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Neus Catalá, la pionera luchadora Antifascista catalana muere a los 103 años

Neus Catalá, la última persona del Estado que sobrevivió al campo de concentración de Ravensbrück, ha muerto a los 103 años. Catalá nació el 6 de octubre de 1915 a los Guiamets, en la comarca del Priorat.

La voz de Neus Catalá, superviviente de dos campos de exterminio nazi, es un testimonio de lucha contra el olvido de una de las atrocidades humanas más impactantes. Enfermera, y comunista de vocación (durante la Guerra Civil formó parte de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña), en 1939 cruzó la frontera con 182 niños huérfanos y se instaló en Francia, donde se casó y colaboró con la Resistencia, en 1943 fue denunciada a los nazis. Fue apresada y deportada al campamento de Ravensbrück, a 90 kilómetros de Berlín, entre 1939 y 1945 fueron registradas allí 132.000 mujeres y niños, 20.000 hombres y 1.000 adolescentes, de ellas fueron asesinadas 92.000. Más adelante la trasladaron al de Flossenburg, hasta que fue liberada. Al salir se separó de Albert su compañero “las parejas que sobrevivieron al horror, dijo Neus, la mayoría no han podido volver a convivir juntas, porque ya no se sienten marido y mujer, sino hermanos”. Y es que en los campos de la muerte, conoció el infierno, pero también la solidaridad y la hermandad sin límites. Años más tarde volvió a casarse y aunque en Ravensbrück los nazis la esterilizaron, como al resto de mujeres pues era una práctica habitual, tuvo 2 hijos, un chico y una chica, que viven en Francia. Actualmente Neus Catalá vivía en un geriátrico en su pueblo natal, los Guiamets. Como los pájaros, que siempre vuelven al nido, para morir

El año 2015, con motivo de los cien años de su nacimiento y en reconocimiento de su lucha, recibió la Medalla de Oro de la Generalidad. Estas fueron sus palabras:

“Quise verlo todo.
Ver para poderlo explicar.
Explicar a todos lo que mis ojos han visto, porque es un deber.
Porque he sobrevivido y tengo un deber moral hacia las mujeres, las grandes olvidadas, que murieron en los campos de la muerte.
Mi padre me decía de pequeña: «No bajes nunca los ojos para nadie, nunca».
Lo quise mirar todo, y nunca, nunca, nunca, lloré ante un nazi. Era mi manera de resistir. Yo sólo lloraba por las noches, porque las noches se hacían eternas por el insomnio…Los nazis me quitaron el sueño, pero no me tomaron la libertad ni la vida."

* Corresponsalía Resumen Latinoamericano en Barcelona.

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