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asociacionismo obrero

Inicios del asociacionismo obrero en España

Además de las acciones del ludismo y la lucha por las mejoras salariales, los obreros españoles comenzaron también a movilizarse por el reconocimiento del derecho de asociación en los años treinta del siglo XIX. Al calor de los cambios de signo aparentemente progresista que traía la promulgación de la Constitución de 1837, los obreros de Barcelona solicitaron al gobernador permiso para poder asociarse, junto con la petición de que interviniese para conseguir un aumento salarial. La Comisión de Fábricas se opuso a ambas pretensiones.

La prohibición del asociacionismo obrero: la Ley Le Chapelier

Las revoluciones políticas liberal-burguesas abolieron las cargas feudales a las que estaban sometidos los campesinos y las ordenanzas gremiales de los artesanos. Además, el liberalismo económico no sólo terminó con esas trabas o regulaciones económicas sino que estableció la libre contratación y la prohibición de que existieran organizaciones que agruparan a los trabajadores. Las contrataciones y relaciones laborales se debían establecer de forma individual entre el patrono y el trabajador, según las leyes del mercado de la oferta y la demanda de trabajo.

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