La Tienda Republicana

¡Marchaos, marchaos todos!

Entonces, desde el Ampurdán, se manifestó el profeta para guiar a su pueblo hacia la liberación, aunque para ello tuviera que separar en dos las aguas del mar de su ciudadanía. Y el profeta dijo que llegó la hora de partir,  proclamando la buena nueva: ser el pueblo elegido, el pueblo que cosechara mieses en abundancia. Y el profeta mostró el camino con su propia iluminación, señalando al enemigo para que nadie pudiera confundirse. Y el pueblo fue siguiendo sus pasos, intentando derribar las barreras que se oponían a su sagrado avance. Y el profeta reclamó a su pueblo que rechazaran a los impíos de sus propias ciudades, de sus aldeas, de sus propias familias, y, en una entrega total a la justa causa, enfrentarse a la infiel fuerza opresora que pretende negar la revelada “verdad” de su pueblo.

Y así, el pueblo enardecido…

Entonces, desde la vieja Castilla, se manifestó el profeta para proteger a su pueblo de los herejes de su doctrina, la revelada en los sagrados textos escritos en piedra: las inalterables Tablas de la Ley.  Y el profeta dijo que nadie podía cuestionar lo escrito en ellas, que nadie podía rechazarlas, que nadie podía cometer el sacrílego acto de escribir las suyas propias. Y el profeta dijo que nunca permitiría que su pueblo lo partieran en dos, y se dirigió a sus acólitos para que vigilaran el estricto cumplimiento de sus mandamientos, y mandó a sus fuerzas para reprimir a los impíos, a la emergente fuerza infiel que pretende negar la revelada “verdad” de su pueblo.

Y así, el pueblo enardecido…

¡Marchaos, marchaos todos!...  Profetas, mesías, iluminados…”salvadores”… ¡Marchaos todos! No os necesita el pueblo, los pueblos, para hacerse daño así mismo. Pero con vosotros se multiplican los riesgos, la polarización, la intolerancia, el conmigo o contra mí, la fe ciega, la sin razón… y, peor, la violencia. Con vosotros se confunde “la causa” con “vuestra causa”, vuestra imagen con la del pueblo, vuestra voz con la voz coral de la gente. Cuando habláis de luchar es la carne del pueblo la que sufre las heridas, la que se desangra; y cuando decís defender la voluntad del pueblo es vuestro poder, sobre todo, lo que soléis defender.

Y lo peor es que, aunque sólo sea en parte, SÍ nos representáis. Representáis lo peor de cada uno de nosotros: la mediocridad que, en mayor o menor medida, todos llevamos dentro; la vehemencia a la que soléis invocarnos para vuestros fines; el egocentrismo que soléis potenciar para manipularlo a vuestro antojo. En definitiva, sois la suma de nuestras zonas oscuras, el lastre a toda esperanza, el espejo en el que nunca deberíamos reconocernos.

Por eso os reclamo que os marchéis, que os marchéis todos, para darnos la verdadera oportunidad de crecer, de evolucionar, de avanzar… Y, sobre todo, os pido que os marchéis incluso de mí mismo: de esa parte de mí que os da el poder y la fuerza.

* José Moral González. Simpatizante de EQUO

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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