La Tienda Republicana

Fidel Castro, Guerrillero

12/01/2017

Esta publicación ha sido elaborada en homenaje a Fidel Castro. Contiene, en inglés, francés y español, una ponencia que Arnold August redactó en agosto de 2016 para celebrar el 90 cumpleaños de Fidel, y un artículo que escribiera el mismo año tras el fallecimiento del líder. Los artículos que comprende la presente publicación son “Fidel Guerrillero: 2015-2016 y más allá” y “Un legado de Fidel para el mundo: teoría y práctica”.

Publicación gratuita al público para circulación, impresión y distribución.

Cómo citar esta publicación:
Fidel Castro, Guerrillero por Arnold August, diciembre de 2016,
Fidel-Castro-Guerrillero-Arnold-August.pdf

Foto de portada: Korda

Se agradece a Fabrice Cuvillier, Alicia Loría y Veronica Schami por su ayuda a la producción de esta publicación.

 

Fidel Guerrillero: 2015-2016 y más allá

Ponencia de Arnold August presentada en el panel “Tributo a Fidel Castro en su 90 cumpleaños”, Foro Social Mundial Montreal 2016, 12 de agosto de 2016

Publicado en Cubadebate, telesur, Cubaperiodistas, Rebelión, Resumen Latinoamericano y Tercera Información

Durante la visita histórica de Obama a Cuba del 20 al 23 de marzo de 2016 estuve comentando el acontecimiento en La Habana junto con colegas cubanos para la red televisiva telesur, con sede en Caracas. Del lado cubano, el acontecimiento parecía eclipsado ante la brillante intervención diplomática del Presidente Raúl Castro y del Ministerio de Relaciones Exteriores llevada en una situación compleja. Del lado de la Administración Obama, el tono del viaje, si bien despedía dejos de diplomacia, pronto destiñó bajo las dosis intensivas de discursos y pláticas que promovían la política de Estados Unidos hacia Cuba con interés egoísta. La resistencia a este asalto político e ideológico por parte de los cubanos en Cuba, y de algunos extranjeros como yo, parecía pasar a un segundo plano. No obstante, el 27 de marzo, pocos días después de la partida de Obama, Fidel Castro escribió su reflexión irónicamente intitulada “El hermano Obama”, la cual causó gran estruendo en Cuba y en el mundo. La examinaremos en breve.

De momento, permítanme contarles mi reacción inmediata al leer “El hermano Obama”: —Fidel Castro sigue siendo el guerrillero de siempre—, me dije. Un guerrillero permanece móvil y aguarda siempre el momento oportuno para salir a la ofensiva, tal como Fidel lo hiciera cuando dirigía a sus camaradas de guerrilla en Sierra Maestra. El hecho de esconderse producía duda en el enemigo que se preguntaba por dónde podía acampar el Movimiento 26 de Julio. Para reunir fuerzas entre la población y municiones, la contraofensiva debe estar trazada y preparada en todo detalle. No debe quedar piedra por remover. No hay que adelantarse ni demorar. Sin embargo, todas estas preparaciones se trabajan de manera concertada, tomando en cuenta las necesidades, nivel de preparación y puntos fuertes y débiles del pueblo. El factor determinante es también el valor inquebrantable de los líderes como Fidel —siempre dispuesto a dejar la vida en el frente para lograr la victoria. Fidel, guerrillero, dirige por su ejemplar conducta. La suma de todos los ingredientes antedichos permite ver cómo el 1 de enero de 1959, entre otros factores, el Movimiento 26 de Julio condujo al Triunfo de la Revolución en Cuba a todas las otras fuerzas revolucionarias. Este momento clave en la historia de Cuba y de América Latina se realizó luchando contra las aplastantes fuerzas supremas de la dictadura de Batista, apoyadas por los Estados Unidos.

