La Tienda Republicana

El Líbano continúa en el laberinto de protestas populares

De momento, las protestas afectaron la credibilidad para las inversiones, la circulación de divisas con la consiguiente falta de suministros en hospitales y gasolineras y se avecina la de productos básicos alimentarios como harina y azúcar.

El Líbano continúa en el laberinto de protestas populares y bloqueo intermitente de carreteras con un Gobierno sin potestad ni atributos para presentar proyectos de leyes o decretos, ni un Parlamento que logre un quorum para celebrar sus sesiones legislativas.

El último intento de celebrar una sesión fue ayer cuando los manifestantes lograron su segundo «éxito», después de la renuncia del gobierno, haciendo fracasar la reunión legislativa del Parlamento, en medio de una división de los bloques de diputados de forma que hace recordar la etapa de los grupos del 8 y 14 de marzo.

Se trataba de dos sesiones: La  primera era para elegir los miembros, presidentes y relatores de las comisiones parlamentarias, mientras que la segunda era legislativa. 

Los bloques parlamentarios se dividieron prácticamente entre quienes fueron para participar en ambas sesiones, y quienes boicotearon ambas sesiones, y quienes vinieron para participar en una no en la otra.

Esta sesión convocada por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, era para «rebelarse contra el vacío político», con todas las cargas políticas y de seguridad que ello conlleva, ya sea a nivel del movimiento popular de protestas, que ha rechazado en su mayor parte dichas sesiones, y se ha preparado para impedirlas con un llamado «escudo humano».

Los manifestantes hicieron el escudo humano en un trayecto de unos tres kilómetros, rodeando todas las entradas al Legislativo desde las 7:00 de la mañana hora de Beirut, obstaculizando la llegada de diputados al Parlamento, o bien a nivel de los bloques de diputados, ya que algunos de ellos no participaron como los partidos de la derecha libanesa el Falangista y el de las Fuerzas Libanesas, además de algunos legisladores independientes.

Berri venía insistiendo en celebrar la sesión bajo el lema de activar el trabajo de las instituciones, y la aprobación de leyes «muy importantes» que él considera que satisfacen y son muy acordes con las demandas del pueblo, y «lo más importante era la elección de comisiones parlamentarias para estudiar el presupuesto», según fuentes parlamentarias.

Hariri y sus diputados estuvieron promoviendo la teoría de la ilegitimidad de las sesiones señalando que cualquier reunión legislativa convocada bajo un gobierno provisional e interino no era factible, según ellos.

En conclusión la sesión no pudo asegurar su quórum necesario, algo que varios diputados habían ya alertado. Solo se decidió constitucionalmente -de acuerdo con el comunicado del secretario del Parlamento- prorrogar a las comisiones y se postergó hasta nuevo aviso la sesión legislativa.

Con respecto a los proyectos de ley que se encontraban en la agenda de la sesión, estaba la ley de amnistía junto con otros proyectos de ley para combatir la corrupción, la evasión fiscal y el enriquecimiento ilícito, pero las posiciones de los componentes políticos y los bloques parlamentarios sobre la propuesta han sido contradictorias.  

La semana pasada, el Bloque de Desarrollo y Liberación que preside Berri y el de la Lealtad a la Resistencia propusieron una ley para levantar la inmunidad que tienen los ministros actuales y anteriores y que han ocupado cargos ministeriales desde el primer parlamento electo en 1992, y para perseguir jurídicamente y de manera excepcional a aquellos casos de corrupción pública y saqueo financiero. 

Mientras tanto, sigue el debate político en el país, y los observadores políticos opinan aunque es cierto que «las protestas comenzaron completamente como libanesas, y se trata de una» primavera puramente libanesa.

Sin embargo, Estados Unidos tiene las cartas y las herramientas para apostar sobre el triunfo de dichas protestas para que por esa vía lograr reducir la influencia de la Resistencia Libanesa, sacarla fuera del nuevo gobierno y por tanto reducir así el peso del eje de la Resistencia tanto en el Líbano como en toda la región del Medio Oriente.

También el Eje de la Resistencia tiene a su propio reto de seguir apoyando a las demandas de las protestas populares sin permitirle al plan estadounidense de lograr su objetivo y sus propios interses. 

A lo largo de los últimos 35 días, las multitudes en desobediencia civil exigen cambios radicales en el sistema político sectario, la renuncia de la elite gobernante, elecciones y recuperación de lo robado al erario, entre otras demandas.

Pero hasta ahora solo se concretó la dimisión del primer ministro Saad Hariri y, por ende, del Gabinete, y el cerco que impusieron a todas las entradas al Parlamento e impidieron la celebración de sus sesiones.

En la percepción de los analistas, hay una intención desde el exterior de desviar las manifestaciones hacia agendas favorables a otros intereses foráneos.

Una de esas posibilidades la denunció la Resistencia Libanesa, la cual quedaría apartada del poder, caso de prosperar la demanda de un Gobierno tecnocrático puro. 

Hay sospechas de hilos y recursos detrás de las movilizaciones, pues del aire no vienen la distribución gratuita de comida, agua, cargadores portátiles de móviles o la colocación de equipos de audio en las plazas.

Los intentos oficiales por contener las protestas quedan por debajo de las expectativas de ciudadanos que han visto en los últimos 30 años que la corrupción y el clientelismo político prevalecen en el escenario nacional.

Sin embargo, el movimiento antigubernamental adolece de la falta de una conducción capaz de enrumbarlo hacia un objetivo común.

A la percepción popular no escapa que quienes comandaron los grupos en la guerra civil de 1975-1990, son los mismos que ahora gobiernan, con la excepción de la Resistencia y la Corriente Patriótica Libre que no ha sido participe en dicha guerra interna ni en los Acuerdos del Tael que le pusieron fin a la guerra interna libanesa.

Los ciudadanos de a pie aguardaban un cambio, pero explotaron cuando la clase dominante intentó con medidas impositivas contra la población liquidar un déficit público de unos 85 mil millones de dólares, equivalente a más de 150 por ciento del producto interno bruto.

Y de momento, las protestas afectaron la credibilidad para las inversiones, la circulación de divisas con la consiguiente falta de suministros en hospitales y gasolineras y se avecina la de productos básicos alimentarios como harina y azúcar.

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