La Tienda Republicana

Ana, ¿tú también?

 
  • No, no, noooooooooooo.
Jose Mari despertó gritando, bañado en sudor, con el palpitante corazón haciendo temblar su tableta abdominal y el bigotillo empapado de babas.
  • ¿Qué pasa, Jose?- preguntó sobresaltada su Ana.- ¿Qué pasa? ¿Es otra vez esa pesadilla de los comunistas rompiendo España y comiéndose a los niños?
Jose Mari la miró con ojos de locura.
  • No, mi botellita, mi Ana, no… esta vez era otra cosa… esta vez eras… tú.
  • ¿Yo?- dijo ella abriendo mucho los ojos.
  • Sí, tú. Ha sido horrible. ¡Qué extraño! He soñado que un tribunal te condenada por haber vendido pisos públicos a unos buitres. Te condenaba como ya han condenado a todos ellos, a todos los que vinieron a la boda de nuestra hija en El Escorial y que se han empeñado en manchar el apellido Aznar.
  • ¿No me digas? Qué tontería de sueño. Menos mal que desde el día de los Santos Inocentes no te dejo ver la tele, ni hablar con los Vox, ni con ese chico nuevo que has puesto en el PP, ni nada de nada. Aislamiento total en este chalet construido en pleno parque natural protegido. Un remanso de paz.
  • Pero Ana, parecía muy real. El juez decía que tú, Ana Botella, como alcaldesa de Madrid, habías dañado deliberadamente las arcas públicas. Condenada, imagínate, qué vergüenza, la primera mujer de un presidente de España y la primera alcaldesa de Madrid condenada. ¿Qué voy a decir yo ahora cuando vaya a los foros de economía y política a impartir mi doctrina sobre cómo la extrema derecha salvará a España y al mundo?
  • Tonterías, eso se te ha ocurrido porque eres muy buena persona, y como es navidad y los socialistas la quieren destruir, te habrás acordado caritativamente de toda esa pobre gentuza a la que le dimos 2.956 viviendas de VPO en alquiler que luego vendimos a fondos buitre por debajo de coste, haciéndole perder dinero al ayuntamiento, para que después esas multinacionales extranjeras les subieran el precio del alquiler hasta ahogarlos… en fin, ya sabes, como tú siempre defiendes, el mercado es el mercado, los poderosos ganan porque son más listos y tienen pocos escrúpulos y nosotros les ayudamos desde el gobierno… y los débiles, con perdón, se joden. Eso es lo que tú dices en tus charlas, ¿no? Y, aún así, les dimos una casa a esa gente miserable que ahora nos ha denunciado.
Aznar la miró con ojos alucinados.
  • No-contestó ella-no te preocupes, la casa no se la dimos en el barrio de Salamanca, que ahí afearían mucho nuestras calles y nuestras tiendas de lujo. Las casas están por ahí, por el fin del mundo, más allá de Vallecas y eso… esa gente nunca va a la Plaza Mayor a tomarse un café con leche… qué pena que se nos fastidiara el negocio de los Juegos Olímpicos de Madrid, que ahí hubiera habido también tajada para nuestros amigos, como con la Fórmula 1 y la visita del Santo Padre a Valencia, amén.
  • Sí, sí, ahora recuerdo-comenzó a susurrar Jose Mari.- Sí, yo era presidente y con la Ley del Suelo inicié la fiebre inmobiliaria que terminó en una tremenda crisis económica, y muchas familias se jodieron, a miles las desahuciaron, algunos se suicidaron, millones se endeudaron y miles de nuestros amigos se hicieron millonarios, cada vez más ricos, como en los grandes países que eran nuestros aliados, Estados Unidos y Gran Bretaña, con los que invadimos Iraq.
  • Eso, eso es, venga, tranquilízate-le dijo Ana secándole el bigotito.
  • Sí-contestó él mirándola a los ojos-pero dime una cosa, entonces, ¿es mentira que un tribunal te haya condenado?
  • ¡Huy, pero qué tonto eres!-replicó ella sonriente.- Pues claro que es mentira, es todo mentira. Lo que sí estoy pensando es que cabe la posibilidad de que, alguna vez, algún juez comunista quiera procesarme y condenarme y multarme con un porrón de millones de euros… y estoy pensando que le digas a Casado que nos rebaje los impuestos a los ricos, para poder pagar la multa, solo por si acaso…
  • Vale-contestó Aznar, cayendo rendido en la cama-, mañana lo llamo y le digo que los rebaje un 25% a las familias con las rentas más altas.
  • Vale-suspiró Aznar, ya medio dormido-y le diré a Abascal que, cuando sea presidente, indulte a todos los invitados de la boda... también a la madre de la novia.
Y, a la séptima barbaridad, Aznar descansó y roncó.
 

 

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