Es este el guerrillero eterno de Fidel, el que reconocí el 27 de marzo de 2016, cuando escribió “El hermano Obama”. Fidel se sirvió de su pluma como un arma a fin de responder a las necesidades de la resistencia cubana ante la ofensiva estadounidense en un contraataque sorpresa cuando más se necesitaba. Es así que dio su aporte a la dimensión y profundidad de la creciente intransigencia manifestada por la mayor parte del pueblo cubano. Desafiar la marejada imperial internacional que estaba tratando de engullir a Cuba con la noción de que los Estados Unidos es el salvador de Cuba exigía un valor enorme. El imperio alzó de inmediato los brazos agitándolos con desilusión y desesperación. Se engañaron a sí mismos creyendo haber terminado con pendientes en Cuba y en el extranjero gracias a la política de Estados Unidos hacia Cuba. En suma, los Estados Unidos y el establishment occidental le apuntaron a Fidel en el blanco, como ininterrumpidamente ha ocurrido desde los años cincuenta, solo que en las circunstancias actuales les salió el tiro por la culata —arruinaron las buenas.

Como preparación para el panel de hoy, decidí releer todo lo que Fidel ha escrito después del 17 de diciembre de 2014, o sea desde el histórico anuncio conjunto emitido por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama. Me dediqué a examinar todo lo tocante a asuntos extranjeros y a las relaciones Cuba-Estados Unidos, aunque fuese como tema secundario. Son seis los textos. Al releerlos, ya con el filtro de “El hermano Obama”, vi en ellos el sello firme del guerrillero. No había captado este enfoque al momento en que fueron publicados. De ahí el título de esta ponencia “Fidel Guerrillero: 2015-2016 y más allá”. ¿Cómo ‘más allá’ y por qué? Vamos a verlo. Me gustaría primero compartir con ustedes esta experiencia al relatarles estos textos.

El 26 de enero de 2015, unas cinco semanas después del 17 de diciembre de 2014, se publicó el primer texto de Fidel. Era un mensaje que hacía llegar a la Federación Estudiantil Universitaria en el contexto del 70 aniversario de su ingreso a la Universidad de La Habana.

A parte de otros temas abordados, el líder cubano escribió:

“El saludo personal de los Presidentes de Cuba y Estados Unidos se produjo en el funeral de Nelson Mandela, insigne y ejemplar combatiente contra el Apartheid, quien tenía amistad con Obama.

Baste señalar que ya en esa fecha, habían transcurrido varios años desde que las tropas cubanas derrotaran de forma aplastante al ejército racista de Sudáfrica, dirigido por una burguesía rica y con enormes recursos económicos.”

Por respeto a Obama y a Mandela, con el singular talento diplomático que lo distingue, Fidel recuerda al mundo y a Obama que no deben olvidar que el heroico esfuerzo de Cuba contribuyó en definitiva a la derrota del régimen del apartheid, lo cual se celebró durante el funeral. Asimismo debemos recordar que los consejos de las fuerzas de inteligencia estadounidenses facilitaron la información que condujera al encarcelamiento de Mandela.

Fidel imprimió en esa misma carta dirigida a los estudiantes la primera referencia directa a lo que con frecuencia se designa como el deshielo Cuba-Estados Unidos:

“No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra. Defender la paz es un deber de todos. Cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza, deberá ser tratada de acuerdo a los principios y normas internacionales.

Defenderemos siempre la cooperación y la amistad con todos los pueblos del mundo y entre ellos los de nuestros adversarios políticos. Es lo que estamos reclamando para todos.

El Presidente de Cuba ha dado los pasos pertinentes de acuerdo a sus prerrogativas y las facultades que le conceden la Asamblea Nacional y el Partido Comunista de Cuba.”

Fidel salió de su escondite, como quien saliera de una guarida en la montaña, para lanzar la primera salva contra las ilusiones acerca del imperialismo estadounidense. Desde luego, esto aunado al deseo expreso de dar una solución pacífica a las décadas de conflicto entre los dos vecinos. Lo
cual vale la pena repetir: “No confío
en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra.”

