La Tienda Republicana

Paco Campos

Hacia una filosofía interesante

Antes con un mismo léxico filosófico se contraponía, por ejemplo, racionalismo y empirismo. Rorty tiene otro apunte interesante en La contingencia del lenguaje (1986) que versa sobre la necesidad de renovar el léxico que se haya convertido en un estorbo; esto es, sustituir un léxico vacío, incoherente, confuso, o simplemente estéril, por otro que por joven y por desarrollar sea lo suficientemente atractivo de cara a conseguir grandes cosas, dice. Ese es el camino, no que haya términos que se desestimen o argumentos clásicos que se consideren innecesarios.

El yo que hace y deshace

Los que hemos sido educados de forma representacional, que no somos pocos, forma ésta acrecentada por la fiebre de los psicólogos que creen que lo que dicen, y no paran de decir cosas, tiene en nuestra mente una representación por la cual comprendemos las cosas, y así sucesivamente… diría yo -> y así nos va. Pues bien, este mismo vicio, esa misma tendencia, tiene su origen en las gnoseologías que predican al sujeto por un lado y al objeto (el mundo) por otro, sin reparar en nada más que en esa especie de fideísmo de las mediaciones.

El amor al prestigio autoritario

Dewey en La Busca de la Certeza (1929) carga contra el autoritarismo proveniente de los principios morales universalistas kantianos, que la tradición europea siempre depositó, desde Aristóteles, en la razón y en la especificidad del lenguaje como producto humano que nos diferencia de las bestias. El hilo conductor razón-lenguaje-conciencia moral, que tan bien le ha venido a las religiones occidentales en todas sus facciones bíblicas, ha sido la garantía para repudiar al evolucionismo.

La tesis fuerte del pragmatismo filosófico

Una manera cómoda de acceder al meollo filosófico de Richard Rorty puede ser leyendo directamente la primera conferencia que dio en el University College de Londres en 1986 y que luego fue recogida en forma de libro en 1989, junto con otras más, con el título Contingencia, ironía y solidaridad. Posiblemente sea este título el más valorado de Rorty, después de su famoso The linguistic turn (1967). La conferencia en cuestión se denomina “La contingencia del lenguaje” y aparece en ella una de las tesis fuertes del pragmatismo filosófico contemporáneo.

La tesis fuerte del pragmatismo filosófico

Una manera cómoda de acceder al meollo filosófico de Richard Rorty puede ser leyendo directamente la primera conferencia que dio en el University College de Londres en 1986 y que luego fue recogida en forma de libro en 1989, junto con otras más, con el título Contingencia, ironía y solidaridad. Posiblemente sea este título el más valorado de Rorty, después de su famoso The linguistic turn (1967). La conferencia en cuestión se denomina “La contingencia del lenguaje” y aparece en ella una de las tesis fuertes del pragmatismo filosófico contemporáneo.

La clarividencia de los pragmatistas

Da gusto leer a Dewey, y sobre todo a su seguidor Rorty, del que se ha dicho es la pluma de la filosofía más amena después de Russell; y es verdad, ya lo creo. Por ejemplo, qué diferencia entre sus artículos de ética, de la ética sin obligaciones universales, y los ladrillos con que nos saluda el El País escritos por ese manojo de catedráticas de universidad más próximas al monjerío, a la moralidad que a las costumbres, los hábitos, la convivencia o la eficacia, esto es, a la prudencia.

¿Sabes las reglas o las practicas?

Como se me ocurra decir por qué sé esto o aquello no me irá del todo bien. Sin embargo, si tuviera que decir cómo hago tal cosa, no tendría nada más que hacerla, y si el interlocutor no está satisfecho, la haría de nuevo y así hasta que comprobara que para saber hacer una cosa, no tengo por qué tener autoconfirmaciones (¿), sino exhibirla, mostrarla tal cual es tantas veces como se quiera.

¿Es suficiente la concepción semántica de la verdad?

Siempre hemos creído que sí. Cuando describimos lo que ocurre, posiblemente guiados por ese realismo ingenuo con el que nos hacemos conocer en este mundo, todo cuadra perfectamente; es más, si la observación científica no se basara en ese realismo –no ya ingenuo, sino epistemológico- no podría hacer extensivas sus explicaciones. Así sucesivamente en casi todos los momentos. Parece difícil encontrar alguna excepción en esta concepción semántica basada en el valor del predicado de las proporciones de verdad.

El animalismo, una antropomornización desbordada

Todo parte de ese intento de diferenciación, de aislamiento, de lo que los cristianos llaman “naturaleza humana”, creyendo en ella como un existente al que se le pueden atribuir propiedades y características morales, no digamos religiosas e incluso políticas -> no olvidemos esos ideólogos de la derecha que defienden la vida como algo que Dios nos da y que sólo Él puede quitar, y donde el Hombre es mero sujeto pasivo –aborto, eutanasia…

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