Se cumplen 79 años del fusilamiento de las 13 Rosas

El asesinato de 13 mujeres a manos de un pelotón de fusilamiento del régimen franquista tras un juicio sumarísimo fue uno de los momentos más representativos de la represión ejercida tras la guerra civil.

Monumento a las Trece Rosas en el cementerio de la Almudena / Álvaro Ibáñez

Corría el año 1939. Apenas habían pasado unos meses desde el final de la Guerra Civil y la maquinaria de represión del nuevo estado franquista funcionaba a pleno rendimiento. A los juicios sumarísimos le sucedían ejecuciones multitudinarias en una auténtica estrategia de revancha y exterminio del enemigo. La situación era tal, que incluso algunos líderes militares de la sublevación conocidos por su brutalidad represiva durante la contienda, como Queipo de Llano y Juan Yagüe, empezaban a alzar la voz contra la dinámica revanchista que se cebaba contra la población civil.

Los meses posteriores a la guerra fueron particularmente dramáticos en la capital. Tras la traición del Coronel Casado que permitió la entrada libremente en la ciudad de las tropas sublevadas sin ninguna resistencia y con miles de milicianos resistentes detenidos por el propio golpe interno, las posibilidades de reorganización de la oposición al nuevo régimen eran realmente escasas. En este escenario, las Juventudes Socialistas Unificadas trataban de adaptarse a la clandestinidad sin apenas medios y ante el peligro constante de la delación.

Entre abril y junio de 1939, gracias a las denuncias de quinta columnistas y la infiltración de figuras como el agente de policía Roberto Conesa, cientos de miembros de las organizaciones juveniles fueron detenidos. Entre las detenciones, figuraban los nombres de trece mujeres jóvenes, sospechosas de pertenecer o encontrarse en el entorno de las organizaciones juveniles de izquierda.

Blanca Brisac Vázquez, con 29 años, la mayor de ellas; Pilar Bueno Ibáñez, con 27 años; Martina Barroso García, con 24; Joaquina López Laffite, con 23 años; Ana López Gallego, con 21 años; Carmen Barrero Aguado, Elena Gil Olaya y Dionisia Manzanero Salas, con apenas 20 años; Julia Conesa Conesa y Adelina García Casillas, ambas con 19; Virtudes González García, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente, todas ellas  con solo 18 años.

Torturadas, amedrentadas para extraer confesiones y la delación de compañeras, las trece fueron conducidas a lo largo del mes de junio, junta a varias compañeras más a la cárcel de mujeres de las Ventas, un centro penitenciario preparado para albergar a un máximo de 400 mujeres donde vivían recluidas diez veces más.

El 27 de julio un atentado acaba con la vida del comandante Isaac Gabaldón en Talavera de la Reina. Gabaldón, que se ha desempeñado durante la guerra como quinta columnista en Madrid, es el responsable de denunciar y señalar a todos los responsables políticos y militares que el nuevo régimen desea “depurar”. El atentado, sin duda perpetrado por antiguos soldados de la República en venganza por su traición, sirve de pretexto para atacar a lar organizaciones juveniles, a las que se responsabiliza por “organizar una estructura para socavar el orden social y jurídico de la nueva España” y “adhesión a la rebelión”. Menos de una semana después, en un consejo de guerra sumarísimo sin posibilidad de defensa, 65 personas vinculadas a las Juventudes Socialistas Unificadas, detenidas meses antes del atentado, son condenadas a muerte y ejecutadas de manera prácticamente inmediata. Entre ellas, las trece jóvenes. Trece mujeres que pasarán a ser conocidas como las “trece rosas”.

La arbitrariedad de proceso queda patente no solo en la precipitación de los acontecimientos y la deliberada voluntad por acabar con la vida de personas que podían resultar contestatarias, sin mediar delito de sangre alguno. Según se extrae de la documentación del propio expediente del consejo de guerra, ni siquiera quedaba probada la adscripción de todas las personas juzgadas a la JSU.

Hoy se cumplen 79 años de su asesinato a manos de un régimen homicida. Como cada año, cientos de personas acudirán al homenaje en el Cementerio del Este. Para que su nombre no se borre en la historia.