La Tienda Republicana

La tabla de salvación de Podemos

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Casi un año ha pasado desde que Podemos renunciara a presentarse a las elecciones municipales a fin de preservar su “marca”. Recuerdo esa decisión como la primera de varias que desinflaron mi ilusión por un proyecto político que corregía varios defectos a Izquierda Unida. No existían suficientes “garantías” para la preservación impoluta de las siglas en los comicios locales, y se recurrió a espacios de confluencia apoyados por Podemos (y otros agentes sociales y políticos) que -oh sorpresa- consiguieron mejores resultados electorales en ciudades como Madrid y Barcelona, pero también en Zaragoza, Santiago de Compostela o A Coruña.

Hasta entonces, la exitosa estrategia comunicativa de Podemos, basada en un pragmatismo en ocasiones insultante, funcionaba como una maquinaria bien engrasada por el sacrosanto Sentido Común y la cancha concedida por La Sexta o Público.es entre otros. Disgustaba a muchos la tabla rasa sobre todo lo improductivo desde el punto de vista electoral, llámese ejemplo bolivariano en Latinoamérica, llámense reivindicaciones republicanas, memoria histórica o -en definitiva- marxismo e izquierda. Términos todos denostados por años de propaganda capitalista, silencios e intoxicación desde los medios corporativos. Muy de acuerdo con que se acertó en un discurso que llegaba a una amplia mayoría de la sociedad. Ese discurso y una organización basada en la horizontalidad asamlearia y la participación llevó a Podemos a porcentajes que pasaban del 20% en algunas encuestas y fue asumido por las experiencias municipalistas bajo la denominación “Ahora […] o […] En Común”.

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En mayo, poco antes de las elecciones municipales, más de 20 candidaturas que ya conformaban una incipiente red municipalista se reunieron en el círculo de Bellas Artes de Madrid. Junto a Barcelona en Comú y Ahora Madrid, lideradas por Ada Colau y Manuela Carmena, comparecieron las candidatas de Málaga Ahora, Zaragoza en Comú y Marea Atlántica, entre otras… En aquella ocasión se utilizaba “Ahora en Común” para expresar la pluralidad bajo un mismo “ADN”: “desalojar a los mayordomos del 1%” y “poner en marcha un rescate ciudadano que garantizase la subsistencia de los que han sido golpeados por la crisis en nuestras ciudades”. “Recuperar las instituciones para la ciudadanía”.

El 9 de junio, el popular presentador de Carne Cruda, Javier Gallego, publicaba una columna que resumía un análisis transversal a todas las organizaciones políticas y sociales, un run run que iba de boca en boca, como diría Colau: el texto de Gallego apuntaba que “la única estrategia que había demostrado poder ganar al bipartidismo era la confluencia“. A tenor del 14% de media obtenido por los de Iglesias en las elecciones Autonómicas -añadía- “no había sido Podemos sino las mareas ciudadanas las que habían ahogado al PP“. “Podemos desbordarles pero si somos marea“, concluía.

El 1 de julio apareció una iniciativa con muchas firmas en su cabecera próximas a IU o de militantes de esta coalición que se denominó Ahora La Moncloa, con un manifiesto que mencionaba cuestiones como la reforma del el artículo 135 de la Constitución perpetrada por el bipartidismo o la previsible aprobación del TTIP, llamando a la generosidad y el atrevimiento para lograr la unidad.

El día 7 se lanzaba la web ahoraencomun.org como una “invitación a la confluencia” o “una marea confluyente para ganar las elecciones generales”, pero ya existía una página en Facebook desde el 20 de junio, con un número pequeño de seguidores. Suma ya más de 20.000 firmas procedentes de candidaturas municipales de unidad popular, militantes de Podemos, Equo, Izquierda Unida, Partido Humanista, Compromís y otros, por ese orden.

La llama que avivó las ascuas de Ahora en Común y multiplica los desplantes a la estrategia oficial del partido de Iglesias se alimenta de los errores de bulto cometidos por la cúpula de Podemos en las últimas semanas: anuncio de que se presentaría a las Generales con su marca y que eso era algo indiscutible. Propuesta de cínica absorción hacia partidos afines de la periferia, a los que graciosamente se les concedía la conservación de sus siglas tras las de Podemos y un guión, y a la inclusión de sus candidatos en espacios que Podemos dejaría reservados tras sus primarias. Desprecio y portazo a Izquierda Unida, que podía engrosar a la causa no sólo más de un millón de votantes, sino además una activa militancia entregada a la confluencia. Eso es sumar, no un chantaje. Adelanto de sus primarias e imposición de una “lista plancha” de circunscripción única que descartaba el mecanismo Dowdall de ponderación del voto que se puso en práctica en las primarias realizadas por Ahora Madrid o la Marea Atlántica.

