La Tienda Republicana

CGT manifiesta su malestar ante las nuevas incorporaciones en la dirección de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana

El sindicato apuesta por unir la legalidad a la ética.

 La Confederación General del Trabajo en FGV hace público su malestar y descontento por las últimas noticias aparecidas en los medios de comunicación a propósito de las nuevas incorporaciones en la dirección de FGV.

En primer lugar constatar una vez más el poder de la información. Gracias a los medios, más que a la propia dirección, somos conocedoras de los movimientos del organigrama de la empresa pública de la Generalitat que gestiona el metro de Valencia y el tranvía de Alicante, así como de los perfiles de quienes vienen a ocupar puestos que hacen rectificar nuevamente en un corto espacio de tiempo su estructura directiva.

Amparados en leyes de libre designación a las que no parecen querer poner límite, las últimas actuaciones no hacen más que ensanchar la brecha abierta entre las plantillas de los servicios públicos y quienes gestionan las empresas de toda la ciudadanía.

Desde este sindicato ya solicitamos que se acabara con la práctica de que las categorías intermedias fueran elegidas por la dirección al margen de los concursos públicos y transparentes de promoción profesional.

La legalidad heredada de gobiernos anteriores no parece estar en el camino de ser cuestionada ni cambiada.

De la nueva dirección esperábamos un cambio de rumbo que apostase por unir la legalidad a la ética y  por la dignificación del empleo público.

Después de asumir con nuestra pérdida salarial los primeros coletazos de la crisis económica, sufrimos la pérdida de 300 puestos de trabajo en un ERE que ha supuesto la precarización de este servicio público y  nuevos recortes salariales.

El ver cómo lo público se convierte en el lugar en el que se dirimen las disputas partidistas o en el que se da cabida a premios con sueldos que se supone sobrepasan en mucho las posibilidades presupuestarias (según se nos viene diciendo continuamente), no ayuda para nada al buen clima social. Ese en el que, quienes gestionan, sólo buscan la paz del silencio de los y las trabajadoras Ese en el que la única negociación que permiten es la de la renuncia a nuestros derechos.

Estamos a la espera de la negociación de un nuevo convenio. ¿Qué cuento van a ser ahora capaces de contarnos? ¿No les habían  dicho que se predicaba con el ejemplo?

Tristes  guerras -en este año hernandiano- las que nos esperan si las palabras no son respaldadas por la ética.

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