La histórica activista Paca Blanco recibe una orden de desahucio
- La vivienda en la que reside Paca Blanco desde hace más de 10 años fue adjudicada a su hijo. A pesar de que Blanco ha intentado regularizar su situación, la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo del Ayuntamiento de Madrid pretende desahuciar a la conocida activista.
- Paca Blanco es un referente unánime dentro de las luchas que se han producido durante las últimas décadas en defensa del medio ambiente y de la dignidad de las personas que, como ella, no han tenido una vida fácil.
- Colectivos de vivienda, ecologistas y anticapitalistas de todo el Estado español exigen que se reconozca el derecho de Paca Blanco, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos.

Un juzgado de primera instancia de Madrid ha enviado a Paca Blanco, de 77 años, una orden de desahucio de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) del Ayuntamiento de Madrid. Tras más de una década residiendo en una vivienda que la EMVS adjudicó a su hijo, y a pesar de intentar regularizar su situación, la EMVS quiere desahuciar a la histórica activista.
Una batalla de clases
La cuestión de la vivienda es uno de los núcleos de la batalla política y social en el Estado español, y es así porque el mercado de vivienda se constituye en uno de los elementos de generación de riqueza y desigualdad más importantes. Además, el impacto del turismo masivo ha sido enorme en los últimos años y ha multiplicado el uso especulativo de la vivienda, dejando el valor social de la vivienda en una caricatura.
El uso financiero de la vivienda es una lucha de clases porque constituye un mercado en el que los grandes capitalistas generan beneficios extremos, las clases medias copan parte del pastel acumulando inversiones mientras las clases populares se ven expulsadas.
La ley no protege a los sectores que realmente lo necesitan. La vivienda social es insuficiente y la construcción de vivienda protegida, en muchos casos, solo ha sido una forma de garantizar el negocio de venta de vivienda para clases medias.
Paca se fue a vivir junto a su hijo al piso de la EMVS que le habían adjudicado. Su hijo se marchó y desde ese momento Paca intentó subrogarse en el contrato de alquiler. Paca ha vivido y vive allí legítimamente, tratando desde hace años de que el ayuntamiento la reconozca y le permita pagar el alquiler social correspondiente y regularizar su situación. Pero no ha sido así: el Ayuntamiento de Madrid se lo ha negado durante años, y el último año, cuando ha podido pagarlo, lo ha hecho, pero no la han reconocido como inquilina de la vivienda pública por la que envía una renta cada mes.
Paca es una de las miles de historias de precariedad: una mujer que ha trabajado toda su vida, se ha entregado a luchas ecologistas y sociales y ha sacado adelante a cinco hijos. Una mujer con una actividad social de primer nivel y que tiene el reconocimiento de sus compañeras en Madrid, en Extremadura y en todo el Estado español.
Paca sufrió el internamiento en el Patronato de la Mujer del franquismo, donde miles de niñas y mujeres fueron encarceladas y torturadas sin proceso ni defensa, donde se robaron niños y se intentó disciplinar a las mujeres de las clases más desfavorecidas.
Paca no se dejó disciplinar, pero hereda la persecución a la que toda su clase ha sido sometida: precarización laboral, dificultades económicas y carencia de vivienda. No es la primera vez: Paca ya fue expulsada de una vivienda que había comprado en El Gordo, Extremadura, cuando era coordinadora de Ecologistas en Acción en ese territorio y lideraba la campaña contra el resort de lujo Marina de Valdecañas. Ello le costó la persecución política y la agresión de los sectores más reaccionarios, que la amenazaron e intentaron quemar su vivienda.
Otra vez las instituciones intentan doblegar a Paca, arrebatándole su hogar y empujándola a la calle o a un nuevo internamiento en una institución para mayores.
Paca representa a los colectivos de vivienda, al ecologismo, a la lucha antinuclear y a la lucha política. Ahora, esos mismos colectivos y luchas exigen que se reconozca su derecho, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos, y una vida decente para todas las personas.
Paca somos todas.
