La Tienda Republicana

Paco Campos

Narrativas naturalistas

Todos sabemos lo que el neopragmatismo norteamericano actual le debe a Wittgenstein en lo concerniente al tratamiento positivo del lenguaje, esto es, en lo que sirve para resolver dificultades y promover entendimientos… tan útiles en la política democrática que practicamos en el Atlántico Norte, hasta el punto de rezumar posibilidades de aplicación en cualquiera de las noticias diarias, y mucho más en los debates y comparecencias parlamentarias, tan pobres en nuestro caso español, que achaco a no de identificar ‘política’ y ‘democracia’.

Los nuevos tiempos, cada vez más cerca

Una de mis últimas clases estuvo dedicada a cómo contribuir a un tiempo nuevo en el que predominara la tolerancia y la solidaridad como marchamo de una sociedad democrática y liberal. Veo cómo generaciones o grupos de jóvenes mantienen un enfoque muy diferente al tradicional para comprender el designio del mundo de la vida, que no es otro que el que nos depara el día a día con todas las vicisitudes que concurren de manera indeterminada e impredecible. Basta abrir un diario para mascar el horror de nuestros congéneres.

Cada vez más finitistas

Rorty en los Escritos filosóficos 4 (2007) preconiza para el hombre una actitud orientada al sentido común del alejamiento de la infinitud. Que la filosofía ya no es principio de algo, sino que nos sirve para una vida horizontal, que no mira, dice, a lo alto en busca de un marco en el que asomarnos buscando abismos inefables. Somos  individuos que al morir sólo nos descomponemos.

Mi última aportación

Se trata de la última contribución a un blog que inicié hace cinco años sobre el pragmatismo de la regla (camposfilosoficos.blogspot.com/).

Ayer pensé sobre la conveniencia de un punto filosófico a añadir a todo este barrunto político de final incierto, al que el pragmatismo filosófico debe acudir para despejar nocivos presagios y para hacer notar la fuerza de la práctica sobre la especulación, de la experiencia sobre el quietismo, del activismo sobre el negacionismo. En cierto modo todo puede obedecer a la confrontación, que aparece y desaparece, entre creacionismo y evolución.

Qué tiene de autoridad intrínseca la ley moral

La sociedad política autoritaria cree que hay obligaciones universales. Cree en principios. Estos principios están fuera de todo tiempo y lugar, y no pueden ser medidos a capricho de las gentes, porque o bien son mandatos de Dios, o bien son tan naturales como los humanos, y por ende no hay por qué justificarlos. En Bilbao a un matador de toros que despreció las banderillas adornadas con los colores de la ikurriña, y sacó de su esportón otras con colores de la bandera española, dijo que lo hizo porque sus principios le impedían aceptar otros colores, dado que, ante todo era español.

Superar la tradición racionalista

Porque comprobamos empíricamente y a diario que se repiten constantemente los conflictos de intereses; caemos y volvemos a caer en contradicciones a las que ni hacemos caso, contradicciones que viven con nosotros, que forman parte de nosotros por mor de la geografía -el mundo de las pateras y sus ocupantes. Pero seguimos reproduciendo la cultura occidentalista por considerarla mejor, y no alcanzamos a intercambiar creencias y deseos.

Pluralismo e imparcialidad

La justicia de las democracias liberales está marcada por la pluralidad, y por eso cabe reflexionar desde la filosofía para que la justicia sea útil a los ciudadanos. Porque ya no es la antigua verdad del filósofo sacralizado la que está en juego (quedó olvidada en el túnel del tiempo) sino pequeñas precisiones que conforman matices suficientes como para ser materia de acuerdos entre opuestos. Y no la visión ciega de la justicia como principio absoluto desgajado de la verdad democrática, es decir, de la verdad política de las sociedades liberales.

¿Es lo moderno lo nuevo?

Siempre hemos creído que sí, pero hay una versión distinta de lo moderno que lo relaciona con lo clásico. Visto así, lo clásico no tiene por qué se antiguo, sino lo que tiene capacidad de actualizarse para perpetuar en el tiempo. Habermas, filósofo defensor de la modernidad como factor cultural y no sólo estético, considera que la versión que equipara lo clásico y lo moderno no tiene por qué apelar al tiempo histórico.

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