CCOO: «hacia la huelga general»
La convocatoria, registrada en el Ministerio de Trabajo, une a CCOO, UGT, CGT, CNT, CO.BAS, la Unión de Actores y Actrices y el Sindicato de Inquilinas bajo el lema «Salarios, vivienda, precios». La patronal CEOE anuncia que estudia impugnarla por considerarla «electoral».… Hace días su arumento era diferente, la consideró «política».
«Salarios, vivienda, precios»: este es el lema de la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre. Javier Pacheco, secretario de Acción Sindical de CCOO, y Lucho Palazzo, secretario general de FSC-CCOO, hablan sobre esta gran movilización para poner freno a la precariedad, desbloquear la negociación colectiva, exigir salarios dignos y abordar una emergencia que ahoga a millones de personas: el acceso a una vivienda digna frente a la especulación.

Salarios, vivienda y precios: la huelga general del 11N toma forma con un frente sindical amplio
La maquinaria de la que será la primera huelga general de la legislatura ya está en marcha. A menos de un mes de su celebración, los sindicatos convocantes han registrado formalmente en el Ministerio de Trabajo el paro de 24 horas previsto para el próximo 11 de noviembre. La cita, que nació al calor de las movilizaciones por la crisis habitacional, ha mutado en una protesta de amplio espectro que entrelaza la emergencia de la vivienda con la pérdida de poder adquisitivo y el bloqueo de la negociación colectiva.
El lema escogido, «Salarios, vivienda, precios», resume la hoja de ruta de un frente sindical inusualmente amplio. Junto a los mayoritarios CCOO y UGT, la convocatoria ha sido suscrita por CGT, CNT, la Confederación Intersindical, CO.BAS, la Unión de Actores y Actrices y el Sindicato de Inquilinas, la organización que ha canalizado el descontento social en las calles y que, si bien no puede convocar paros laborales, sí ha sido el motor de la protesta ciudadana.
La brecha entre los precios y las nóminas
El eje económico de la protesta se sostiene sobre una evidencia que los sindicatos llevan meses denunciando: la incapacidad de los salarios para seguir el ritmo de la inflación. Según los datos manejados por CCOO, la inflación se situó en el 4,9% en septiembre, mientras que los salarios apenas avanzan de media un 3,05% . Esta diferencia, lejos de ser un dato coyuntural, está erosionando la capacidad de las familias para afrontar gastos esenciales.
Javier Pacheco, secretario de Acción Sindical de CCOO, ha sido tajante al respecto: las medidas aprobadas por el Gobierno mediante reales decretos han amortiguado el golpe, pero «no han evitado que la inflación se coma los incrementos salariales de la gran mayoría de personas trabajadoras» . La demanda sindical pasa por forzar a las empresas a pactar subidas en los convenios colectivos de entre el 4% y el 7%, y por exigir al Ejecutivo un incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de al menos el 7%, lo que situaría la retribución mínima en torno a los 18.290 euros anuales .
La vivienda como detonante
Si hay un factor que ha precipitado la convocatoria, ese es la vivienda. El encarecimiento sostenido de los alquileres y la compraventa ha dejado de ser un problema sectorial para convertirse en la principal preocupación de la clase trabajadora. Desde CCOO subrayan que las nóminas no pueden absorber un incremento del 12% en los precios de la vivienda, una tendencia que se mantiene durante los últimos trimestres .
El secretario general de CCOO, Unai Sordo, ha vinculado directamente la subida salarial con el acceso a la vivienda: «Una parte importante de las subidas salariales acaba absorbida por el encarecimiento de la vivienda» . Por ello, la convocatoria no solo reclama mejoras retributivas, sino también políticas públicas que garanticen un parque de vivienda asequible. La propuesta sindical pasa por impulsar la construcción de más de un millón y medio de viviendas de alquiler asequible en la próxima década, una medida que consideran imprescindible para romper la dinámica especulativa.
El pulso con la patronal
La convocatoria no ha estado exenta de tensión. La CEOE y Cepyme han calificado la huelga de «difícilmente justificable» y han insinuado que la convocatoria responde a motivos políticos, coincidiendo con el calendario electoral. El presidente de la patronal, Antonio Garamendi, ha llegado a calificarla de «huelga electoral», unas declaraciones que han sido recibidas con indignación por parte de los convocantes .
Desde CGT, Maurici Victory ha replicado que la protesta «no es una huelga electoral, es una enmienda a la totalidad de unas políticas que han empobrecido a la clase trabajadora» . La dirección de CCOO también ha rechazado la acusación, recordando que la convocatoria «ya estaba sobre la mesa» antes de que se anunciara la convocatoria de elecciones generales .
La patronal tiene ahora en su mano la posibilidad de impugnar la convocatoria ante la justicia, amparándose en el Real Decreto-ley de Relaciones de Trabajo, que prohíbe las huelgas por motivos políticos. Los servicios jurídicos de CEOE analizan el escrito registrado para decidir si dan ese paso, una decisión que podría judicializar las semanas previas al 11N.
Un frente sindical y social sin precedentes recientes
Más allá de las siglas sindicales tradicionales, la huelga del 11N ha conseguido aglutinar a actores sociales que rara vez coinciden en una convocatoria de estas características. La presencia del Sindicato de Inquilinas en la mesa de convocantes es un síntoma de cómo la crisis de la vivienda ha reconfigurado el mapa de la protesta social en España.
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ya ha expresado su respaldo explícito a la convocatoria, vinculando la emergencia habitacional española con un fenómeno que afecta a toda la Unión Europea. En su declaración, la CES señaló que el caso de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada tras una subida del alquiler del 230%, «refleja la raíz misma de la emergencia habitacional» y llamó a los trabajadores europeos a mostrar su solidaridad con la movilización española .
Con el registro oficial ya formalizado, los sindicatos afrontan ahora la fase decisiva: la organización de los servicios mínimos, la campaña en los centros de trabajo y la movilización de una base social que, por primera vez en años, parece haber encontrado un punto de convergencia entre las reivindicaciones laborales clásicas y las nuevas demandas sociales. El 11 de noviembre se medirá no solo la fuerza de la protesta, sino también la capacidad de los convocantes para sostener un discurso unitario frente a las acusaciones de politicismo.
