El 52% de los estadounidenses cree que Donald Trump ordenó ataques contra Irán para desviar la atención del caso Epstein
- Así lo revela una encuesta reciente elaborada por Data for Progress que añade que poco más de la mitad de los ciudadanos sospecha de las motivaciones políticas reales tras la agresión militar contra Irán. Un dato en crecimiento conforme se incremente el ya escandaloso gasto bélico y la censura manifiesta de buena parte de los archivos de Jeffrey Epstein.
- La encuesta, realizada por Data for Progress para Drop Site y Zeteo se recogió entre el 6 al 8 de marzo de 2026 presenta un panel web ponderado con margen de error de ±3 puntos.
- Redes sociales en EE.UU. convierten estos días la construcción infantil en clave que Trump le dio a la guerra, Operación Furia Épica, en «Operación Furia Epstein».

La guerra con Irán ha abierto una nueva crisis política en Estados Unidos que se acumula sobre escándalos anteriores a escala nacional e internacional por parte del Gabinete Trump, pero no ha logrado eclipsar del todo el caso de los archivos destapados sobre las actividades de Jeffrey Epstein y la élite político-económica de Estados Unidos y otros países. Más bien al contrario: una encuesta reciente muestra que buena parte de la opinión pública conecta directamente ambos asuntos.
Un sondeo de Data for Progress sitúa en el 52% el porcentaje de estadounidenses que cree que el presidente Donald Trump lanzó la ofensiva militar para desviar la atención sobre las revelaciones del caso Epstein y sus posibles consecuencias.
No se trata de una percepción marginal. Según el mismo estudio, aproximadamente uno de cada cuatro votantes republicanos comparte esa idea y el porcentaje sube hasta dos tercios entre los menores de 45 años. Además, la guerra contra Irán desatada junto a Israel es ampliamente impopular: un 55% la rechaza y un 56% cree que se alargará en el tiempo.

La desconfianza del pueblo estadounidense no surge de forma espontánea, sino que acumula meses de cuestionamiento sobre la gestión de los documentos vinculados a Epstein, que el propio Trump prometió hacer públicos de forma íntegra, promesa que con toda evidencia no ha cumplido.
La desclasificación se considera parcial, tardía y controvertida. El Departamento de Justicia liberó millones de páginas, pero -para empezar- incumplió plazos legales y dejó fuera una parte significativa del material, lo que lleva tiempo suscitando críticas desde el Partido Demócrata pero también de diversos sectores del Partido Republicano.
Este malestar se acumula con los resultados de otras encuestas de opinión que dejan claro que la mayoría de los estadounidenses opina que el Gobierno actual está ocultando información. Así, de un sondeo de Reuters/Ipsos se desprende que el 69% de los estadounidenses sostiene que se están encubriendo detalles del caso, mientras que otros estudios sitúan en torno a la mitad a quienes creen directamente que existe un encubrimiento político.
La creencia de que Trump intenta desviar la atención de Epstein de los titulares declarando la guerra a Irán es, como era de esperar, más extendida entre los demócratas, quienes coinciden con esta afirmación por un margen de 81 a 14. Para los menores de 45 años, se trata casi de una convicción absoluta, con una mayoría del 66% frente al 26% que apoya la idea. Sin embargo, incluso una cuarta parte de los republicanos declaró a los encuestadores que Trump inició la guerra para distraer la atención del caso Epstein.
Political candidates who back the war with Iran risk electoral backlash, according to the survey by Drop Site and Zeteo conducted by Data for Progress. pic.twitter.com/qZj6A34v8S
— Drop Site (@DropSiteNews) March 11, 2026
Los candidatos políticos que apoyan la guerra con Irán corren el riesgo de sufrir una reacción electoral negativa, según la encuesta realizada por Drop Site y Zeteo por Data for Progress.
Israel First
Además, en la encuesta se pregunta si se cree que Trump da prioridad a los intereses israelíes sobre los estadounidenses, a lo que el 75% de los votantes Demócratas considera que «sí», al igual que el 17% de los Republicanos y la mitad de los independientes o no claramente posicionados con uno de los dos partidos.
La tendencia general es una caída drástica del apoyo a Israel entre los demócratas, especialmente tras el genocidio contra Gaza, con una mayoría que ahora desaprueba las acciones israelíes, mientras que los republicanos se mantienen mayoritariamente pro-Israel.
Esta creencia, cuya tendencia aumenta en la opinión pública, se traslada como factor determinante en las recientes declaraciones de los potenciales socios de Estados Unidos. Dirigentes europeos y de «Occidente» en general han dado la espalda a sus pretensiones tras el ruego trumpista en Ormuz. Así, a la frase «esta no es nuestra guerra, nosotros no la empezamos«, podría añadirse esta otra que emana del insconsciente colectivo: la inició Israel.
