Cosas de trogloditas

13/12/2018
Latinoamérica nunca había estado tan unida e integrada como cuando Argentina y Brasil dejaron de ser rivales para ser aliados, de mano de Lula y Néstor, Cristina y Dilma. Con el fortalecimiento y el ensanchamiento del Mercosur, con la fundación de Unasur y su Consejo Sudamericano de Defensa, con la fundación de Celac, cuando por primera vez América Latina y el Caribe pasaban a tener una entidad suya, sin EEUU y Canadá, nunca Washington había estado tan aislado del continente. Sus apuestas fracasaban, una tras otra: México, Perú, Colombia, Chile.

El retorno de la derecha a los gobiernos de Argentina y Brasil  representa no solo el final de esa etapa como la destrucción de esos dos países como economías en expansión, como gobiernos con apoyo popular, como naciones con políticas externas soberanas. Ningún regalo mejor para Trump y su política de retorno a la Guerra Fría.

De economías que habían recuperado su capacidad de crecimiento, de gobiernos que habían priorizado las políticas sociales de distribución de renta, de presidentes liderando procesos de integración regional, hemos pasado a gobiernos que privilegian el ajuste fiscal, intensificando la recesión económica, cortando recursos de las políticas sociales y acentuando las dinámicas de exclusión social, gobiernos que vuelven a gobernar para pocos, a políticas externas de sometimiento absoluto a los intereses de EEUU.

Un militar brasileño, jefe del Ejército, que había hecho amenazas en vísperas del fallo del Supremo Tribunal Federal por el hábeas corpus de Lula, aclaró que si no hubiera hecho esa declaración la situación “se habría salido de control”. Es decir, Lula libre, candidato y presidente de Brasil significaría que los militares perderían el control de la situación en el país. Tan simple como eso. De ahí que, el proceso arbitrario contra Lula, sin ninguna prueba, la cobardía judicial que impidió que el precepto de la presunción de inocencia para Lula tenga vigencia, han permitido su condena y prisión. Eso abrió el camino a la victoria electoral de un candidato de extrema derecha, mediante una trampa jurídica e internáutica.

La semana pasada el reingreso de Brasil en la guerra fría tuvo dos nuevos episodios. Uno fue el nombramiento de un troglodita como ministro de relaciones exteriores, alguien que dice que Brasil tiene que salir de la globalización definida como instrumento del marxismo cultural, que los problemas climáticos son invenciones que favorecen a China, que Dios tiene que salvar a Brasil. El otro, el fin del programa Más Médicos, que tenía alrededor de ocho mil médicos cubanos atendiendo en mas de dos mil ciudades brasileñas y a docenas de millones de personas que no tenían atención médica. El argumento del presidente electo de Brasil fue que estaba liberando a los médicos cubanos de la esclavitud.

En Argentina se intenta avanzar en la misma dirección: conforme se consolida el nombre de Cristina como favorita para ganar las presidenciales del próximo ano, se intensifica la persecución jurídica y política. Intentan reproducir lo que hicieron con Lula e intentan hacer con Rafael Correa y Jaime Petro.

Todo como regalo para Trump, que logra restablecer puentes en el continente, en Argentina, en Brasil, en Chile, en Ecuador, mientras pierde los lazos carnales con México. Cuanto más cercanas a Washington, mas miserables nuestras sociedades, mas sin soberanía ni líderes populares, mas represión a nuestros lideres y movimientos populares.

La lucha en Latinoamérica pasa necesariamente por la defensa de los principales líderes políticos del continente, como parte de la resistencia democrática contra de los regímenes de excepción instalados en varios países del continente. Son ellos los que pueden volver a gobernar nuestros países con legitimidad y gran apoyo popular, son los que pueden hacer que nuestras economías vuelvan a crecer con distribución de renta, que pueden recuperar nuestra soberanía. Son ellos los que pueden liderar nuestros países y nuestros pueblos en la lucha por sus derechos avasallados y por nuestra democracia profundamente amenazada.  

Emir Sader es Sociólogo y politólogo brasileño.

Fuente: Página 12

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación