los cientos de miles de ciudadanos que se habían echado a las calles para exigir el regreso de su presidente electo. Hubo varias decenas de muertos como se puede observar en el documental “La Revolución no será televisada”.

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Pedro Carmona Estanga suspendió todas las garantías constitucionales y a todos los poderes legalmente establecidos. Sin embargo, unos soldados fieles a Chávez que se quedaron en Miraflores tras el golpe, se decidieron a tomar el palacio presidencial gracias a la masiva afluencia de chavistas que acudieron al lugar para reclamar la salida de los golpistas y el regreso del presidente constitucional. Los golpistas vieron truncados sus planes. Algunos quedaron apresados por los militares fieles a la democracia mientras que otros, como Pedro Carmona Estanga, pudieron escapar. Hoy el golpista más breve de la historia -47 horas- vive asilado en Colombia y se considera un perseguido político de la dictadura chavista.

3. Al-Sisi

Habrá quién recuerde la llamada «Primavera Árabe«. Una etiqueta que debía servir para identificar a los pueblos del Magreb y Oriente Próximo que se rebelaron contra las dictaduras que los oprimían, pero que al final también sirvió para ocultar las invasiones imperialistas de Estados Unidos y Europa delegadas en grupos de mercenarios que acabaron convirtiéndose en el Estado Islámico. Uno de los pueblos que sí se rebeló contra la ductadura fue el egipcio contra Hosni Mubarak. Después de tomar la calle durante semanas, con la Plaza Tahrir a rebosar, símbolo de la lucha contra la dictadura, Mubarak fue derrocado. Al cabo de los meses se convocaron elecciones libres que ganó Mohamed Morsi, de la organización Hermanos Musulmanes. Y aquí es cuando entra Al-Sisi: golpe de estado.

Pero, ¿por qué? Pues porque Abdulfatah Said Husein Jalil al Sisi era un militar afecto a la dictadura de Mubarak. No en balde logró ascender en la jerarquía militar a Comandante de la Región Militar Norte, formando parte del Consejo Supremo de las Fueras Armadas y líder de la inteligencia egipcia, órgano de represión cruel y violento. Nadie que hubiera puesto en duda la represión de la dictadura hubiera podido llegar a ese puesto. Sin embargo, cuando el pueblo de Egipto se cansó de ser explotado y maltratado por las fuerzas de seguridad del estado, Al-Sisi se puso de su lado. Reconoció como justas sus reivindicaciones de mayor libertad y más derechos y juró proteger a los manifestantes que estaban en las calles pididiendo la salida de Hosni Mubarak. Esa postura le valió para suceder al sangriento Mohamed Hussein Tantawi en el consejo supremo y consiguió ser el ministro de defensa del presidente Mohamed Mursi, quién ganó el cargo en elecciones democráticas libres.

Desde esa posición amenazó al presidente elegido en las urnas con un golpe de estado si no cumplía las reivindicaciones del pueblo. Mursi rechazó la amenaza y se enfrentó a ella aseverando que se quedaría en la presidencia hasta agotar su mandato. Al-Sisi le dio un golpe de estado, prohibió la orgnaización Hermanos Musulmantes -la mayor agrupación política y mejor organizada de Egipto– junto con otras tantas de izquierda y convocó unas elecciones sin observación internacional que ganó él mismo con el 97% de los votos. Tras eso desalojó violentamente las multitudinarias concentraciones que se dieron en todo el país contra el golpe de estado.

2. Roberto Micheletti

En Honduras también había bipartidismo. Se turnaban en el poder el Partido Nacional de Honduras (PN) y el Partido Liberal (PL). Los dos eran (son) neoliberales, pero para que el turnismo funcione uno de los dos debe disfrazarse de izquierdas y acometer alguna reforma estética cuando está en el poder para justificar que existen diferencias. En Honduras ese papel lo interpretaba el PL. El problema para la oligarquía hondureña es que se presentó como candidato del PL un hombre que se creyó el discurso de izquierdas que solo se tenía que usar en campaña electoral. Manuel Zelaya (Mel) quiso mejorar las condiciones de sus ciudadanos una vez que ganó las elecciones. Pretendió que los bancos dieran facilidades con ayuda del estado para alquilar viviendas, quiso aumentar el presupuesto para sanidad y educación y sufragar la gasolina entre otras medidas que los suyos propios rechazaban.

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Con la imposibilidad de llevar a cabo los cambios que quería se unió al ALBA, la organización económica, turística y cultura que crearon Cuba y Venezuela. Pudo así entregar tractores a los campesinos pobres, bajar los precios de los alimentos básicos y mejorar la calidad de la sanidad pública. Pero para Zelaya no era suficiente, por eso propuso que en las elecciones en las que los hondureños iban a escoger nuevo presidente, nuevos disputados y nuevas autoridades municipales (tres urnas, una para cada elección) se pusiera una urna más, «La Cuarta Urna» para que los ciudadanos de ese país centro americano decidieran si querían redactar una nueva constitución que se ajustase a la actualidad.

La oligarquía hondureña se llevó las manos a la cabeza porque en las calles se empezaba a hablar de nacionalizaciones de los sectores estratégicos, del fin de los latifundios, de subir impuestos a los ricos… Así que sin pensárselo mucho, acusaron a Zelaya de querer perpetuarse en el poder «como Hugo Chávez» aunque no se fuera a presentar a esas elecciones, y le dieron un golpe de estado. Roberto Micheletti fue elevado a dictador y desató una represión brutal que acarreó muertos, desaparecidos y torturados. Además se cerraron medios de comunicación que denunciaban los crímenes golpistas.

1. Michel Temer

Si en sudamérica hay alguien que ha llegado a la presidencia sin que nadie le votase y además está intentando retrasar las elecciones presidenciales para mantenerse en el poder, es Michel Temer. Raro que con ese atentado a la democracia no se hable mucho de él. Quizá es porque sus reformas laborales y privatizaciones le han venido muy bien a las empresas dueñas de los medios de comunicación que informan sobre él. Quién sabe. Lo que sí sabemos es que le dio un golpe de estado a Dilma Rousseff, quién fue elegida democráticamente en unas elecciones libres y con observadores internacionales.

El golpe a Rousseff se desencadenó porque la presidenta de Brasil se opuso a tres cuestiones fundamentales. No quiso apoyar la desestabilización en Venezuela con el fin de dar un golpe a Nicolás Maduro, no quiso ejecutar una reforma laboral neoliberal que acabaría con millones de empleos fijos y los cambiaría por trabajo temporal ni tampoco quiso iniciar una ola de privatizaciones en los sectores estratégicos y recursos naturales brasileños.

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Michel Temer sí estaba dispuesto a eso e incluso a quitar la protección sobre una importante parte del Amazonas, así que los golpistas tras el juicio sumarísimo a Rousseff lo auparon al poder. Desde ahí Temer ha atacado a Venezuela, ha aplicado una reforma laboral muy lesiva para los trabajadores, ha privatizado aeropuertos, la electricidad y hasta parte del amazonas. Se está portando muy bien, tanto que aunque quiera seguir en el poder más años sin convocar elecciones los medios de comunicación lo tratan como demócrata.

Gonzalo Sánchez. Twitter: @ProtestFor36


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