La Tienda Republicana

Paco Campos

A qué remiten los términos

Dónde creemos que nos llevan las palabras con las que nombramos. Los metafísicos están convencidos que las suyas se refieren a cosas, realidades, dicen, que son permanentes porque tienen una esencia. No dudan un ápice de ello; es más, como ni siquiera llaman la atención del sentido común, están tan contentos y orgullosos de manejar un pensamiento profundo, diferenciado por un lenguaje verdadero.

Redescubrir la educación

Posiblemente uno de los tratamientos filosóficos más originales y abiertos sobre la crítica a la tradición socrática, lo haya llevado a cabo Rorty, no ya siguiendo la huella de Dewey, que también, sino, sobre todo, por el acercamiento de la filosofía a la literatura. Y en ese cometido, de casta le viene al galgo, está la educación, mejor, la práctica educativa, que tiene como protagonista la figura del ironista liberal que se mofa, es un decir, del sentido común porque lo considera una simpleza que ata y sujeta la imaginación y cualquier alternativa de progreso.

El reducto liberal

Sé lo reiterativo que soy dándole vueltas a Richard Rorty. Soy como el que encuentra una mina, un fondo de cosas, donde mejor que allí no se está en ninguna parte. Y me gusta volver a mirar y repasar el ideario encontrado, no creyendo que hago con él una figura, sí asumiendo su carácter de mosaico, de composición permanente.

Suponemos demasiado

Como funcionamos de alguna manera, no reparamos en algunas cosas que deberían preocuparnos. No advertimos que mantenemos cierto tipo de creencias sin necesidad de ponerlas a punto. Pienso, siguiendo la filosofía de Donald Davidson (1985), si tiene el lenguaje algún cometido. Lo digo porque andamos confiados pensando que representamos algo con él, o que nos sirve para la creación de algo inédito. Tenemos demasiados pájaros en la cabeza que nos convierten en seres suicidas.

El mundo está “ahí fuera”, o no

Filósofos como Rorty, Goodman, Putnam o Davidson hace tiempo que vienen diciendo que una de las creencias sobre la que ha descansado la idea de un mundo exterior al que hemos de conocer inapelablemente porque es algo que funciona, porque evoluciona por la ciencia misma, es la de un mundo que está ‘ahí afuera’… algo así como otro al que debemos dirigirnos como si fuera una especie de nosotros con el que podemos dialogar.

Lo humano y el mundo (exterior)

Los hombres hemos fabricado un léxico, y con él hablamos del mundo: científicos, filósofos y la gente lo objetivamos, predicamos de él asignándole nombres propios lógicos (los nombres comunes gramaticales) y a ellos agregamos predicados, propiedades de lo más diverso, aunque quepa la posibilidad de usarlo sin ningún tipo de disquisición, tal y como propuso Wittgenstein en su segunda etapa, la del significado como uso. Pero preferimos el lenguaje como representación.

El éxito de los chinos

Ho Chi Minh en un informe hecho en 1954 sobre la nueva situación advenida por la presencia USA en Vietnam dice que al lado de nuestros éxitos en el campo militar, hemos empezado a lograr otros en el frente antifeudal. Si los primeros ejercen sus buenos efectos sobre la movilización de las masas para la realización de la reforma agraria, los segundos influyen felizmente en la lucha antiimperialista. Nuestros éxitos entusiasman a nuestro pueblo y a los del mundo…

Humanos y castores

Una de las características más atractivas del pragmatismo es la imaginación, la capacidad para sugerir e inventar nuevas formas útiles para la sociedad. Rorty la contrapone a la fuerza -> Ulises más permeable que  Aquiles, y esto ha de servirnos porque toda nuestra vida está repleta de pequeñas situaciones a las que acceder con sugerencias, como el oficio de los castores que van y vienen probando, sugiriendo soluciones útiles socialmente para su grey.

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