Federico Rubio Herrero •  Memoria Histórica •  28/01/2020

Masacre campesina en Yeste (Crónica del 29 de mayo de 1936)

La localidad de Yeste (Albacete) contaba a comienzos de los años treinta con más de diez mil habitantes, si bien la mayoría de la población vivía diseminada en las pequeñas aldeas, caseríos y cortijos de este extenso y montañoso municipio. Una de esas aldeas es La Graya.

Masacre campesina en Yeste (Crónica del 29 de mayo de 1936)
La economía local se sustentaba esencialmente en la agricultura y la explotación forestal. No obstante, la construcción del embalse de la Fuensanta redujo la superficie de cultivo del municipio e impidió la conducción de maderas por los Ríos Segura y Tus, sin que se construyeran los caminos prometidos para el transporte alternativo de la madera ni se pusieran en regadío las hectáreas prometidas. La Mancomunidad Hidrografica del Segura, dominada por los intereses murcianos «saboteaba cuanto tendiese a establecer aprovechamientos en la provincia de Albacete.
 
Lo anterior, sumado a la alta concentración de la tierra cultivable ya de por sí escasa, y a la Ley de Terminos Municipales que dificultaba la contratación de los jornaleros de Yeste en otros municipios, agravó el malestar de los habitantes del municipio tras la finalización de las obras del pantano en Julio de 1933. En ese mismo mes los propietarios de los montes aislados por el embalse se negaron a pagar impuestos, la autoridad municipal dimitió, los obreros declararon una huelga el 22 de julio y los más exaltados cortaron la línea telefónica y se plantearon volar las compuertas del pantano con dinamita sustraída de las obras.
 
Las sucesivas crisis de los distintos gobiernos republicanos habían pospuesto la búsqueda de soluciones para la problemática social de Yeste. En este contexto, al que cabe añadir el resquemor de las clases populares del municipio por la presunta malversación de las tierras comunales que habían acometido los caciques locales décadas atrás, se produjeron los dramáticos sucesos del día de hoy.
 
Todo comenzó cuando ayer, un grupo de jornaleros en paro de la pedanía de La Graya, acompañados de sus mujeres e hijos habían talado árboles para hacer carbón y luego habían empezado a arar el suelo en la finca de La Umbria. Antiguamente tierra comunal, La Umbria pertenece al cacique más poderoso de la zona, Antonio Alfaro, que hizo ir a 22 guardias civiles.
 
Alfaro envió a la Guardia Civil contra los campesinos. La mayoría de los aldeanos huyeron, pero seis se quedaron. Después de golpearle, los agentes los llevaron a La Graya, donde prosiguieron los malos tratos. En la madrugada de hoy, una multitud de trabajadores de las pedanía vecinas se reunieron y, cuando se procedía al traslado de los prisioneros al pueblo de Yeste, los siguieron para impedir que se aplicara la Ley de Fugas. La multitud creció y al llegar a Yeste, se acordó que los prisioneros fueran puestos en libertad bajo la custodia del alcalde.
 
«Cuando la multitud avanzó para dar la bienvenida a los liberados, uno de los agentes se dejó llevar por el pánico y disparó un tiro. Acto seguido, en la desbandada consiguiente, murió un Guardia Civil a consecuencia de diversas puñaladas que le infringió la muchedumbre; sus compañeros abrieron fuego sobre los lugareños y persiguieron luego a los campesinos que escaparon hacia las montañas, matando a un total de 18 personas, entre ellas el teniente de alcalde  e hirieron a muchas más.» Ante el temor de que los guardias civiles volvieran y quemaran La Graya, los aldeanos se refugiaron en las pedanías de los alrededores. Cincuenta miembros de FNTT, Federacion Nacional de Trabajadores de la Tierra, fueron arrestados entre ellos German Gonzalez, el alcalde socialista de Yeste.
 
Fuente: Federico Rubio Herrero («Cronologia mundial durante el Gobierno del Frente Popular, febrero-julio 1936»). Pags. 96 y 97.

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