Eduardo Montagut Contreras •  Memoria Histórica •  23/02/2017

La obediencia en el ideario educativo franquista

Desde pequeños los españoles deben acostumbrarse a obedecer, sabia máxima para mantener una dictadura. Así podemos leer en H.S.R., Así quiero ser, el niño del Nuevo Estado, año 1944:

«Los españoles tenemos la obligación de acostumbrarnos a la santa obediencia. Nada de murmuraciones, de reservas, de discusiones. ¿Nos manda quien sabe y quien puede? ¡A cumplir fielmente lo mandado! Esta debe ser nuestra consigna. ¿Y quien juzga al que tiene el máximo poder? Dios y la Historia. A Uno y otra dará cuenta. Lo demás no es de nuestra incumbencia»

Fijémonos en varios aspectos:

1. El español debe acostumbrarse a obedecer. El franquismo estableció la idea, que se resiste a desaparecer hoy en día, que los españoles eran levantiscos, desorganizados y tendentes a luchar entre sí. De ahí la consigna de que había que obedecer a quien sabía y podía hacerlo.

2. En el país habría un máximo poder al que obedecer, en última instancia. Ese poder no debía dar cuenta a los ciudadanos o a ninguna institución humana sino a Dios y a la Historia. Nadie podía exigir responsabilidades al jefe supremo, es decir, a Franco. Los españoles debían aprender esto desde la más tierna infancia.

«Todos los flechas nos proponemos seguir ciegamente las consignas que se nos dan, ser fieles a ellas, obedecer las jerarquías, amar a Dios y a nuestra Patria hasta llegar al sacrificio, si es preciso, en defensa de los ideales proclamados por los buenos españoles durante la Cruzada de Liberación»

(«Lectura en Acción», Editorial Magisterio Español)

En una sola frase se condensan muchas ideas de la época:

1. Obediencia sin reservas, obediencia ciega, nada de cuestionamientos, de petición de explicaciones, de debate. Los flechas obedecen a sus mandos sin rechistar. Es importante enseñar a los chicos esta máxima no sólo para que funcione la Falange, sino para que la dictadura pueda desarrollarse sin problemas de ningún tipo. El perfecto flecha se hará, en un futuro próximo, en el perfecto y buen ciudadano obediente y respetuoso con el poder.

2. El flecha debe dar la vida por Dios y por la Patria. La consigna es terrible: se trata de niños.

3. Los grandes ideales fueron proclamados, de nuevo, por los buenos españoles, ya que, como bien sabemos, hay malos españoles.

4. La guerra fue una cruzada de liberación. El lenguaje militar y religioso se entremezcla.

«El Caudillo manda, organiza, resuelve, y todos los españoles obedecen»

(H.S.R., «Así quiero ser, el niño del Nuevo Estado», 1944)

Verdad sin discusión. Se trata de una máxima contundente para remarcar la necesidad clara de la obediencia, desde pequeños.

 


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