Demolición controlada, o cómo se han ido publicando los archivos
La forma en que se han publicado los documentos ha alimentado aún más la polémica. El propio Gobierno de EE.UU. ha reconocido que buena parte del material al que hay acceso fue censurado o editado, y para ello alegó protección de las víctimas. Sin embargo, muchos de los nombres y datos de estas son visibles, lo que ha provocado diversas denuncias hasta la fecha.
Además, tanto legisladores como analistas y diversos usuarios que estudian el contenido de los archivos han denunciado que:
- Se han difundido documentos con páginas enteras tachadas o en negro.
- La publicación se ha hecho de forma fragmentada, pese a una ley que exigía transparencia total.
- Algunos archivos sensibles desaparecieron temporalmente o se retiraron definitivamente.
- Investigadores independientes han mostrado que ciertas partes censuradas podían recuperarse, lo que ha puesto en duda los criterios utilizados.
Así, el argumento de que se trataba de proteger a víctimas es poco creíble mientras gana peso la creencia de que se trata de controlar el alcance político de turbias revelaciones que van más allá de la pedofilia y los abusos sexuales o violaciones a niños/as.
El creciente gasto militar aumenta la indignación de la opinión pública
En paralelo, la agresión unilateral de EE.UU. e Israel contra Irán ha supuesto ya un coste económico considerable. Las primeras estimaciones apuntan a que Estados Unidos ha gastado más de 21.000 millones de dólares en solo 15 días, tras un arranque en el que el Pentágono quemó más de 11 mil millones durante los seis primeros días.
El despliegue incluye tanto ataques a infraestructuras estratégicas y una fuerte presencia militar en el Golfo, en una guerra iniciada el 28 de septiembre junto a su aliado israelí sin aval del Congreso. Las evidencias de que se han atacado objetivos civiles -el caso más doloroso la atrocidad contra una escuela de Primaria en el Sur de Irán, en la ciudad de Minab– abren una nueva causa contra el Gobierno Trump. Un desgaste que crece conforme se difunde que el ataque se realizó con misiles Tomahawk, unos misiles que solo posee el ejército de EE.UU. y sus aliados más íntimos, y que probablemente fue intencionado.
Dos crisis que se retroalimentan pero ¿Podrían hacer caer a Trump tras su previsible derrota en las elecciones de medio mandato?
Pero la clave no está solo en la guerra ni en Epstein, sino en cómo la opinión cruza uno y otro asunto y en cómo el gabinete Trump se salta toda la legislación internacional o cualquier atisbo de respeto a los Derechos Humanos en ambas cuestiones. Aunque la guerra ha supuesto un cambio brusco en la atención mediática, cuyo ojo cambia bruscamente de dirección hacia Oriente Medio, el hecho de que una parte significativa de la sociedad estadounidense no confíe en la versión oficial e interprete que la guerra es una vez más, una cortina de humo respecto al escándalo Epstein, no genera un contexto de cierre de la crisis política en torno a la dirigencia pedófila en EE.UU. sino que más bien lo amplía.
Si -como vaticinan otras muchas encuestas- Trump pierde las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026, y la mayoría de la Cámara es dominada por el partido Demócrata, esta podría iniciar investigaciones o procedimientos de destitución. Sin embargo, es bastante complicada su destitución porque se necesitarían mayorías amplias no solo en el Congreso de EE.UU., sino también en el Senado. Investing.com ha recogido opiniones de Paul Ashworth, economista jefe para América del Norte de Capital Economics, en las que mantiene que Trump se ha apoyado principalmente en acciones ejecutivas en lugar de legislación del Congreso para avanzar en sus prioridades de inmigración, comercio y política exterior. Como resultado, incluso una toma de control demócrata de la Cámara «haría poco para frenar o revertir la agenda de Trump», dado que la mayoría de las iniciativas clave no han dependido del Congreso. Y añade que incluso en el improbable caso de que los demócratas obtuvieran el control de ambas cámaras, las barreras estructurales seguirían limitando su capacidad para bloquear al presidente. Los demócratas seguirían estando muy por debajo de los 60 escaños necesarios para superar el filibusterismo, así como de las mayorías de dos tercios necesarias en ambas cámaras para anular los vetos presidenciales.
Es complicada -pues- la caída de Trump de la presidencia, pero el probable empeoramiento de la situación económica a escala nacional o global podría precipitar nuevos factores que ayudasen a darle un empujoncito.
Y entrando de lleno en el terreno de la pura especulación, aunque no existen encuestas ni porcentajes, es célebre en discusiones públicas y privadas la teoría que señala amenazas o chantajes a Trump a partir de documentación del caso Epstein en manos del Mosad… Una conjetura que no se sostiene aún sobre prueba o evidencia alguna.
