Georgina Hassan: «La esperanza que nos motoriza es la que necesitamos»

“Mi abuela me enseñó a quitarme el calor dejando correr el agua sobre mis muñecas. Volviendo del mercado, doy agua a cinco jazmines desde el centro de su flor. Me descalzo. Estoy en casa”.
Ceremonias del agua, Georgina Hassan
En el marco de las actividades realizadas en Argentina a propósito de haberse cumplido 50 años del inicio de la dictadura más sangrienta del país, la cantautora argentina Georgina Hassan ha presentado y compartido una nueva composición que lleva por título «Décimas de Nunca Más».
El vídeo de las décimas es una hermosa y dolorosa síntesis dedicada a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, referentes ineludibles en nuestra historia.
Georgina viene trabajando con mucho esfuerzo y perseverancia en el cancionero popular argentino y tiene la virtud de haber publicado cinco discos desde aquel «Primera luna» de 2005.
La mayor parte de su repertorio es de su autoría, y esto también es muy valioso porque ha decidido emprender un camino muy esencial, muy propio y colectivo, pero con una impronta particular.
Sus trabajos, no obstante, son una búsqueda constante en las raíces latinoamericanas, pero también con algunas interpretaciones vinculadas a sus ancestros españoles.
Ha recorrido diversos países de Latinoamérica y Europa y ha compartido discos y escenarios con figuras como Marta Gómez, Lisandro Aristimuño, Liliana Herrero, Inti-Illimani, Manuel García, Raly Barrionuevo, Carlos “Negro” Aguirre, Lito Vitale, Kepa Junkera, Chango Spasiuk, entre muchos otros.
Docente, compositora, escritora, esmerada productora de álbumes bellamente editados, Hassan ha sentido la necesidad de hilvanar la memoria en tiempos devastadores.
Para ello, contó con la colaboración de dos próceres de la música popular argentina: León Gieco y Teresa Parodi. Y sumó al músico Pedro Rossi en guitarra.

Memoria, verdad y justicia
¿Estamos ante una canción bisagra en tu carrera? Lo pregunto porque percibo una especie de síntesis existencial personal que reúne, no por casualidad, a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y a León Gieco y Teresa Parodi: nada más argentino y a la vez histórico y emocional. Una especie de universo que nos sintetiza a muchos.
Yo creo que sí, que es una canción bisagra, fundamentalmente porque llega en un momento donde hace falta volver a levantar con más fuerza que nunca las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Grabarla junto a León y Teresa fue además una manera de unir diferentes generaciones. Escuchar mi canción en sus voces me provocó una emoción profunda porque son las voces de nuestra historia como pueblo; su decir, su obrar han tenido siempre una coherencia y un compromiso enormes.
Por otro lado, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son un ejemplo mundial de lucha y, a pesar de que las vamos viendo partir, la búsqueda no ha cesado. Aún hay genocidas y cómplices que tienen información sobre los desaparecidos y los nietos apropiados. Mientras no hablen, mientras no se abran los archivos, los crímenes se siguen perpetuando. Se trata de una herida vigente, una herida profunda que no cierra.

NACIMIENTO DE LAS DÉCIMAS
La idea de sumarte a la gran cantidad de actividades y producciones que se realizaron con motivo del 50 aniversario del golpe, ¿fue una idea que venías trabajando desde hace tiempo o fue espontánea?
Fue espontánea, como una corazonada, una necesidad impostergable. Escribí esta canción hace dos años y aún no la había grabado. La venía cantando en vivo, pero no encontraba el modo en que quería registrarla.
En febrero de este año tuvimos la certeza, mi marido Gustavo Segal y yo, de que tenía que salir conmemorando los 50 años del golpe. Yo ya sabía que quería grabarla con Teresa y León, pero sumé en el deseo a Pedro Rossi, que grabó la segunda guitarra.
Además, les escribí a mis hermanos Ariel y Luis Hassan para que realizaran un vídeo que acompañara la canción. Lo que crearon es realmente una maravilla. El vídeo toma imágenes icónicas de la lucha de Abuelas y Madres y potencia e impulsa lo que la canción ya manifestaba.
He visto una cobertura periodística que ha superado mis expectativas en cuanto a la repercusión que tuvo este trabajo en los medios de distinto color ideológico del país. ¿Por qué crees que ha pasado?
Porque creo, como dije antes, que estamos viviendo un momento de puja de la narrativa de nuestra historia. Estamos bajo un gobierno que no solamente es negacionista, sino que reivindica el genocidio, la tortura, la desaparición de personas y la apropiación de bebés. Entonces, lo que ya se dijo muchas veces y parecía ser un consenso social, una temática en la que todos estábamos alineados, hoy se vuelve un terreno en discordia. La verdad como territorio de puja. Por eso creo que lo que enuncia la canción Décimas de Nunca Más toma una mayor relevancia que en años anteriores y actualiza la lucha.
TIEMPOS DEPREDADORES
La historia es la que es, pero nunca imaginamos, después de tanta lucha, ver partir a las últimas Madres y Abuelas bajo un gobierno depredador y obsceno como el que tenemos.
Si bien hay un contexto internacional en este sentido, ¿qué pensás que hicimos mal como sociedad? ¿Hubo una reflexión profunda de por qué llegamos hasta aquí?
Creo que estamos todos como mareados tratando de entender, de encontrar la punta del ovillo, pero cuando mirás el mundo, te das cuenta de que la derecha está de moda, la narrativa del individualismo, de la meritocracia, del desprecio por nuestro igual, la pereza que genera pensar, reflexionar o ponerse una mano en el corazón.
Lo que hicimos mal, tal vez, es dar por sentado el sentido común, el pensamiento crítico. Creímos que todos valorábamos los logros que se habían conseguido: un Estado presente y protector de los más vulnerables, políticas de inclusión social, el reconocimiento del trabajo de las amas de casa que pudieron jubilarse, el derecho a una vivienda propia, la ley del aborto, el casamiento igualitario y tantas cosas más que fueron avances, conquistas valiosísimas. Todas esas conquistas fueron desmanteladas, otra vez a través de una narrativa manipulada por los medios hegemónicos. Esos derechos ahora se narran como “privilegios”.
Por supuesto que hubo miles de errores desde la dirigencia, especialmente por su fragmentación que aún continúa, pero es muy doloroso que aún hoy, con el deterioro social y económico que estamos padeciendo, la gente siga repitiendo los discursos hegemónicos y confundiendo al enemigo.