La respuesta era de esperar.

– Las Mareas gallegas rechazaban acudir a las generales como “satélites” de Podemos al igual que Equo, desde donde López de Uralde declaraba que “las primarias de Podemos les alejaban de una candidatura de confluencia”. ICV recordaba que no impulsa Ahora en Común para las generales pero lo ve “buena idea” y MES se “siente ofendida por la reserva de puestos” en las listas de Podemos, pero escuchará “con atención” las propuestas de ‘Ahora en común’. Hoy por hoy, de entre todos esos los partidos periféricos solo Compromís estudiará ir junto a Podemos a las Generales.

– Se desoyen las peticiones de corregir el reglamento que trasladaron a la dirección nacional los Consejos Ciudadanos de Baleares, País Vasco, Aragón, Madrid y Asturias, así como más de 500 cargos y líderes del partido de toda España, estos últimos a través del manifiestoPodemos es Participación’, con el que quieren recoger firmas para forzar la consulta. Son casi 8.000 las recogidas desde que se lanzó el manifiesto el pasado lunes, pero un censo que continúa paralizado e inflado más allá de los 350.000 afiliados se levanta como un muro para cualquier petición que provenga de las bases.

– Surge Ahora en Común como recuperación del proceso participativo desde abajo y desborde siguiendo el modelo ganador de Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Zaragoza en Común… como “un acuerdo en torno a una serie de puntos programáticos de sentido común que reflejen el consenso social de nuestro tiempo: la necesidad de recuperar la soberanía, regenerar y profundizar la democracia, restituir la decencia y la transparencia en el ejercicio de la función pública, defender la universalidad de los derechos humanos (educación, sanidad, alimentación, vivienda y trabajo) y establecer la dignidad, la igualdad, la sostenibilidad, la participación y la justicia” […]. En el texto ya se observan varios guiños a Podemos en una forma de comunicar que reconoce sus logros y fórmulas comunicativas exitosas como “sentido común”.

Luis Alegre acude al primer gran debate sobre la confluencia -“te imaginas todos juntos“- y afirma que aunque “Podemos está ahora en pleno proceso de primarias, eso no significa que hayan establecido que Podemos es ya el espacio de la unidad popular, aún les falta mucha gente“. A su vez, la eurodiputada por Podemos Lola Sánchez se desmarca de la posición oficial de su partido y asegura que “Podemos y Ahora en Común deberían integrarse”.

¿Cómo reacciona la ejecutiva de Podemos y sus seguidores desde los medios de comunicación? Como quien sigue gritando desde un plató de La Sexta o Telecinco frente a los ladridos de los opinadores de turno.

Santiago Alba Rico publica una columna en Público.es en la que expresa una idea central y alocada que dinamita el debate y deslegitima a todos los que creemos que Ahora en Común aparece para encauzar el looping vertical de Podemos, agrupar a la totalidad de las fuerzas políticas y sociales contra las políticas austericidas en toda su pluralidad y ganar las elecciones como primer meta de un proceso más amplio;

“¿Podría ocurrir algo peor que el hecho de que la dirección de Podemos declare su intención de no ganar las elecciones? Sí, que un grupo mixto de izquierdistas líquidos y sólidos se una con el propósito de que Podemos las pierda.”

Emmanuel Rodríguez, una de las caras visibles de Ahora en Común emite un mensaje conciliador como respuesta: “no pretendemos competir con Podemos“. El pasado 4 de junio ya concluía: “si Podemos acude en solitario a las elecciones de noviembre, los resultados más probables auguran un techo en torno al 13 o el 14%: es evidente que Podemos tiene que ser algo más que Podemos en las próximas elecciones”.

Alberto Garzón advierte: “esto no puede ser una iniciativa contra Podemos ni Iglesias (…) el beneficio de la mayoría debe estar por encima de la siglas“.