Existe una relación dialéctica entre, por una parte, carecer de fe en el imperialismo estadounidense respecto de sus objetivos de largo plazo, y, por la otra, el intento de que las dos naciones reanuden relaciones pacíficamente, tal como lo está llevando a cabo el Gobierno de Cuba. Fidel es docto en dialéctica. Este eje de pensamiento en relación con las relaciones Estados Unidos Cuba se manifiesta en todos sus textos. Es determinante. Lo es porque sería fatal colocar las relaciones pacíficas sobre un pedestal de manera ecléctica, en detrimento de la necesidad de continuar la lucha actual contra la ofensiva política e ideológica de la oligarquía estadounidense y de sus medios de comunicación. Desde 1959, Fidel y la oposición de la Revolución Cubana a los Estados Unidos se han resistido a la oligarquía en el poder, mas nunca al pueblo estadounidense, para quien la isla demuestra gran respeto y solidaridad.

El segundo texto, fechado 8 de mayo de 2015, fue dedicado a la conmemoración del 70 aniversario del Día de la Victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria llevada a cabo por la U.R.S.S contra el fascismo durante la II Guerra Mundial. En un momento en que los Estados Unidos y sus aliados esperan extinguir la flama de la base ideológica de la Revolución Cubana, usando como ingrediente clave su incursión en la cultura socialista, Fidel salta al ataque y arremete un golpe al adversario sin siquiera pronunciar su nombre. Lo hace en al menos dos ocasiones. Primero, recuerda que “Lenin fue un estratega revolucionario genial que no vaciló en asumir las ideas de Marx y llevarlas a cabo.”

Luego añade:

“Los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria.”

Cuba también tiene el derecho de mantener su pensamiento y de ser Marxista-Leninista. De ahí el título de su reflexión “Nuestro derecho a ser Marxistas-Leninistas”, como baluarte contra las incursiones de Washington.

También dispara otra bala al destacar una creciente alianza internacional. Esta tendencia es una espina para los Estados Unidos. Sin embargo, para Cuba es muy valiosa pues está desarrollando nexos económicos y políticos con esta tendencia alojada en el centro neurálgico de un mundo multipolar. Fidel escribió:

“Hoy es posible la sólida alianza entre los pueblos de la Federación Rusa y el Estado de más rápido avance económico del mundo: la República Popular China; ambos países con su estrecha cooperación, su avanzada ciencia y sus poderosos ejércitos y valientes soldados constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda preservarse.”

El tercer texto examinado, fechado 13 de agosto de 2015, fue escrito tras la conmemoración del estallido de las bombas atómicas que pulverizaron Hiroshima y Nagasaki, Fidel escribió en su reflexión intitulada “La realidad y
los sueños”:

“Cuando aquellas bombas fueron lanzadas, después de la guerra desatada por el ataque a la base de Estados Unidos en Pearl Harbor, ya el imperio japonés estaba vencido. Estados Unidos, el país cuyo territorio e industrias permanecieron ajenos a la guerra, pasó a ser el de mayor riqueza y mejor armado de la tierra, frente a un mundo destrozado, repleto de muertos, heridos y hambrientos”.

No olvidemos que este año Obama visitó Hiroshima, en un momento en que este mes las personas del mundo entero rememoran también los horrendos acontecimientos. Fingió conmoverse por las víctimas, sus familias y la población diciendo: “la muerte cayó del cielo”. Omitió hablar de la cruda realidad de que las bombas que cayeron sobre Japón habían sido disparadas por los Estados Unidos y en las circunstancias que Fidel señala. Para más abundamiento, la Administración Obama ha iniciado mejoras del arsenal nuclear de los Estados Unidos estimadas a un costo de un billón de dólares. Independientemente de la personalidad engañosa de Obama, el imperialismo sigue siendo el imperialismo en su carrera por dominar al mundo cueste lo que cueste. Es dentro de este contexto que las negociaciones Cuba-Estados Unidos han venido desarrollándose.

