Trump extiende una alfombra roja para un acuerdo entre China y Canadá que fulmina los aranceles a los coches eléctricos y reactiva el comercio bilateral
- El presidente chino, Xi Jinping, saludó al primer ministro Carney: «Una relación sana y estable entre China y Canadá favorece los intereses comunes de ambos países. También es beneficiosa para la paz, la estabilidad y la prosperidad mundial».
- Mientras, la relación bilateral EE.UU.-Canadá sigue marcada por la desconfianza y presión política. El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha rechazado estos días las amenazas de Trump y ha defendido la soberanía de Canadá, insistiendo en que su país no está a la venta ni forma parte de Estados Unidos, al tiempo que busca apoyos en el Foro Económico Mundial y con aliados europeos.

Canadá y China acordaron el pasado viernes un importante giro en sus relaciones comerciales, con repercusiones directas sobre el sector automovilístico, la agricultura y productos del mar. El pacto fue anunciado al término de la visita del primer ministro canadiense, Mark Carney, a Beijing —la primera de un líder canadiense a China en casi una década— y busca poner fin a años de tensiones arancelarias y fricciones diplomáticas que habían lastrado el intercambio entre las dos economías.
En el centro del acuerdo figura la reducción de los aranceles a los vehículos eléctricos (EV) fabricados en China. Tras haber impuesto un gravamen del 100% a estos automóviles en 2024, Ottawa aceptó permitir la entrada de hasta 49.000 coches eléctricos chinos al año con un arancel del 6,1 %, una tarifa mucho más baja que la anterior. Esa cuota se elevará gradualmente hasta 70.000 unidades en los próximos cinco años, si bien seguirá representando una pequeña fracción del total del mercado automovilístico canadiense.
Prime Minister Carney attends welcoming ceremony at the Great Hall of the People in Beijing, China. pic.twitter.com/c43l2YhSTc
— Scott Robertson (@sarobertsonca) January 15, 2026
En contraprestación, China se comprometió a reducir drásticamente los aranceles a productos agrícolas canadienses, en particular a las semillas de canola, cuya tasa pasará de alrededor del 84% a cerca del 15% a partir de marzo, y a eliminar aranceles discriminatorios sobre otras exportaciones como harina de canola, langosta, cangrejo y guisantes durante al menos el resto de 2026. Analistas estiman que esta apertura podría desbloquear casi 3 000 millones de dólares canadienses en exportaciones hacia el mercado asiático.
El pacto representa, según Carney, una oportunidad para diversificar las relaciones comerciales de Canadá y reducir su fuerte dependencia de Estados Unidos, que sigue siendo su principal socio económico pero cuya política comercial se ha vuelto más proteccionista en los últimos años. “Este es un paso estratégico para acceder a cadenas de suministro globales y fomentar la innovación en sectores clave”, dijo el primer ministro en una declaración oficial.
Chinese President Xi Jinping greets Prime Minister Carney: "A healthy and stable China-Canada relationship serves the common interests of our two countries. It is also good for the peace, stability, and prosperity of the world" pic.twitter.com/1ib3mPdXS3
— Scott Robertson (@sarobertsonca) January 16, 2026
La recepción del acuerdo dentro de Canadá ha sido mixta. Sectores agrícolas y exportadores han acogido con optimismo el fin de las barreras que habían reducido drásticamente el acceso a China, uno de los mayores mercados mundiales de productos básicos. En cambio, algunos representantes del sector automovilístico y figuras políticas, como el primer ministro de Ontario, han advertido sobre posibles impactos negativos en la industria local y la necesidad de proteger empleos.
El camino marcado por Trump: tensiones entre EE. UU. y Canadá
El acuerdo se produce en un contexto de ataques diplomáticos y políticos contra Canadá por parte de EE.UU., durante las últimas semanas. Lo más reciente, como el presidente Trump ha compartido en redes sociales publicaciones que representan un mapa del país norteamericano con Canadá (y otros territorios como Groenlandia) dibujados como parte de Estados Unidos, lo que ha sido ampliamente criticado como provocativo y fuera de la realidad geopolítica.
Pero la guerra comercial la inició Trump en 2025, cuando su administración impuso tarifas elevadas sobre importaciones canadienses (alrededor del 25 % para una amplia gama de productos y todavía más en sectores como acero y aluminio) con el argumento de proteger la seguridad nacional, reducir el déficit comercial y frenar el tráfico de drogas e inmigración ilegal, respondiendo el vecino del norte con aranceles equivalentes sobre cientos de miles de millones de dólares de productos estadounidenses en represalia, como café, vino, motocicletas o maquinaria y la exitosa campaña «Buy Canadian».
MOTHERFUCKER!
— Canada Hates Trump (@AntiTrumpCanada) January 20, 2026
As a Canadian, let me be crystal fucking clear: we didn’t ask for this, we don’t want this and we’re not your imperial side quest, you fucking delusional sack of shit. Now fuck all the way off, sideways, and take your bullshit empire fantasy with you. pic.twitter.com/SDqurCOzJf
Para algunos observadores, el entendimiento entre Ottawa y Pekín no solo reactiva el comercio bilateral, sino que también puede influir en las dinámicas económicas más amplias entre Norteamérica y Asia en los próximos años.