Las repuestas de los dirigentes de Podemos a través de los medios eluden cualquier tipo de debate sobre la confluencia y descalifican sin más. Pablo Iglesias dice que “Ahora en Común es IU“, que actúa como “eje vertebrador” e invita a los críticos a dejar Podemos. Ahora en Común es “una coalición de izquierdas” a pesar de que se haya manifestado que se construirá siguiendo el ejemplo de Ahora Madrid entre otros y dejando atrás las siglas. Barcelona en Comú también se constituyó como una coalición de partidos de izquierda (y ganó), pero no se escucha crítica alguna al respecto.

El cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero asegura que “una suma de cabecitas de ratón no construye sino un ratón Frankenstein”, y sin embargo, está describiendo las candidaturas de unidad popular victoriosas en las pasadas elecciones municipales. Otro de sus argumentos es que cuando ve a ciertos tertulianos “defender un frente popular de izquierdas, queda claro que se debe ir en la dirección opuesta”. En un último alarde de lucidez observa Ahora en Común como un “oportunismo que hay que mirar con sospecha”, cuando es producto de la esperanza que despertó el resultado de las municipales.

Iñigo Errejón tampoco enriquece el “debate” público cuando desecha de un plumazo no solo a IU, sino además a las Mareas, Compromís, ICV, Mes, Equo, etc.; “dimos una pequeña sacudida al tablero político y hay damnificados que intentan concurrir a las siguientes elecciones con mejores perspectivas. Es completamente legítimo, pero para nosotros no es el camino para una mayoría de cambio”. La mayoría del cambio pasa -pues- por dejar fuera a todas esas fuerzas afines si no se disuelven para engrosar las filas de Podemos.

Las palabras de Pablo Echenique -“Podemos es el mejor lugar para hacer activismo y cambiar la sociedad, la herramienta más potente para mejorar nuestro país”- y Rafa Mayoral -“la única alternativa que existe a las políticas austericidas”- vuelven a repetir fórmulas chovinistas de propaganda que caen en el mismo error: ausencia de generosidad, narcisismo y menosprecio a la pluralidad.

Ayer mismo, Pablo Iglesias volvió a mentir en referencia a Izquierda Unida, que lleva años apostando por la convergencia -eso sí- sin más cristalización que la del grupo La Izquierda Plural: “A algunos sólo después de los resultados electorales les ha entrado la prisa por la confluencia”, y quiso hacer más sangre para denominarla “el pitufo gruñón” de Podemos, definiendo su estrategia comunicativa como un todo basado en términos de corte estalinista. “Cenizos, tristones, aburridos, amargados…” ya saben.

El rencoroso argumentario de parvulario al que Podemos recurre para interpelar a Ahora En Común se reduce a un mensaje: nosotros teníamos razón con las primarias abiertas, con el lenguaje en el discurso, con la simplificación del programa a partir de reivindicaciones que afectan al común de los de abajo, con soltar el lastre de lo demonizado o lo que “no interesa”. Su 14% obtenido en las autonómicas es suficiente prueba.

Tenían razón, pero no solo eso. Son unos visionarios y nos repiten el mantra: volveremos a tenerla con nuestras últimas decisiones -a saber- las primarias plancha, los oídos sordos a la crítica interna y externa, la unidad admitida solo como disgregación de la pluralidad y absorción de los demás, la ruptura pública y confrontación con aquellos que no acepten su peculiar manera de entender la unidad popular, el inmovilismo ante las nuevas circunstancias ilusionantes de los comicios municipales…

Recordemos, la mayor parte de las encuestas concedieron a Podemos mejor resultado que el que luego obtuvo en las Autonómicas. Seis días antes de las mismas, Metroscopia le daba un 16,9% en Valencia pero obtuvo un 11,55%; 13% en Extremadura pero se quedó en un 8,02%; 12,6% en Castilla la Mancha pero no pasó del 9,75%; 22,5% en Aragón y llegó al 20,56%; 20,7% en fin en Madrid pero 18,64% fue el resultado final. Volverán a tener razón y se moverán en una horquilla entre el 15 y 20%, pero no ganarán porque -efectivamente- Podemos “no es la tabla de salvación de nadie” como bien dice Iglesias, al contrario, Ahora en Común está en mejor disposición de convertirse en la tabla de salvación de Podemos e instrumento de todas las que luchan por un primer cambio en las políticas y las estructuras.  Llámenme cenizo, pero pregunten a sus círculos si piensan lo mismo.

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