LA ESPERANZA COMO MOTOR
Una palabra que a mí me gusta mucho y que, según el filósofo Byun-Chun Han, es, en estos tiempos, revolucionaria, es esperanza.
Aparece en la primera estrofa de tus décimas. No es casualidad.
No, no es casual. Necesitamos de la esperanza, la esperanza activa, la esperanza que canta.
La esperanza es ver a nuestras pibas y pibes que no vivieron la dictadura yendo a la plaza con sus carteles, poniendo el cuerpo y el canto. La esperanza es el millón de personas que llenamos la plaza en familia. Esa esperanza, la esperanza que no se sienta a esperar, sino que motoriza, que piensa y repiensa, es la que necesitamos.
Y me quedo con la definición de Balzac: “La esperanza es una memoria que desea”.
Hay un momento en el tema que me parece fundamental y es cuando decís:»Yo no quiero este silencio, ni este miedo que regresa». Es un claro posicionamiento como ciudadana, más allá de todo. Como habitante de esta tierra.
Sí, es así, aunque no fue premeditado. Nada de lo que digo en la letra de la canción fue especulado; salió como un manifiesto, como la necesidad de sacar algo que me estaba ahogando y que es mío, pero también de todes. Es momento de posicionarse y no se trata de ser inflexible, sino de sincerarse, salir del letargo, del modo anestesiado.

En las últimas dos entrevistas que le realicé al recordado poeta, escritor y dramaturgo Vicente Zito Lema, se preguntó algo que me quedó grabado: ¿qué hacemos cada uno en los tiempos del rencor? ¿Y qué hacemos con el amor? ¿Las décimas responden en parte a esas preguntas?
Generamos comunidad, presencia real, “defendemos la alegría como una trinchera”, tratamos de sostenernos, generar red, red real.
Y el amor es lo que nos sostiene siempre, es el refugio más poderoso.
EL ARTE NOS RECUERDA LO HUMANO
¿Cuál es la función del arte para Georgina Hassan hoy?
Quizás despertarnos, nuclearnos, motorizarnos, generar un nuevo pensamiento, generar más arte. El arte mueve fibras más profundas que los debates y las discusiones violentas de las redes. Esto no significa que no haya que seguir debatiendo; hay que generar todos los espacios posibles de reflexión. Pero el arte va al hueso, a lo ancestral, nos recuerda lo humano. Como los cuentos, la música genera un lugar frente al fuego donde empieza otra vez la conversación, el encuentro de la manada.
¿Cómo gestionás esta especie de precarización de la vida social, política, económica y cultural siendo una cantautora alejada de las enormes discográficas y de las megaproducciones?
Siempre fui una artista independiente por elección; mi música se difunde de boca en boca, de oído en oído. Nunca tuve interés en entrar en un circuito comercial; no habría podido aceptar que me dijeran qué debía cantar y qué no.
Tengo un camino propio que me ha dado muchas satisfacciones, encuentros bellísimos con artistas y con público de todo el mundo. Vivo de la música como una artesana. Me gusta mi vida: hago canciones, conciertos y giras cuando quiero, sigo siendo docente porque aprendo y me potencio con mis alumnos, y además soy estudiante universitaria. Hace tres años comencé la carrera de Artes de la Escritura y me encanta.
Tengo la suerte entonces de trabajar de lo que amo y, como si eso fuera poco, tengo una familia hermosa.

Los Hassan son una familia de seres vinculados al arte y a la cultura argentina y latinoamericana. Me gustaría, para terminar, que le dedicaras unas palabras a tu padre, recientemente fallecido, que nos llenó de gozo durante más de cuatro décadas con su voz de tenor en el legendario grupo Opus Cuatro.
Papá nos enseñó a buscar lo que nos hiciera feliz. Además de ser músico, él y mi mamá eran escribanos. Mis hermanos y yo podríamos haber seguido ese camino y seguramente hubiéramos tenido una mayor “estabilidad” económica. Sin embargo, ni mi mamá ni mi papá nos marcaron nunca la cancha. Siempre apoyaron e impulsaron de todas las maneras posibles el camino que cada uno de nosotros eligió.
Mi papá era alguien a quien empezabas a querer un minuto después de conocerlo. Era tierno, divertido y solidario. Todo ese amor, toda esa música la llevo en mí y en mi voz.

