La Tienda Republicana

Paco Campos

Configuraciones que desorientan

Qué poco necesitamos para predicar que tenemos imágenes, que poseemos formas que podemos representar cuando queramos, y que esas representaciones además tienen colores y situación a voluntad propia… como si tuviéramos una maquinaria reproductora, incluso del mundo tridimensional; y qué perplejos quedamos cuando nos dicen que para decir que tenemos imágenes se requiere, al menos, un espacio. Lo demás son configuraciones peligrosas que desorientan.

Nihilismo, o la pérdida de sentido

    Estos días he estado releyendo una de las clases que impartió Heidegger de 1936 a 1940 en la universidad de Friburgo sobre Nietzsche, buscando en el nihilismo una justificación para estos tiempos modernos europeos, porque me da la impresión de haber perdido no ya el interés por las cosas, sino que las cosas no merecen interés alguno por sí solas, no merecen atención si no se las rentabiliza de alguna manera, advirtiendo con ello que la base de nuestra existencia no es otra que un nihilismo encubierto por la circunst

Convicciones innecesarias

Deberíamos replantearnos con atino la necesidad de organizar nuestras creencias y deseos para liberarnos de convicciones que viven con nosotros desde tiempo inmemorial y que muchas veces nos llevan a ser dependientes de ellas hasta el punto de no tener argumentos para desdecirlas o cuestionarlas mínimamente. Preocupación ésta que advertí leyendo a Rorty en los Escritos Filosóficos 4, concretamente en un artículo de 2004 sobre la perspectiva pragmatista.

Por qué la filosofía desconcierta

Al menos produce expectación, pero sobre todo tiende en el expectante a resolver líos de comprensión o interpretación entre humanos. Por encima, previo a todo lo anterior, la filosofía produce en el hombre un anhelo consistente en quedar instalado en la convicción, en el territorio de la plenitud y en el rigor intelectual, ese que lleva consigo la suficiencia e incluso la felicidad, como si de un  Sócrates, Platón o Aristóteles se tratara. Ese es el ideal kantiano que todavía emblandece conciencias tan especiales como las del mismísimo Habermas.

Ser solidario no es una contemplación

No es fácil ser solidario. Sí de boquilla, pero poco más. La palabra es imprecisa, a no ser que conceptos tales como ‘nosotros’ y ‘ellos’ sean equivalentes, tengan el mismo valor -sin precisar para qué o en tanto a qué. La solidaridad de la ONU es obligatoriedad sin voluntariedad. Pasa igual con el cristianismo que iguala al género humano en una especie universalismo donde Hitler y Franco, Ana Frank y García Lorca son criaturas de Dios sin incompatibilidades entre sí.

Tendemos a lo correcto

La secularización, el ir con los tiempos, es clave para el progreso, de lo contrario estaríamos anclados en la teocracia, tal y como sucede en países de tradición milenarista -concepción cristiana también aplicable a otras culturas como la árabe o india, por decir algo. Lo interesante ahora es saber si hubiera compatibilidades ->los integracionistas dicen que sí, los demás suelen separar las culturas de las estructuras. Con su pan se coman ambos… el coco da mucho de sí, compañero.

Auge de la intransigencia

La democratización de Europa se enfrenta hoy al antagonismo resultante de la intransigencia, intolerancia y autoritarismo surgido por la ya conocida contradicción entre la base material y la ideología, entre ciudadanos proletarizados y a su vez ilustrados -> la correspondencia entre ambos dominios provoca un fenómeno irracional por la pervivencia y autodefensa.

Contingencia

Cuántas veces he oído la importancia que tiene distinguir entre lo necesario y lo contingente, entre lo que se basa en principios de racionalidad, moralidad y verdad, y lo que es producto de los accidentes de las cosas y, por tanto, es irrelevante porque no permanece en el tiempo, no sirve para norma de conducta o cambia de criterio según la circunstancia.

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