El cuarto documento del 10 de diciembre de 2015 tomó la forma de una carta. Se intitula “Mensaje de
Fidel al Presidente Nicolás Maduro”,
fue escrito cuando la Revolución Bolivariana perdió las elecciones legislativas debido a las fuerzas que están a favor de los Estados Unidos en Venezuela. Tras haber felicitado a Maduro por su valiente discurso apenas se conoció el veredicto de las urnas, Fidel, pluma de la guerrilla, sale del monte para ponerse combatir la agresión cultural de los Estados Unidos. Entre otras cosas, escribió:

“En la historia del mundo, el más alto nivel de gloria política que podía alcanzar un revolucionario correspondió al ilustre combatiente venezolano y Libertador de América, Simón Bolívar, cuyo nombre no pertenece ya solo a ese hermano país, sino a todos los pueblos de América Latina.

Los revolucionarios cubanos —a pocas millas de Estados Unidos, que siempre soñó con apoderarse de Cuba para convertirla en un híbrido de casino con prostíbulo, como modo de vida para los hijos de José Martí— no renunciarán jamás a su plena independencia y al respeto total de su dignidad.”

Ahora llegamos a la quinta reflexión, de fecha 27 de marzo de 2016, intitulada “El hermano Obama” redactada tras la visita del Presidente
de los Estados Unidos a La Habana. Es este escrito que revivió en mi mente y corazón las imágenes emblemáticas de Fidel en la Sierra Maestra, con su rifle despreocupadamente colgado al hombro. Hay fotos donde se le suele ver la mirando a un cielo punzado por las montañas como expresando optimismo en el resultado de la revolución pese a las condiciones adversas del momento.

Su salva de apertura en este documento de reflexión es la primera frase. Nos devuelve de inmediato a la realidad. Su irónico ‘hermano Obama’ parecía llevar en dos palabras la necesidad de ver dialécticamente, la necesidad de nunca bajar la guardia ante el imperialismo estadounidense,
y de a la vez llevar relaciones diplomáticas pacíficas, como lo hizo en el primer texto, después del 17 de diciembre de 2014. Después de todo, es en Obama en quien recae la responsabilidad del valeroso acto de haber ido a Cuba una vez restablecidas las relaciones diplomáticas tras más
de 50 años de franca hostilidad. La reflexión de Fidel que, en mi opinión, es una de las más importantes consideraciones que jamás haya escrito desde que comenzó oficialmente su jubilación inicia así:

“Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores
de oro en las arenas de los
ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.”

Ahora en plan de ofensiva, como si en su mente hubiera advertido al adversario herido, invoca el ejemplo de José Martí:

“Me pregunto incluso si [José Martí] tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar.... “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo....”

Él introduce otro punto, quizás el más determinante: “Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.”

Tras lo cual escribe el fragmento a continuación que conviene citar por completo:

“Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:

‘Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano’.

De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros:

‘Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos”. Prosiguió el Presidente norteamericano. “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas’.

Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.

En 1961, apenas dos años y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por fuerza a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.”

Hay muchos trazos importantes a los que muchos de mis colegas cubanos y yo mismo designamos como la guerra ideológica, política y cultural estadounidense contra Cuba. Considero que Fidel puso el dedo sobre el renglón más importante, o al menos el fundamento de todos los demás aspectos, el de la historia de una nación: Lo refiere así:

“Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.

Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y
de fuerza?

Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha
ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.”

Reiteró la doble noción de la toma de consciencia sobre los objetivos de los ‘círculos en el poder’, tal como expresado anteriormente, y de la necesidad de proseguir con las negociaciones de la manera a continuación: “Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.”

Lo que es más, él dicta la última palabra al concluir así:

“Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada.”

La declaración de Fidel de que “No necesitamos que el imperio nos regale nada” es contraria al giro que diera la mayor parte de los medios de comunicación del establishment extranjero. Lo tacharon de ingrato y por consiguiente de obstaculizar lo que los medios veían de benévolo en la política de Estados Unidos hacia Cuba, pese a que su frase dice: sí a la negociación y no rotundamente a pasar el platillo para recoger limosna. Eso fue el bombazo.

