Agencias •  Memoria Histórica •  02/01/2026

A 67 años del Triunfo de la Revolución Cubana

El primero de enero de 1959, Cuba se convirtió en el parteaguas de la historia universal. Su voz digna se dejó escuchar hasta el último rincón del mundo.

A 67 años del Triunfo de la Revolución Cubana

En la mañana del jueves primero de enero de 1959 la radio informó la huida del dictador Fulgencio Batista. Los comentaristas de radio y televisión empiezaron a ofrecer inusuales transmisiones. El pueblo se lanzó a las calles en toda Cuba; la gente se abrazó. Repicaron las campanas. Flamearon banderas.

A las 2:30 de la madrugada, el tirano abandonó el país. Tres aviones cargados despegaron con destino a la República Dominicana. Comenzaba así en Cuba el acontecimiento político y social de mayor trascendencia en la historia de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX.

Se abría una nueva etapa para la región, marcada por el impulso de los movimientos de liberación nacional y el cuestionamiento a la hegemonía de los Estados Unidos.

Para que no escamotearan, el líder Fidel Castro convocó a la Huelga General Revolucionaria desde Palma Soriano, a través de Radio Rebelde, con la que sintonizaron otras emisoras.

Ordenó a los jefes del ejército de barbudos proseguir la ofensiva hasta la rendición de los militares, e instaurar en las instancias de Gobierno del país las fuerzas revolucionarias.

En La Habana, los prisioneros del Castillo del Príncipe se amotinaron, mientras los estudiantes se concentraban en la Colina Universitaria.

La radio reiteraba el mensaje: “Revolución, sí. Golpe militar, no. Huelga general. No tocar un solo establecimiento ni asaltar una sola casa; el pueblo debe confiar en la justicia revolucionaria”.

Desde entonces, Cuba se convirtió en el parteaguas de la historia universal. Su voz digna se dejó escuchar hasta el último rincón del mundo, anunció que el destino manifiesto puede ser trastocado de raíz; que son posibles las reformas agraria y urbana, que se puede destruir el aparato militar de la dominación burguesa, acabar con el analfabetismo, construir una democracia con el pueblo armado y organizado, y recobrar la soberanía.

Resulta imprescindible reconocer el papel desempeñado por Fidel Castro, siempre coherente con la ética y los principios martianos.

El comandante se consolidó como un líder cuya acción revolucionaria se sustentó en un profundo conocimiento de la realidad nacional. Esa visión quedó expresada en el programa-alegato presentado ante sus jueces, conocido como La historia me absolverá.

La experiencia cubana obliga a un análisis riguroso de las condiciones objetivas y subjetivas: la existencia de una base social sólida dispuesta a transformar el país, la continuidad histórica de las luchas populares, el conocimiento profundo de los problemas esenciales de los distintos sectores sociales y, sobre todo, la unidad de acción de las fuerzas democráticas y revolucionarias.

Con una permanente movilización y protagonismo del pueblo cubano –en sintonía con una dirigencia sensible y unida–, esta revolución tuvo la habilidad de resistir por décadas al poder imperialista, que pretendió someterla por las vías militares abiertas y encubiertas, y por medio de un criminal bloqueo presente hasta hoy.


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