Fital •  Lucía Barrios / Sputnik •  Memoria Histórica • 13/06/2020

La Guerra de la Triple Alianza: una herida que sigue abierta para Paraguay

A pesar de que un siglo y medio nos separa de la finalización de uno de los conflictos más sanguinarios del continente, la Guerra de la Triple Alianza sigue estando presente en el imaginario colectivo paraguayo.

La Guerra de la Triple Alianza: una herida que sigue abierta para Paraguay

El tiempo no hace que las personas y las naciones lo olviden todo. El conflicto más sangriento de América del Sur, la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), es un recuerdo permanente para el pueblo paraguayo, y su simbolismo e importancia siguen vivos en sus calles, canciones, billetes y conmemoraciones.

Tampoco lo han podido olvidar sus gobernantes. Ante cualquier problema o discrepancia que surja en el Mercado Común del Sur (Mercosur), el recuerdo de la pérdida de más de 90 por ciento de la población masculina paraguaya vuelve a relucir en las relaciones que tiene ese país con Argentina, Brasil y Uruguay, sus socios del bloque regional.

El 1 de marzo se cumplieron 150 años del fin esta guerra, que sigue presente en las relaciones de esos cuatro países. El conflicto militar se desarrolló entre una coalición formada por el Imperio del Brasil, Uruguay, y Argentina, quienes se aliaron en su lucha contra Paraguay. «Los paraguayos tenemos una herida abierta por la guerra y es algo que permanentemente se ha visto en momentos de crisis recientes. Siempre que hay problemas en el Mercosur se habla sobre la triple alianza o cuando hay negociaciones de interés para el país siempre hay alusión a ese conflicto. La guerra está en nuestra calle, en nuestro billete, en nuestras conmemoraciones y en la construcción de la nación paraguaya», dijo a Sputnik el historiador y miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas, Herid Caballero.

Por su parte, el historiador y docente uruguayo, Alejandro Giménez, dijo a esta agencia que esta guerra es una «piedra en el zapato» y una «acción vergonzosa» para Uruguay. «Algunos han definido a esta guerra como una piedra en el zapato para Uruguay: sigue siendo una acción vergonzosa, porque los intereses que tenía el país no eran los mismos que los de Brasil y Argentina desde el punto de vista limítrofe, empezando porque no limitamos con Paraguay. Distintos gobiernos posteriores entregaron los trofeos de guerra. Hubo una especie de lavar culpas, pero sigue siendo una mancha en la diplomacia uruguaya», reflexionó.

La guerra terminó en 1870 con la derrota de Paraguay, que conllevó también a un desastre demográfico: el país perdió entre 50 y 85 por ciento de su población y quizá más de 90 por ciento de su población masculina adulta. Además, Paraguay perdió gran parte de los territorios que tenía todavía en disputa diplomática con Brasil, alrededor de 334.126 kilómetros cuadrados, y fue condenado a pagar una abultada indemnización de guerra, si bien el pago se fue atrasando a través de diferentes gobiernos de posguerra y no se llegó a efectuar en su totalidad.

El motivo del conflicto

Giménez afirmó que Paraguay había desarrollado un modelo autónomo con respecto a los otros que se impusieron en América, los cuales habían quedado sometidos a los intereses de los ingleses. «Esta diferencia de modelos no caía bien a Brasil y Argentina. En el caso de Argentina, había un motivo para la confrontación con Paraguay, porque si salía derrotado eliminaba el apoyo que daba este país a los federales, que se enfrentaban al Gobierno unitario porteño», explicó el historiador uruguayo, autor de varios libros, entre ellos «Por mi honor. Vida de los presidentes de la República», «Breve historia de Montevideo», «La Pasión Laica», e «Ilustrados y Valientes».

Mientras tanto, Brasil tenía problemas de límites con los guaraníes y pretendía tener una salida para la región de Mato Grosso. Asimismo, el docente uruguayo afirmó que el imperio británico, que estaba en plena revolución industrial, observaba a América del Sur como el lugar ideal para colocar materias primas. Sin embargo, para Giménez, la influencia inglesa en esta guerra nunca fue probada.

Por su parte, Caballero negó que Inglaterra haya influido en la guerra, y puso como ejemplo el hecho de que las relaciones entre ambos países fueron mucho más amplias antes del conflicto. «Creo que lo más relevante aquí son los intereses de las élites de Río de Janeiro, Buenos Aires y Montevideo, como por ejemplo el tránsito que pretendía Brasil hasta Mato Grosso, que era fundamental para su desarrollo, o la política bonaerense de impuestos y derechos aduaneros», señaló el especialista.

Trofeos de guerra

Uruguay fue el primer país en devolverle los trofeos de guerra a Paraguay. En 1885, el entonces presidente Máximo Santos se encargó del simbólico acto, así como de la condonación de su deuda de guerra. El 16 de agosto de 1954, el presidente argentino Juan Domingo Perón, entregó los trofeos de guerra al país vecino.

Sin embargo, en el caso de Brasil, hace diez años se empezaron algunas negociaciones, que después se vieron interrumpidas, para que ese país devuelva el llamado «cañón cristiano», que hasta hoy en día es un trofeo de guerra, dijo Caballero. El célebre gran cañón defensivo lleva ese nombre dado que fue forjado con el bronce de varias de las campanas de las iglesias católicas paraguayas. «A diferencia de Uruguay y Argentina, Brasil sigue en el debe. Las relaciones entre Paraguay y Brasil siempre han sido tensas, mientras que con Uruguay siempre han sido cercanas», expresó el historiador.

Hasta el presente, Brasil jamás ha devuelto los varios trofeos de guerra que obtuvo en Paraguay, ni lo que queda de los archivos militares, entre otros objetos y bienes en general que saqueó durante el infame conflicto armado que desangró a Paraguay y dejó una marca indeleble en su memoria histórica.


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