Gran Bretaña. May sobrevive… por el momento

17/12/2018


Puede que haya ganado el voto de confianza, pero el Reino Unido se enfrenta a una crisis constitucional en toda regla.

El voto de confianza del miércoles fue siempre un escenario previsto. Sin embargo, 117 a 200 es un margen estrecho, demasiado estrecho, sobre todo si tenemos en cuenta cuántos parlamentarios conservadores están en nómina. De hecho, la mayoría de los diputados ya no la apoyan. Tal vez la moción de censura patrocinada por el Grupo Europeo de Investigación fue tácticamente prematura. De cualquier manera, el Brexit se está convirtiendo rápidamente en una crisis constitucional en toda regla. Ya se habla de una especie de gobierno de unidad nacional.

Una cosa segura es que Theresa May no sobrevivirá mucho más tiempo como primera ministra. Ya la semana pasada, los periódicos serios resonaban con el sonido áspero del afilar de cuchillos. En todo el Parlamento de Westminster y más allá, el alboroto era inconfundible, y un parlamentario anónimo tras otro filtraban a sus periodistas favoritos su estado de animo. El Partido Laborista estaba preparando una coalición de partidos parlamentarios y diputados para convertir la derrota inevitable del 11 de diciembre sobre el Pacto del Brexit de Theresa May en un voto de confianza. Tan inevitable que la derrota de sus principales rivales se convirtió casi abiertamente en un alarde de sus ambiciones de liderazgo.

No es de extrañar, por tanto, que frenara en seco. El 10 de diciembre, con gritos de burla, May anunció que la votación no tendría lugar – sin molestarse, por una vez, de salvar la cara. Y admitió, con un toque de subestimación sosa, que, en su forma actual, el proyecto de ley habría caído “por un margen significativo”. Los rumores eran que el gobierno habría sufrido una derrota de tres cifras: una calamidad para recordar en los anales parlamentarios británicos.

May se escurrió lejos de sus verdugos, una vez más. Sin embargo, no se puede negar que esta manera de evitar la derrota es una derrota en sí misma. Por detrás de la habitual táctica de puntuar en los Comunes, se detectó una débil nota de profunda frustración de la gente que seguramente quieren acabar de una vez por todas con esta situación. Pero no May, que viajó a Europa una vez más para obtener concesiones (y encontrarse de nuevo con una negativa frontal). Achicharrada por el diablo parlamentario, quiere remar de nuevo en el profundo mar azul de Europa.

Debemos plantear la cuestión de para qué esta farsa. Jeremy Corbyn acertó sin duda a la hora de preguntar por qué los parlamentarios deben esperar otro mes, para que May vuelva con el mismo paquete sobre el Brexit, y voten en contra. “Traer de vuelta el mismo acuerdo fallido”, dijo, “no va a cambiar sus defectos fundamentales ni las objeciones profundamente arraigadas de la oposición”.  Y, si la derrota de nuevo es inevitable según sus portavoces que tanto han sufrido, ¿La pospondrá May una vez más?

Teatro y cine

La imagen que tenemos de May en este momento es familiar en las películas de acción, cuando un héroe valiente se sacrifica para salvar a los demás protagonistas – luchando con valor y desesperación ante las circunstancias, hasta que poco a poco son dominados. May ha derrotado a la ERG, pero tiene 99 problemas, posiblemente más, y Jacob Rees-Mogg solo es uno de ellos. No puede luchar contra todos a la vez.

Su única ventaja es que ‘todo el mundo a la vez’ tampoco puede luchar contra ella. La coalición que los Laboristas deberían supuestamente improvisar para desalojarla el pasado fin de semana se extendía desde la propia dirección de izquierda del partido hasta los fanáticos protestantes del Partido de la Unión Democrática del Ulster. Una alianza tan barroca no puede ponerse de acuerdo en nada, salvo que el gobierno debe caer – una declaración que, francamente, también afectaría a uno Laborista. Podemos regodearnos en nuestro escepticismo cuando los líderes europeos nos dicen que el acuerdo de May es el único imaginable sobre la mesa. Que, por supuesto, lo renegociarían en beneficio de las principales potencias de la Unión Europea. Sin embargo, es muy cierto que en este momento el acuerdo de May es el único en la mesa (o era, hasta que May lo retiró de nuevo). Gran parte de sus pataletas parecen buscar cómo torcer el brazo de sus enemigos. Puede que funcione con un fantasioso degenerada como Rees-Mogg, por supuesto, pero para los políticos más encallecidos solo puede rechazar el cebo.

El resultado es aún más dilaciones. Ahora parece que la idea es someternos a un pequeño teatro. Ya había algo surrealista en que los ministros del gabinete se pasearan por los medios de comunicación para afirmar que la votación tendría lugar solo un par de horas antes de que se pospusiera: Pero la indignidad se extendió más allá, cuando BuzzFeed News reveló que, aparentemente, los funcionarios de la UE habían conocido un día antes que May tenía previsto cancelar la votación y volver a la mesa de negociación. Lo más cercano a un avance de May ha sido conseguir un borrador de acuerdo sobre la frontera con Irlanda; pero según los eurócratas amigos del diputado laborista Stephen Doughty este pequeño pedazo de jerga legal se redactó hace semanas.