Las personas interesadas en obtener el texto completo “El hermano Obama”, pueden encontrarlo en línea en varios idiomas.

El sexto y último texto que reseño es el fechado 19 de abril de 2016. Se trata de un discurso pronunciado en la sesión de clausura del 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba. Este acto de presencia constituye uno de los actos más heroicos del guerrillero que se presentó, pese a los signos visibles de su frágil condición física, pero no así su agudeza mental que se ha mantenido como siempre, en el podio del inmenso Palacio de Convenciones ante un auditorio de más de mil personas. En esa reunión felicitó a los delegados del Partido Comunista y “en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo”. Quizá el mensaje de mayor impacto fue: “A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá.” Estas memorables declaraciones pronto recibieron el nombre de “El pueblo cubano vencerá.” Fue el principal estandarte de la marcha del 1 de mayo, Día de los Trabajadores, celebrada en La Habana, apenas dos semanas después del discurso. La vasta mayoría del pueblo de Cuba jamás olvidará esto, ya que indica que los Estados Unidos no deben hacerse ilusiones sobre la determinación del pueblo cubano a seguir su camino hacia el socialismo, la independencia y la dignidad nacional.

En conclusión, estas lecciones de 2015 y 2016 trascenderán. El pensamiento dialéctico de Fidel en materia de tácticas y metas vinculadas con las relaciones Cuba-Estados Unidos y su ejemplar abnegado valor serán inevitablemente necesarios para orientarse en este país en las décadas venideras. Durante esas décadas habrá una Cuba combatiente que mejora y defiende su socialismo e independencia. Es evidente que Cuba estará siempre en el Caribe como también existirá Estados Unidos. Este país y su masa terrestre, tampoco cambiarán de ubicación geográfica.
De manera que geográfica e históricamente hablando, ambos países estarán siempre vinculados.

Las relaciones nuevas entre estos países están destinadas a evolucionar en este siglo y Cuba enfrentará retos al esforzarse en lograr nuevas victorias. En este contexto y con miras al futuro, la obra del guerrillero perenne, Fidel Castro, constituye una guía indispensable. ◙

Un legado de Fidel para el mundo: teoría y práctica

Arnold August, 7 de diciembre de 2016 Publicado en Prensa Latina, telesur, Rebelión, Cubadebate, Radio Habana Cuba, Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Canadá), Tercera Información y Red en Defensa de la Humanidad (Cuba)

Desde sus estudios secundarios en los años cincuenta, Fidel Castro empezó a familiarizarse con los escritos y las actividades de José Martí, entre otros cubanos del siglo XIX que lucharon por
la justicia social y la independencia de España. Había leído los 28 volúmenes de José Martí. También había estudiado los trabajos y las actividades prácticas de Marx, Engels y Lenin. Había analizado la revolución bolchevique, por la cual profesaba gran respeto. En el primer período de sus admirables estudios autodidácticos, vivió y fue activo políticamente, no solamente en Cuba sino también en otros países latinoamericanos, como en República Dominicana. Las tradiciones e ideas revolucionarias de la región influyeron también en su manera de pensar.
Éstas absorbieron su pensamiento y su espíritu político como revolucionario de una rápida evolución, listo a entregar su vida por la causa de los más vulnerables. Su sed por familiarizarse con las diferentes tendencias del pensamiento y la acción política cubana e internacional lo acompañó toda su vida.

Entre muchos otros aspectos, el legado de Fidel reside en su singular capacidad para unir la teoría y la práctica. Y lo hizo, teniendo en cuenta su longevidad política sin precedentes históricos, como ningún otro revolucionario del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. Gabriel García Márquez, icono del pensamiento latinoamericano, quien lo conoció muy bien personalmente, escribió que Fidel es “el antidogmático por excelencia” (“A Personal Portrait of Fidel Castro”, Fidel Castro, Fidel: My Early Years, Ocean Press, Melbourne, 1998, página 17). Vale la pena detenernos a reflexionar acerca de la evaluación del alcance del antidogmatismo de Fidel.

