Emilio Estévez / Resumen Latinoamericano •  Internacional • 11/08/2020

Evo Morales apunta que la caída de Añez postergaría aún más los comicios y «el retorno a la democracia»

El ex presidente Evo Morales se encuentra en una gran encrucijada, ya que por un lado visualiza que el levantamiento popular que cuenta con seguidores del MAS pero también con una importante cuota de autoconvocados, ha radicalizado sus consignas. En efecto, ya no se escucha tanto en los bloqueos de campesinos, mineros y jóvenes motorizados la exigencia de «elecciones el 6/9» sino la otra que reclama «la renuncia inmediata de Añez».

Evo Morales apunta que la caída de Añez postergaría aún más los comicios y «el retorno a la democracia»

Sin duda, el hartago de las bases combativas bolivianas con el desgobierno dictatorial y su criminal actuación frente al Covid-19, junto con la dura crisis económica que soportan los sectores más humildes, ha generado un aumento y endurecimiento de la lucha.

Otro factor determinante es la fuerte aparición en escena de Felipe Quispe «El Mallku», legendario luchador contra los gobiernos capitalistas y represores de la época anterior a que entrara en el Palacio del Quemado el líder del MAS.

«El Mallku» se ha encargado de recorrer pacientemente los principales puntos de bloqueo de las distintas provincias para transmitir la idea de que la lucha para que caiga el gobierno es impostergable. Con tono didáctico y arropado por múltiples seguidores, Quispe va destruyendo uno a uno los argumentos de la dictadura y se encarga de denunciar a Añez y su gabinete por «corruptos e ineptos». «Esto se acabó, ya no podemos esperar más, hay que acorralarlos a ella y ese payaso de Murillo hasta que caigan», dice entre aplausos y gritos de «Qué renuncien, qué renuncien».

Frente a este panorama, Evo habla desde el exilio apela a otro tono. Usando el twitter señala: ‘Los dirigentes y las bases sociales movilizados deben optar responsablemente entre la renuncia de Áñez, que postergará aún más nuestro retorno a la democracia, o elecciones prontas con la garantía de las Naciones Unidas’. Dice esto, en el mismo momento en que el gobierno de facto presentó una nueva denuncia contra él por «genocidio» y «terrorismo», al sostener que es responsable de las movilizaciones y los bloqueos.

Por alguna razón poco entendible por todo lo ocurrido, el ex mandatario confía otra vez en el auxilio que le pudieran prestar instituciones muy ligadas al imperio, como son las propias Naciones Unidas, que en la respuesta que las masas estuvieran dispuestas a conseguir en las calles. Vale recordar que en ocasión de las elecciones que le fueron arrebatadas, se equivocó -a pesar de que muchos se lo advirtieron- en convocar a los Judas de la OEA e incluso confiar en los cantos de sirena de su secretario general Almagro.

También, en los primeros días del golpe militar-cívico fascista Evo ordenó parar los bloqueos en el momento más álgido, cuando el desabastecimiento ya habia llegado a las grandes ciudades, con la excusa de que había que evitar una masacre. Sin embargo, luego que se desmovilizaron los campesinos y cocaleros, se produjeron ataques criminales que dejaron numerosos muertos en El Alto, en Sacaba y en Sencata.

La dictadura está débil pero no hay que olvidar que es sostenida desde Washington y otros enclaves imperiales. Sus jerarcas no cejarán en la idea de continuar, con Añez o sin ella. Tienen a su favor en el plano local, y ya los están usando, a militares, policías y las bandas paramilitares cruceñistas y de la juventud kochala. Todos ellos, por estas horas, han comenzado a militarizar el conflicto y prometen meter bala en los bloqueos. Los graves incidentes en Samaipata donde quedaron varios pobladores heridos son un ejemplo que puede repetirse.

De allí que esta cierta «desconexión» entre quien sigue siendo reconocido como líder y el camino de lucha que vienen efectivizando las bases bolivianas movilizadas no es bueno para fortalecer la idea de derrocar a quienes tanto mal le están produciendo al pueblo. De todas maneras la verdadera batalla se librará en suelo boliviano, donde muchos desconfían que la dictadura esté decidida a abandonar el gobierno por la vía electoral, por más votos que se acumulen. De allí, que se hace imprescindible pegar el oído a las voces que llegan desde los bloqueos, donde la radicalidad campa a sus anchas. Allí y no en otro escenario está naciendo las nuevas jefaturas populares que en un futuro cercano pudieran trazar un camino que no solo derrote a las dictaduras sino también a los atajos ambíguos y confusos del reformismo.


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