Historia de Corea hasta el fin de la dominación japonesa

Corea estuvo regida desde finales del siglo XIV por la dinastía Yi, que permaneció en el trono hasta el año 1910. Los coreanos siempre tuvieron que luchar contra las injerencias y presiones de sus poderosos vecinos, especialmente, chinos y japoneses pero, también, de los europeos. En el año 1823 se decretó el aislamiento internacional pero no fue aceptado por las potencias extranjeras. Las tensiones continuaron y la presión de los franceses, norteamericanos y japoneses provocó que en el año 1873 accedieran al poder en Corea los partidarios de la apertura frente a los aislacionistas. Tres años después se firmó un tratado con Japón, y a comienzos de la siguiente década, se concertaron otros tratados con las principales potencias europeas y con los Estados Unidos.

En el año 1884 retornaron al poder los aislacionistas gracias al apoyo chino. Los japoneses, muy interesados en la península coreana y en plena expansión como consecuencia de la Revolución Meiji, decidieron acabar con la tutela china sobre el país, siendo uno de los principales motivos que llevaron a la guerra chino-japonesa de 1894-1895. La presión japonesa hizo bascular a Corea hacia Rusia pero la derrota de los rusos frente a los japoneses en la guerra de 1904-1905 permitió que Japón pudiera desarrollar sin obstáculos sus intereses imperialistas en la zona. En el año 1910 Corea fue anexionada a Japón. Los japoneses reprimieron duramente a los opositores de la ocupación de Corea. En la ciudad china de Shangai se organizó un gobierno coreano en el exilio pero sin un claro apoyo internacional. Corea estuvo bajo el yugo japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Las ideas contrarias al colonialismo contenidas en los Catorce Puntos del presidente Wilson animaron los deseos independentistas de la población, plasmándose en una impresionante manifestación en el año 1919. En este clima nace el "Movimiento 1 de marzo" que defendía, desde presupuestos democráticos, la independencia de Corea. Los japoneses, desde su perspectiva imperialista, establecieron una serie de medidas desastrosas para Corea. Una de las decisiones más duras fue la prohibición del idioma. En cuestiones económicas todo el país se subordinó al esfuerzo imperial y de guerra que impuso Tokio. Casi todas las exportaciones eran absorbidas por Japón, tan pobre en recursos naturales. La mitad del arroz producido era destinado para abastecer a la población japonesa con las terribles consecuencias que eso trajo consigo para la economía y para la alimentación de los coreanos. Hubo que buscar cultivos y alimentos alternativos como el sorgo y el mijo.
Pero, sin lugar a dudas, la peor de las herencias dejadas por el imperialismo japonés fue la cuestión de las esclavas sexuales en la guerra.

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