El Che Guevara vivió y luchó con Fidel Castro en el centro de la Sierra Maestra, y luego del triunfo de 1959. Estando en Bolivia, el 26 julio de 1967, aniversario del ataque a Moncada, el Che escribió en su diario boliviano acerca del “significado del 26 julio, como una rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios” (Ernesto Che Guevara, The Bolivian Diary of Ernesto Che Guevara, Pathfinder Press, Montreal, 1994, página 239). Sí, usted leyó correctamente: “dogmas revolucionarios”. Fidel y el movimiento que lideró fueron forzados a irse contra la corriente dominante de la izquierda en aquel momento en Cuba, abriendo para ello el camino de la lucha armada por medio del ataque a dos cuarteles de Batista, entre ellos el de Moncada. De esta manera, esta rebelión fue también una revuelta contra esta izquierda, incapaz de entender ese momento histórico. Desde el punto de vista de una parte de la izquierda, Moncada no fue “políticamente correcto”. Parte de la izquierda, tanto en Cuba como a nivel internacional, difamaron a Fidel Castro como el protagonista de un “golpe pequeñoburgués” por esta vanguardista rebelión contra el Moncada. Supuestamente, ésta acción fue considerada como no justificada por los seguidores de los “manuales” marxistas, vistos por ellos como dogmas fijos en el tiempo y el espacio, antes que como una guía para la acción. Fidel dio un giro al pensamiento y a la práctica revolucionarios. Las estrategias y condiciones de los bolcheviques no fueron las mismas que existían en Cuba en los años cincuenta, que llevaron al triunfo de la revolución en 1959. La situación actual de Cuba tampoco es la misma que en 1959. Tan sólo una revolución como la cubana, depurada del dogmatismo, puede navegar en un mundo en cambio permanente.

En los años cincuenta, Fidel logró que la tendencia recalcitrante de la izquierda cubana se uniera a la causa. Lo hizo a través de las acciones del Movimiento 26 de Julio, dentro de un espíritu de autosacrificio y del nuevo pensamiento político. Éste último, expresado en su discurso “La historia me absolverá”, constituyó su defensa ante el juicio seguido a su captura, después de la derrota de Moncada. Todos estos factores combinados sacudieron profundamente a Cuba, algo que tan sólo podía producir un pensador independiente, junto con sus colaboradores.

Lo demás es historia. ¡Pero no! ¿Cuántas veces luchó Fidel Castro contra la corriente y sacó a Cuba del callejón sin salida del desastre? Tan sólo una ilustración: en 1991, Fidel rechazó las reformas de Mijaíl Gorbachov y la capitulación ante Estados Unidos. De hecho, previó la caída de la URSS dos años antes de que ésta sucediera. ¿Dónde este requisito de resistencia y rebelión
de vida y muerte, es expresado explícitamente en cualquiera de los trabajos de Marx, Lenin o José Martí? Aún si todas estas figuras políticas transpiran los principios, las ideas y la devoción del autosacrificio por la causa del pueblo que son aplicados a tales desafíos impredecibles. No obstante, aún con esta herencia del siglo XX y comienzos del siglo XXI, durante los amenazantes y turbulentos tiempos desconocidos entre finales de 1980 y 1991, los mismos revolucionarios cubanos debieron crear el camino a seguir. Estados Unidos esperaba la oportunidad, lamiendo sus heridas, con la idea de que Cuba cayera. ¿Dónde podría estar Cuba ahora si no hubiese roto relaciones en aquella época para de nuevo permanecer fiel a su tradición antidogmática, permitiendo así guiarse por nuevas ideas y orientaciones?

De esta manera, el legado de Fidel reside en su capacidad para unir la teoría y la práctica —o la práctica y la teoría, a través del análisis de las “condiciones concretas”. Es cierto
que este “análisis” presupone un punto de vista teórico. Sin embargo, esta perspectiva, aplicada a la noción de “condiciones concretas”, significó observar el mundo concreto y comprender las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías del pueblo cubano en un momento determinado. Esta capacidad para unir, intrínseca y consistentemente, la teoría y la práctica, contribuyó a la formación de un revolucionario como Fidel.

