Crece presencia militar de EE. UU. en Paraguay, Guatemala y Panamá
EE.UU. amplió su presencia en Paraguay, Guatemala y Panamá mediante despliegues militares destinados a fortalecer capacidades operativas.

El 2026 inició con un mayor despliegue militar de Estados Unidos en América Latina, profundizando su presencia en países como Paraguay, Guatemala y Panamá bajo el argumento de cooperación en seguridad.
Un avión C-17 de la Fuerza Aérea estadounidense arribó a Paraguay con armamento y municiones para el entrenamiento del Batallón Conjunto de Fuerzas Especiales.
La operación se enmarca en el Programa de Respuestas a Crisis y Contingencias, bajo la supervisión de instructores del 7° Grupo de Fuerzas Especiales de EE. UU.
Estados Unidos tiene alrededor de 750 bases militares distribuidas en más de 80 países extranjeros y los expertos aseguran que la cifra real puede ser aún mayor pues el Pentágono no publica todos los datos.
— Al Mayadeen Español (@almayadeen_es) April 28, 2025
Ante la falta de cifras oficiales, los disimiles reportes coinciden en… pic.twitter.com/JXNlXnfBLy
Según autoridades militares, esta capacitación da continuidad a un ciclo de instrucción iniciado en 2025 y cuenta con autorización formal del Congreso Nacional.
En Guatemala, dos aeronaves C-17 Globemaster III aterrizaron con equipo táctico y ayuda humanitaria, en respuesta a una invitación del Gobierno local.
Dichas naves ya habían sido utilizadas en el país para apoyo logístico en visitas diplomáticas y programas de asistencia.
Aunque oficialmente se plantea como apoyo frente al narcotráfico, la presencia del Comando Sur (Southcom) fortalece la injerencia estadounidense bajo el pretexto de cooperación.
Panamá recibió a un contingente de 50 infantes de marina estadounidenses para instrucción conjunta en la Escuela de Selva y bases navales locales.
De acuerdo con el Ministerio de Seguridad Pública, el objetivo es el intercambio de conocimientos en tácticas de supervivencia y operaciones en entornos específicos.
Sin embargo, este tipo de programas consolidan la presencia militar extranjera en territorios estratégicos del continente.
Estos movimientos se inscriben en una política más amplia de Washington, que busca reforzar su influencia en América Latina mediante la expansión de programas militares y de seguridad.
Para sectores críticos, la narrativa de “cooperación” encubre un proceso de militarización que limita la soberanía regional y coloca a los ejércitos latinoamericanos bajo la tutela de Estados Unidos.
