Derechos Humanos, Renta Básica y modelo económico
La declaración universal de Derechos Humanos se ha celebrado el 10 de Diciembre pasado, en tanto el modelo económico de nuestra sociedad celebra a diario el aumento de la desigualdad entre sus habitantes, el inicio de guerras entre naciones para adueñarse de los recursos naturales y todo ello en medio de un cambio climático, lo que parece indicar que tras los 77 años de celebración de la declaración de los Derechos Humanos nos aproximamos más y más a un colapso de nuestras sociedades.
La Declaración Universal de Derechos Humanos recogen en 30 artículos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de hombres y mujeres, que hoy quedan en una mera retórica por no contar con los medios materiales para llevarlos a la práctica.
Los medios hasta ahora utilizados para combatir la pobreza, cuya ausencia es condición imprescindible para el ejercicio de los derechos humanos, no son eficaces. Nos referimos a los programas de rentas mínimas y el ingreso mínimo vital. Estos programas contienen graves limitaciones, como son: las restricciones presupuestarias, la cobertura insuficiente, la estigmatización de las personas beneficiarias y altos costes de administración y la conocida como trampa de la pobreza. Sin embargo, continuamos esperando la implantación en los distintos países de una Renta básica incondicional y universal, que supere claramente estas limitaciones.
Por el contrario, han sido frecuentes diversos ensayos parciales. Entre los últimos ensayos está el celebrado en Alemania entre junio del 2021 y mayo 2024 con 1700 participantes, y está pendiente de comenzar otro ensayo en Cataluña. En todos ellos se encuentran resultados positivos en la mejora de las condiciones de vida de los participantes.
Por fin, en los últimos meses se ha comenzado un programa de RBU, como lo entendemos en la Plataforma de Córdoba, en las islas Marshall, convirtiéndose en el primer Estado que pone en marcha una RBU, dejando al margen la RBU implantada en Irán, ya que esta beneficia especialmente al cabeza de familia, dejando a las mujeres en un segundo plano.
El desarrollo de una RBU en las islas Marshall viene a mostrar que esta es financiable. La financiación de la RBU en las islas Marshall se basa en el empleo de un fondo fiduciario de este pequeño país, estos fondos proceden de la inversión de dos países como son USA y Taiwán. Al margen de los problemas con las relaciones de estas islas con los donantes de estos fondos, muestran que la RBU puede ser financiada mediante el uso de fondos soberanos, sin afectar a los impuestos del país. Un gobierno puede decidir que una parte de la riqueza nacional que en muchos países se acumula en fondos, cuentas y transferencias vinculadas a la defensa se use para pagar una RBU. La RBU de las islas Marshall viene a eliminar para siempre la crítica de que no hay ningún país capaz de financiarla.
Otra novedad que afecta a la implantación de la RBU nos la traen aquellos que apuestan por una sociedad donde la inteligencia artificial (IA) juegue un papel determinante. La IA permite sustituir al trabajo humano intelectual y creativo, y no solo al manual, esto parece la culminación del sueño capitalista; una producción con costos laborales tendiendo a cero. La IA irá paulatinamente suprimiendo empleos, no garantiza ni un final feliz ni trágico, sino que señala la contradicción que debe resolverse, con dos únicos caminos: Uno, el capital logra utilizar la IA donde una élite poseedora de algoritmos vive en enclaves de lujo, mientras una masa superflua es controlada mediante un Estado policial digital y una renta básica de subsistencia que mantenga un mínimo consumo, Esta renta básica en nada sé parecería a nuestra RBU ni a la implantada en las islas Marshall.
Para finalizar, volviendo a la declaración de los derechos humanos que el día 10 hemos celebrado, desde nuestra Plataforma consideramos que la RBU es un instrumento de reparto de riqueza, que permite incrementar el grado de autonomía y libertad real de la ciudadanía, con especial incidencia en las mujeres, empoderándolas en las elecciones laborales, de formación y de proyectos de vida, favoreciendo el emprendimiento de proyectos colaborativos y creando una sociedad más cohesionada. Ello implica desarrollarlo en un nuevo modelo económico basado en el decrecimiento, tanto del uso de los productos de la naturaleza, como de las fuerzas de trabajo, lo que permitiría ser una base imprescindible para hacer que los 30 artículos de la declaración de los derechos humanos puedan convertirse en realidades.
*Diego Llanes Ruiz. Plataforma por la RBU Córdoba.
