Cuba.- EEUU.- Elecciones libres en Cuba...organizadas por Estados Unidos

Uno de los aspectos que ha señalado el señor Trump en relación con Cuba, para poder mejorar las relaciones entre ambos países, es precisamente que en nuestra patria se efectúen elecciones libres.

Evidentemente, el inquilino de la Casa Blanca y sus seguidores, consideran que el sistema electoral vigente en Cuba no tiene la características para poder determinar que el mismo ofrece iguales posibilidades a todos los ciudadanos para ser nominados a los distintos cargos que serán electos y sobre todo, para que ejerzan el derecho al voto los ciudadanos que ha cumplido la edad  correspondiente.

¿Qué sucedería si Estados Unidos tuvieran la oportunidad  de organizar unas elecciones en Cuba?

Para poder evaluar esa posibilidad, iremos a la historia. Esa que el señor Trump  desconoce totalmente.

Las primeras elecciones que se efectuaron en Cuba después de terminado el dominio de España sobre la Isla, fueron organizadas por Estados Unidos. Veamos cómo se organizó todo para que estas elecciones tuvieran los requisitos de unas “elecciones libres” y que el gobernante fuera una persona, que sin duda alguna, representara el sentir del pueblo cubano.

Este artículo de la MSc Latvia Gaspe Álvarez, historiadora y  especialista en la historia  de los municipios de Cuba, autora del libro “La Colonia en los cimientos de la República 1899-1908”, nos muestra las raíces de las “elecciones libres” al estilo estadounidense.

Una lección de democracia electoral que dio Estados Unidos a Cuba.[i][i]

MSc. Latvia Gaspe Álvarez

Estados Unidos desde su primera intervención a Cuba, en 1899,  hizo evidente el carácter utilitario y arbitrario que concede a lo que ellos denominan “elecciones libres”, base fundamental del sistema que también caprichosamente denominan como “democracia representativa”, que predica como ejemplar para el mundo.

A principios del siglo XX, una vez que decidieron ensayar en nuestro territorio una nueva forma de dominio colonial, realizaron varios procesos electorales municipales que demostraron la  voluntad imperial de que sólo una exigua parte de la población del país, fuera la que participara en la selección de los integrantes del estado neocolonial[ii][ii]y que los puestos más importantes de este,  quedaran en manos de los sectores más conservadores de la burguesía cubana, que habían apoyado su injerencia.

En un momento en que el país, ocupado militarmente por el ejército foráneo, no contaba con instituciones civiles para enfrentar el proceso de montaje del estado republicano, las elecciones municipales se convirtieron en el  eslabón primordial para articular la cadena político-electoral. En ellas se  definieron los primeros funcionarios cubanos, llamados a presidir, organizar y velar por el buen desarrollo de los restantes procesos electivos previstos en el período, como fueron: la selección de los delegados que debían elaborar la Constitución de 1901,  definir las relaciones que debían existir entre Cuba y Estados Unidos  y  la elección directa o indirecta, una vez  aprobada la Carta Magna, de las autoridades de los otros aparatos  del  gobierno, que incluían al propio presidente de la República.

Es por ello, que en los dos procesos electorales municipales que se realizaron en este período,  fue donde el interventor estadounidense puso en práctica los mecanismos jurídicos para restringir la participación popular y garantizar la inclusión en la vida política del país de los elementos conservadores que tenían pocas posibilidades de triunfo y que oficialmente distinguió con el  calificativo de  “minoría”.

Las primeras elecciones de funcionarios municipales se efectuaron en junio de 1900 y fueron reguladas por la Orden Militar No.164 de 18 de abril de 1900[iii][iii]. Un prestigioso investigador de este período contaba, que a pesar de que el propio gobernador militar, Leonardo Wood, nombró  una comisión para establecer los requisitos de esta justa electoral[iv][iv], en las decisiones finales ignoró abiertamente la opinión de la mayoría de los comisionados que abogaba por que se  pusiera en práctica en Cuba el Sufragio Universal[v][v].

Los requisitos  establecidos por la intervención estadounidense para poder votar en las primeras elecciones municipales cubanas fueron:

Ser varón, natural de Cuba o hijo de un natural de Cuba nacido durante residencia temporal de sus padres en el extranjero, o español, que no hubiese declarado su deseo de seguir siéndolo.

Tener 21 años de edad, como mínimo.

Residir en el municipio en que fuera a votar, por lo menos 30 días consecutivos.

Cumplir cualquiera de las siguientes condiciones: saber leer y escribir, o poseer bienes muebles e inmuebles por valor de 250 pesos moneda de Estados Unidos, o haber servido en el Ejército Cubano con anterioridad al 18 de julio de 1898 y haberse licenciado “sin nota desfavorable”.

Estas condiciones negaban el derecho a votar a una buena parte de la población cubana,  las mujeres en su totalidad y  los varones de la raza negra, que no hubieran servido en el Ejercito Cubano, la mayoría de los cuales, ni tenían un capital como el requerido,  ni sabían leer y escribir.