Algunos podrían decir que al tratar este liderazgo ejemplar de Fidel acerca de la teoría y la práctica, se podría caer en la individualización de Fidel y así en la personalización de la Revolución cubana en detrimento del papel jugado por el pueblo y sus más cercanos colaboradores. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la verdad. ¿En qué otra fuente, si no
es en el pueblo, tiene éxito este análisis concreto y estas condiciones concretas? Las condiciones concretas corresponden al pueblo y a su continuo movimiento. La teoría y la práctica son inseparables cuando se trata de Fidel.

Adicionalmente a esta lección de método, manifestaciones concretas tales como sus pronunciamientos acerca de una miríada de temas domésticos e internacionales, hacen parte de su legado. En 2001, por ejemplo, dijo: “revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Esto dio a los cubanos una orientación práctica en la actividad política cotidiana. En 2005, cuando hacía frente a problemas domésticos, dijo: “Este país puede autodestruirse. Esta revolución puede autodestruirse, pero ellos [los poderes extranjeros] nunca podrán destruirnos; podremos destruirnos a nosotros mismos, y esto sería culpa nuestra”. En el complejo contexto del tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos, desde el 17 de diciembre de 2014, Fidel expresó sus opiniones en varias ocasiones. Éstas no son solamente pertinentes sino necesarias para guiar las políticas cubanas actuales y futuras, así como para despertar la conciencia en la gente progresista del mundo entero con relación a estas polémicas preocupaciones internacionales.

No se puede sobrestimar el papel del individuo en la historia, pero sería engañoso subestimarlo. Charles Darwin, por ejemplo, fue un naturalista que postuló las teorías de la evolución y de la selección natural. Darwin rompió el molde estudiando los trabajos de otros científicos a quienes había consultado y, más importante aún, resultó ser el análisis de la naturaleza que hizo por su propia cuenta. De forma similar, Marx siguió este camino para hacer sus propios descubrimientos en el pensamiento social y político. Aun cuando no estoy comparando a Fidel con Darwin o Marx —pues él mismo condenaría una comparación tan injustificada, el principio del papel que juega la determinación individual en la apertura de nuevos caminos hasta ahora inexplorados, estableciendo vínculos entre el pensamiento y las condiciones, se aplica a Fidel. Es un arquetipo sobresaliente del siglo XX y hasta bien entrado el siglo XXI, ya que su pensamiento y su ejemplo serán aplicables por lo menos durante varias décadas más en este siglo.

Fidel fue una figura política que pensó por sí mismo. Sin embargo, su enfoque se basó ante todo en principios revolucionarios. Fue un antidogmático por excelencia, en quien la teoría y la práctica del movimiento de los más vulnerables de Cuba se entrelazaban hasta tal punto que se habían indistinguibles por sí solas. Él triunfó en su camino más allá que nadie más, desde 1940 hasta el 11 octubre de 2016, última ocasión en que sus palabras fueron publicadas. Sin embargo, Fidel tuvo la última palabra el 25 noviembre de 2016 cuando Cuba —un pequeño país del tercer mundo, bloqueado, que tan sólo 56 años atrás rompió las ataduras de 500 años de colonialismo e imperialismo— fue el centro del mundo, sin dejar a nadie, amigos o enemigos, indiferente frente a este gigante de la teoría y la práctica. En la larga vida y obra de Fidel Castro, nunca se presentó una brecha entre la teoría y la práctica: éstas fueron una sola. Este legado, aplicable universalmente, hace ahora parte del camino a seguir por los sectores progresistas de la humanidad, por la gente vinculada a las fuerzas de izquierda y por los revolucionarios. ◙

Puedes leer los textos en PDF en otros idiomas: http://www.fidelcastroguerrilleroarnoldaugust.net/Fidel-Castro-Guerrille...

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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