La Tienda Republicana

Análisis sobre la situación de Cataluña tras el 26J. Ada Colau la clave del independentismo

“Quien puede actuar y no actúa crea pestilencia” William Blake

 

Uno se pone más contento por el mal ajeno que por el bien propio. Al menos eso es lo que suele ocurrir en política. Tras las elecciones, el discurso de las formaciones independentistas que se presentaron el 26J han sido de una satisfacción absoluta, aunque para Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) los resultados son absolutamente nefastos para sus intereses. 

“España es irreformable”, apuntaban los independentistas (ERC, CDC) con los resultados ya escrutados en la larga noche electoral. Visto el mapa no hay duda: solamente Cataluña y Euskadi piden un cambio político urgente mientras que en el resto de autonomías se impone el azul de la corrupción y de las cloacas del Estado del Partido Popular que sube catorce escaños respecto el 20D.

El famoso sorpasso que auguraban las encuestas pasó a ser una broma de mal gusto. De hecho, la única encuesta que más se ha acercado al 26J, como decía el politólogo Pablo Simón, fueron los propios resultados del 20D; y el verdadero sorpasso se dio en Andalucía, feudo socialista que ha sucumbido a una victoria del PP. Al final, todo ha quedado más o menos igual, con un Mariano Rajoy que ha salido fortalecido tras la batalla. Una catástrofe que es vista con buenos ojos para los independentistas.

CDC: desacelerador del proceso

Acostumbrados a mandar durante treinta años con cierta altanería hilvanando los mecanismos de poder para construir un discurso hegemónico al lado del PP; perder el status a manos de la izquierda de ERC y estar a expensas de las asambleas de los anticapitalistas es para CDC la constatación de una derrota evidente de la que no quieren ni oír hablar.

Desde las pasadas elecciones catalanas CDC ha ido perdiendo votos paulatinamente. Solo la confluencia con ERC de Junts pel Sí en los comicios del 27S le ha mantenido al gobierno, pero con un precio altísimo: la marcha de Artur Mas gracias al veto la CUP, un hecho que aún no ha podido digerir el ala dura de Convergencia encarnada por el líder del partido en el Congreso Francesc Homs.

En el 26J CDC ha perdido 85.400 votos respecto al 20D mientras que sus homólogos independentistas de ERC han ganado 27.500 votos. No han conseguido ni el 15% de votos en Cataluña, una cifra que no les asegura tener grupo propio en el Congreso si no es por la benevolencia de PP y PSOE. En el transcurso de las elecciones españolas y en ese proceso de tapar las miserias que han ido sufriendo tras los casos de corrupción (cas Palau, cas ITV…), los convergentes han ido perdiendo electores. En 2011, CiU conseguía 16 escaños y un total de 1.014.263 votos. El 20D bajo la nomenclatura de Democracia y Libertad, los convergentes obtenían 8 escaños y 565.273 votos. El 26J mantenían los mismos escaños, pero solo conseguían 479.693 de los votos.

El independentismo en las manos de Colau

La sociedad catalana ha virado hacia la izquierda con el proceso independentista. Desde las manifestaciones del once de setiembre el clamor popular pide que la independencia la lideren los partidos republicanos y de izquierda. Sin embargo, con solo el 48% de votos independentistas otorgados el 27S es imposible garantizar una ruptura democrática con el Estado Español. Lo que es indispensable es ensanchar la mayoría social soberanista y conseguirlo desde la izquierda. La CUP lleva meses repitiendo que sin la suma de las otras izquierdas una declaración unilateral de independencia sería inútil. Tras los 81.100 votos que ha perdido En Comú Podem (ECP) respecto el 20D, pero también los 139.000 votos perdidos de los partidarios del derecho a decidir en estas elecciones (ECP, ERC, CDC) urge un consenso entre ERC y CUP que pasa por relegar a una parte de CDC afín a Mas si se quiere sumar a los Comunes para intensificar un referéndum desde las instituciones catalanas.

Ada Colau y Xavier Domènech siguen estructurando su estrategia política entorno a la idea de desbancar a Convergencia del poder como se demostró en los parlamentos en la pasada noche electoral. Sin embargo, la caída de Unidos Podemos les debilita. España queda lejos de reformarla, pero Cataluña (como Euskadi) tiene un proyecto político distinto al del Estado Español capaz de integrar las políticas de Ada Colau y su equipo. Rufián los invita a sumarse, la CUP también (aunque las discrepancias profundas que hay en el ayuntamiento de Barcelona entre ambos podrían impedir alianzas). Todo está por decidir, la pelota la tiene Ada Colau.   

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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