La Tienda Republicana

Pedro Sánchez, ¿vasallo del imperialismo yanqui?

Es triste, es preocupante y es indignante que los partidos de la derecha clásica estatal asuman sin desmelenarse el discurso de la nueva extrema derecha. Pero no es raro. El PP fue fundado por un ministro de Franco y ha representado la única posibilidad de voto útil para muchos nostálgicos de la dictadura. Casado está intentando refundar el partido devolviéndolo a sus esencias carpetovetónicas. Y no es por casualidad. Sabe muy bien lo que hace. Lleva toda la vida viviendo de los designios de Génova y conoce bien el percal. Por su parte, la histeria españolista de Ciudadanos encaja como anillo al dedo con el patriotismo de “charanga y pandereta” que tanto gusta en los ambientes ultras. Desde luego, la prensa extranjera tiene claro dónde situar a la formación naranja, y no es precisamente en el centro del tablero. O sea que el conocido como “trifachito” no es otra cosa que una especie de “santísima (es un decir) trinidad” compuesta por tres personas electorales y una sola naturaleza política. De hecho, este mismo domingo se manifiestan juntos, “prietas las filas”, por la cosa esa del relator…

Tampoco vemos nada raro, la verdad, en que García Page ande por ahí disputando el voto a las huestes reconquistadoras de Abascal. El actual presidente de Castilla-La Mancha creció en el regazo populista y beaturrón de José Bono. Ha mamado su regionalcatolicismo. No se pierde ni una misa ni una procesión. Y no se ensarta en el cogote una peineta porque los del PP le llamarían copiota. No nos extraña, por lo tanto, escucharlo defender la caza y los toros como si en ello le fuese la vida, aunque nunca habríamos imaginado que la calentura le llegara al punto de pretender crear un canal exclusivo de televisión para cada una de estas actividades. Es flipante, pero, bueno, es Page… En el fondo, nada nuevo bajo el sol de mojigatería y paletismo con que ha gobernado esta región durante los últimos años.

Ahora bien, lo que nos tiene últimamente algo desconcertados es la deriva de Pedro Sánchez. No es que esperásemos mucho. Todo el mundo sabe que era el candidato del aparato en las primarias de 2014. “No vale, pero nos vale”, parece que dijo Susana Díaz. O sea que… Pero, en fin, recuperó la secretaría general con un discurso netamente de izquierdas. Parecía que de su mano el PSOE podía reorientar el rumbo hacia sus propios principios y reencontrarse consigo mismo… Por eso nos cuesta mucho entender que el gobierno de Pedro Sánchez se comporte como la extrema derecha europea en materia de inmigración. Nos parece alucinante, por decirlo de alguna manera, que la administración prohíba zarpar a los barcos de rescate Aita Mari y Open Arms. Según el contador de esta última organización son ya en torno a 350 las personas ahogadas en el Mediterráneo por denegación de auxilio. El mismo Salvini, uno de los gobernantes más inhumanos de los últimos tiempos, ha felicitado a Pedro Sánchez por bloquear estas embarcaciones.

Y tampoco entendemos que Pedro Sánchez se haya echado en brazos de Donald Trump para desestabilizar Venezuela y situarla al borde de la guerra civil. Cada vez que EEUU ha intervenido en otro país ha sido para provocar una tragedia. ¿Está realmente nuestro presidente preocupado por la situación de los derechos humanos y la democracia en el mundo? Entonces, ¿por qué le sigue vendiendo armas a un estado totalitario como Arabia Saudí? ¿Cuánto tiempo le va a conceder al rey Salmán para que deje de masacrar a la población del Yemen? ¿Cuándo va a lanzar un ultimátum al gobierno de Israel para que cumpla con las resoluciones de la ONU y libere los territorios ocupados? ¿Cuándo va a reconocer la legítima autoridad del Frente Polisario en el Sáhara Occidental? ¡Se nos ocurren tantas posibilidades! ¿Qué plazo le impondrá a Donald Trump para que cierre Guantánamo, respete los derechos de los migrantes o desmantele las bases estadounidenses en territorio español? Le damos ocho días a Pedro Sánchez para actuar. Si no lo hace, pensaremos que no es más que un cínico, un pusilánime y un vulgar vasallo más del imperialismo yanqui.
 

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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