Kepa Arbizu •  Cultura •  12/04/2021

“Josep”, Aurel. Trazos contra el horror

El dibujante francés Aurel, tras descubrir la dura historia del pintor catalán Josep Bartolí (1910-1995), militante antifranquista que como muchos otros fue encerrado en campos de reclusión en su huida al país galo, plasma su duro periplo en esta película de animación.

“Josep”, Aurel. Trazos contra el horror

Puede que el hostil recibimiento que las autoridades francesas “obsequiaron” a los miles de refugiados españoles republicanos que huían de las fauces del franquismo no sea uno de los episodios de la historia ni más recordado ni más retratado por el arte, si hacemos excepción del cómic, que si le ha dedicado un espacio significativo. Una falta de notoriedad que no impide sin embargo recalcar el ominoso papel que el país vecino ejerció, dispensando a tantos y tantos sufridores de la barbarie fascista un status de enemigo y perpetuando sus penurias entre campos de reclusión improvisados. El lema de libertad, igualdad y fraternidad se convirtió de la noche a la mañana para un número ingente de personas en un alambre de espinos que les volvía a marcar bajo la condición de forajidos. Así, entre humillaciones, maltratos y el desprecio generalizado, cruzar la frontera supuso la continuación del sufrimiento, teniendo que luchar al otro lado de los Pirineos por encontrar un mínimo alimento que llevarse a la boca e intentar que la mañana siguiente no fuera la última de sus vidas.

Uno de los muchos casos que conoció ambos horrores tenía por nombre Josep Bartolí, activista político y pintor, entre otras ocupaciones. Fue precisamente el descubrimiento de la existencia de su historia -que le llevó a estar recluso en varios campos de concentración y a efectuar otras cuantas fugas- lo que le impulsó al dibujante galo Aurélien Froment, “Aurel”, en compañía del guionista Jean-Louis Milesi, a plasmar esa dura experiencia en esta película de animación títulada “Josep”, y que tras pasar por las salas de cine y cosechar diferentes reconocimientos ha llegado recientemente a la plataforma online Filmin.

No es casualidad, y resulta a su vez un pleno acierto, que los hechos recogidos en la cinta sean dados a conocer por medio de la conversación que tiene un ya moribundo gendarme, que vivió en primera persona tales episodios, con su joven nieto. Se pone el énfasis de esta manera en la necesidad de dar a conocer de generación en generación la verdadera historia, tejiendo un relato oral con el que plantar cara a la hegemonía de aquellos que pretenden dictarla según sus intereses particulares. Será por lo tanto Serge, que así se llama dicho oficial, quien ocupe un papel determinante, primero en su condición de relator y también en la de vigilante que, frente a la fiereza y el desprecio que exhiben de forma convencida muchos de sus colegas, alberga la duda a la hora de acatar fielmente una situación injusta e inhumana, lo que le granjeará no pocos conflictos con sus compañeros.

Pero no hay que olvidar que el protagonismo de la película recae en Josep, figura que pese a no ser tratada con el detallismo que podría significar un biopic al uso, sí que su representación se basa en buena parte de lo sufrido en sus carnes y sobre todo en los dibujos que realizaría durante su cautiverio, una obra que con el paso del tiempo, y es algo que igualmente queda recogido en el film, conseguiría ser publicada, alcanzando de hecho una alta consideración artística. Aunque es igualmente cierto que a la hora de referirse a los aspectos ideológicos concretos del autor estos quedan diluidos (obviando por ejemplo su pertenencia activa en el POUM) frente a un sentido más humanista y de confraternización, sí que existe una certera reproducción tanto de su pasión por el lápiz y el papel como de su historia romántica basada en la añoranza surgida por su novia ausente. El amor y el arte representados no solo como asidero para la supervivencia frente al terror cotidiano sino como motores de la esperanza y la superación.

La manera formal en la que Aurel afronta el reto de poner en la pantalla todas esas vivencias adoptará un tipo de animación que lejos de buscar la agilidad y el ritmo realista priorizará trasladar una sensación más evocadora que se asemeja a la de estar pasando páginas de papel. Unas imágenes que conjugarán el dibujo de línea clara, aunque debidamente difuminado para resaltar ese sentimiento más nostálgico, con los propios bocetos realizados por Bartolí, definidos estos por unos trazos en blanco y negro y con un aspecto más tenebroso. Una dicotomía cromática que será incluso objeto de reflexión durante el metraje a través de las consideraciones expuestas por una Frida Kahlo, quien acabaría siendo amiga y amante del protagonista, que representada casi con un halo de hada madrina reivindica la variedad de colores como fuente de superación del miedo y mecanismo para poder alcanzar una representación más completa de la vida.

A lo largo de poco más de una hora asistimos a un recorrido que alcanza prácticamente todo el periplo existencial de Josep, una de esas personas anónimas, a pesar de la notoriedad que alcanzaría en el futuro, contra las que la historia parece haberse conjurado para enseñarle las consecuencias de lo que significa el fascismo. Porque este término no se circunscribe ni a unas fronteras ni a una época determinada, sino a la actitud con la que se afronta el trato al extranjero, al perseguido, en definitiva, al diferente. Tal y como queda expuesto en uno de los momentos de esta emocionante película, los bellos ideales necesitan de bellas personas para alcanzar sus metas, sin eso, cualquier lugar del mundo en cualquier momento corre el riesgo de poder convertirse en un campo de concentración para alguien.


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