Si damos por ciertos los datos estadísticos  de los  que en nuestro país ejercieron el voto en esas elecciones , un total de 110 816 varones[vi][vi] y que había 777 416 personas  que contaban con 21 años  y más,[vii][vii], llegamos a la conclusión que las restricciones electorales determinaron que sólo ejerciera el derecho al voto el 14% de los habitantes del país. Ello significó que el máximo representante de la democracia estadounidense Leonardo Wood marginó del voto al 86% de la  población asentada en el territorio con la edad requerida, dentro de la que se encontraban todas las féminas y el 61% de los hombres, especialmente los de la raza negra.

Pero, ¿por qué el gobierno militar estadounidense decidió apenas un año después – 1901- realizar otro proceso electoral municipal?

Las restricciones para el voto no lograron ocultar una realidad. Aún con el 14% de la población, el resultado de estos primeros comicios demostró  al interventor el sentimiento mayoritariamente  independentista, afirmado en un pueblo que había salido de un proceso enaltecedor de luchas por su soberanía.  La mayoría de los alcaldes del país fueron seleccionados de las huestes independentistas; se hacía necesario entonces, ensayar nuevas medidas que permitieran torcer los resultados.

Aunque a primera vista, la Orden Militar No. 91 de 8 de abril de 1901[viii][viii]que reguló el segundo proceso electoral municipal, parece calcada de la anterior, la nueva disposición mostró una diferencia que garantizó la entrada de los elementos sociales más conservadores de la sociedad a los puestos del estado. Esta orden adicionó  a la anterior un acápite para que “la minoría” tuviera garantizado, al menos, el 40% del espacio político en Cuba.

Las autoridades foráneas estatuyeron entonces el sistema de voto limitado, según el cual, teniendo en cuenta el número de concejales que debían elegirse en un municipio, los electores sólo tenían el derecho de votar por una parte de ellos, dejando el resto a las fuerzas excluidas, las famosas “minorías.

Este acápite se mantuvo vivo y se fue perfeccionando en las leyes electorales que se sucedieron en los primeros decenios de la república - en las que Estados Unidos siempre se involucró a través del conocido funcionario Enoch H. Crowder- y constituyó además,  un valioso instrumento al que se aferró “la minoría” conservadora en nuestro país, para adueñarse de casi la mitad del ámbito político de una sociedad, que le fue siempre abiertamente adversa.

Un análisis de las listas de alcaldes electos en los comicios electorales de 1900 y 1901[ix][ix]  delata que este requisito provocó, que en las segundas elecciones municipales fueran removidos de sus puestos una buena cantidad de ellos, acorde  al por ciento requerido por la ley estadounidense.

Las manipulaciones que las autoridades estadounidenses hicieron a los procesos electorales cubanos de la etapa,  no quedaron en el ámbito jurídico.  Hurgar en los documentos atesorados por el Archivo Nacional de Cuba[x][x], especialmente en los relativos a las  denuncias que se hicieron de las elecciones de la etapa, nos confirma que en estos fueron comunes las quejas por : el rechazo de personas que a pesar de cumplir con los requisitos exigidos por la ley, no se les permitió inscribirse en el registro electoral; el ocultamiento de los listados de votantes; la no autorización de representantes de importantes agrupamientos políticos de las localidades para integrar las mesas electorales; la coacción a los electores en la votación; la negación a los veteranos de las guerras independentistas de participar a pesar de presentar certificados firmados por importantes figuras y  el cambio de nombres de los electores en las listas de inscripción, entre otros.

Como puede comprobarse, Estados Unidos a principios del siglo XX sólo permitió  aproximadamente al 5% de la población cubana  refrendar la Constitución de 1901 y seleccionar directa o indirectamente a  las principales autoridades de la República, que puso finalmente, en manos de su candidato presidencial favorito: Don Tomás Estrada Palma.

¿Será esta la democracia que quieren volver a imponer en Cuba?

Considero que este artículo de Latvia Gaspe nos permite conocer todos los fraudes electorales de los que se valió Estados Unidos para que ocupara la presidencia de Cuba Don Tomas Estrada Palma, el candidato que ya ellos habían seleccionado, antes de que se efectuaran las elecciones.

La participación en aquellas elecciones, amañadas por Estados Unidos y sus seguidores, nos trae a la mente la forma en que se desarrollan las elecciones actualmente en Estados Unidos. No hay mucho cambio, quizás un poco de actualización en los métodos, pero se mantienen los mismos propósitos, que el pueblo tenga limitaciones para expresar su verdadero criterio, de ahí que ni aquellas, ni estas que ahora se están efectuando en tierras estadounidenses, pueden calificarse de “elecciones libres”, ni que son la base de una “democracia representativa” que no existe.  Lo que existe es una Plutocracia.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación