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Victoria de la derecha tradicionalista vasca en las elecciones autonómicas 25-S

 
 
No podía ser de otra manera porque en el País Vasco existe un segmento de la población  muy católico y conservador. En la guerra civil española hubieron muchos casos de militantes del PNV que se pasaron la bando Nacional -llámese requetés, carlistas o falangistas- porque -según ellos- defendían los fueros vascos y la fe católica. Acordémonos que en el País Vasco  se encuentra el santuario de San Ignacio de Loyola, fundador de la jesuitas y uno de los hijos más ilustres de esta tierra. El papa Francisco también pertenece a dicha comunidad religiosa y por lo tanto la influencia del Vaticano es más que notoria.  
 
A la derecha tradicionalista vasca habría que sumarle la derecha españolista vasca representada por el PP y el PSOE. Partidos que en su conjunto apuestan por promover el neoliberalismo europeo merkeliano.
 
El País Vasco es una sociedad dividida por múltiples factores históricos y culturales.
 
Es por esto que la izquierda radical o borroka tiene también un gran protagonismo político. Estamos hablando del movimiento de liberación vasco que lucha por la emancipación e independencia de Euskalerría (la patria vasca en su totalidad). Su apoyo social se cuantifica en un 20% de la población. Cifra insuficiente para alcanzar sus objetivos. El fin de la violencia de ETA ha permitido la irrupción de nuevas variantes como es el caso de Podemos que se manifiesta más moderado y conciliador. Ellos defienden el derecho a decidir mediante un referéndum el futuro del País Vasco sin posibilidad alguna de proclamar unilateralmente la independencia. Y es que estamos en una época más racional y pragmática no apta para el puño en alto y las barricadas.
 
Al PNV pertenecen esas grandes familias burguesas, familias aristocráticas de apellidos rimbombantes y de escudos nobiliarios. Son los empresarios, banqueros e industriales, las grandes fortunas que por tradición ejercen el poder en la sombra. Igual que se aliaron en su día con el franquismo, hoy hacen lo mismo con la monarquía borbónica.
 
El PNV ha renunciado a los principios fundacionales de Sabino Arana cuyo propósito no era otro que crear un estado propio. Hay que olvidarse de ese sueño romántico pues lo prioritario es garantizar el crecimiento económico y el estado del bienestar. La derecha vasca ha decidido mantener el actual status quo con el reino de España a cambio de mayores beneficios fiscales y mejorar la financiación autonómica.
 
Estamos hablando de un País Vasco del siglo XXI súper industrializado y tecnológicamente muy competitivo. Algo que se refleja claramente en la curva del PIB. Por algo el nivel de la vida es uno de los más elevados de España y sólo comparable con el de los países más prósperos de la UE.
 
En Euskadi se le rinde culto al trabajo. Es necesario trabajar las 24 horas del día, los siete días de la semana  -horas extras incluidas- si se quiere mantener un tren de vida aceptable.  Por eso no podemos hablar de ciudadanos sino de consumidores. El consumismo es muy desaforado y especialmente en productos finos y artículos de lujo. El capitalismo vasco cumple todas las expectativas de la globalización económica.
 
Sólo basta con pasear por San Sebastián para darse cuenta de cómo van las cosas. San Sebastián o Donostia es una de las ciudades más monárquicas y aristocráticas de España. (Aunque paradójicamente muchas veces gobernada por la izquierda abertzale)  San Sebastián es una de las ciudades favoritas de la realeza española  y europea. Y esto se refleja en la maravilla y la opulencia de esos palacios y mansiones, los casinos o los hoteles de cinco estrellas.
 
En el exclusivo barrio de Gros se encuentra uno de los restaurantes más famosos y concurridos por la crem de la crem vasca, españolista e internacional.  Nada menos y nada más que el Arzak cuyo menú cuesta la módica suma de 190 euros (no hay una sola mesa libre y la lista de espera es interminable)  Este lujoso restaurante lo frecuentan desde el rey de España hasta los representantes de Bildu, Podemos, el PSE, PNV o PP. Arzak es el templo sagrado donde se reúnen los mandamases para cerrar sus negocios, acuerdos económicos y alianzas políticas.
 
¡Vaya nivel de vida! Un ejecutivo publicó en el Correo la siguiente reseña de su visita a San Sebastián: “Estuvimos en una mesa seis comensales habiendo efectuado la reserva con bastante antelación (2 meses). Esa noche estaba a cargo del restaurante la hija de J. María Arzak. Las entradas fueron ensalada bogavante; carabineros con krill; huevos con foie; huevo rojo y pochas blancas con chorizo. Los platos principales: Txipirones de anzuelo en su tinta; lomo de merluza en salsa verde con almejas...”
 
 
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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