El resultado final, como era presumible, ha sido una sesión de prestidigitación a ambos lados del Canal de la Mancha, en el que aparentemente May habría conseguido arrebatar a varios líderes europeos algunas concesiones significativas, sin cambiar nada en la realidad. Tal truco podría haber bastado para obtener al menos un respetable derrota – muchos parlamentarios conservadores están tan preocupados por cómo explicar la situación a sus indignados electores como por las cuestiones de fondo. Pero parece que los europeos han renunciado a la idea: de ahí las filtraciones, y el desfile de próceres de la UE – de Jean-Claude Juncker, a Angela Merkel – negándose a cualquier renegociación del acuerdo adoptado por la UE 27.

Volver al comienzo

Por lo tanto estamos de vuelta al punto de partida, y francamente May debería al menos ahorrar al tesoro público los gastos de viaje. Ha sobrevivido por ahora, los laboristas no van al final a presentar una moción de censura, creyendo que la iban a perder, con John McDonnell acusando a los nacionalistas escoceses de provocar, al insistir en que se siguiera adelante con ella. La situación general es como una película irremediablemente aburrida y de la que solo cabe esperar el desenlace; los personajes simplemente no parecen ser capaces de nada, aunque debamos asumir que algo ocurrirá de repente. Y, a pesar de la crisis de autoridad en el centro, todavía existen una amplia gama de opciones disponibles para la clase dominante británica y sus lugartenientes. Pero ninguna de ellas implica que Theresa May continue en el 10 de Downing Street. De hecho, May ha asegurado a los escépticos que no dirigirá a los conservadores en las elecciones generales de 2022 (pero es evidente que habrá desaparecido mucho antes).

El acuerdo de May al menos cuenta con el apoyo – aunque reacio – de los representantes ‘oficiales’ del capital británico, la Confederación de la Industria Británica (CBI) y similares. Parecen convencidos de que es la única alternativa a un Brexit duro desastroso. Pero si no tiene una mayoría en el Parlamento, de poco le sirve a la CBI. Quienes quieren permanecer en la UE continúan su cruzada por un segundo referéndum: un objetivo mendaz que apenas disfraza su deseo real de abortar el Brexit por completo. Pero tampoco hay una mayoría en el actual Parlamento para ello. En resumen: alguien tiene que convocar la consulta. Ese alguien es el gobierno. Y este gobierno no lo hará.

Así que ¿qué gobierno lo hará? Se ha planteado a menudo el espectro de un gobierno de unidad nacional, y esta es otra ocasión para denunciarlo. La aritmética parlamentaria sin duda podría estirarse para unir a Dominic Grieve con Keir Starmer, David Cameron, con Ed Miliband, en una coalición heroica para salvar a Gran Bretaña del desastre. De hecho, el ex secretario de educación Tory, Nicky Morgan, propuso un “gobierno de unidad nacional” el 11 de diciembre. Una vez que haya un gobierno de este tipo, sin embargo, ¿para qué molestarse con el referéndum?

A pesar de diferencias superficiales, la propuesta de John McDonnell de que se permita al Laborismo formar un gobierno minoritario es en realidad una propuesta de este tipo de gobierno de unidad nacional, ya que sólo se podría formar gracias a un acuerdo de confianza y apoyo transversal. Es decir, la variante más extravagante de unidad nacional. ¿Es posible imaginar que el DUP ofrezca ese apoyo a Corbyn y a McDonnell, con su pasado de relación con los republicanos irlandeses? ¿Lo apoyarían suficientes diputados conservadores?

Tácticamente, Corbyn y McDonnell probablemente aciertan al aplazar por el momento una moción de censura. Solo necesitan recordar el ejemplo de un cierto Rees-Mogg para comprender que el manejo de los tiempos es una cuestión muy importante. Sin embargo, cuando decidan llegado su momento, no podrán estar tan seguros de que serán los beneficiados. Este es un momento de intensa crisis, y resulta que el sistema político burgués británico responde de manera casi tan efectiva como la red de transportes cuando nieva de repente. El peor resultado posible para el sistema es un gobierno Corbyn; el segundo, un Brexit duro. Y la izquierda podría considerar una moratoria en su acoso y derribo de Theresa May hasta el momento en que cuente con un plan para hacer frente a la batalla sin cuartel que se produciría a continuación.

Paul demarty es filósofo y analista político, es miembro del comité de redacción del semanario Weekly Worker, cercano a la corriente Labour Party Marxists.

Fuente: https://weeklyworker.co.uk/worker/1231/may-survives-for-the-moment/

Traducción: Enrique García

Sin Permiso

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación