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Elecciones en Grecia, el final anunciado de la era Tsipras

Grecia decide su futuro político en las elecciones generales de hoy. La oposición conservadora de Nueva Democracia espera una victoria aplastante, mientras el primer ministro, Alexis Tsipras, lucha por su supervivencia política.

Tsipras durante un mitin en Atenas / AFP
"El domingo por la mañana las urnas todavía están vacías", advierte el primer ministro Alexis Tsipras. Lo dijo una y otra vez durante la campaña electoral para graficar que no importa cuáles sean los números que entreguen las encuestas, sus partidarios deben votar y no desanimarse.

Hace cuatro años, las elecciones griegas de enero de 2015 sorprendían al mundo con la victoria de Alexis Tsipras al frente de la coalición izquierdista Syriza. Se trataba de la primera ocasión en la que una fuerza política a la izquierda de la socialdemocracia se hacía con el poder en Grecia y parecia convertirse en un faro de esperanza para los movimientos políticos y sociales que se oponían a las desastrosas políticas económicas establecidas por la troika para hacer frente a la crisis. Las esperanzas no tardaron en difuminarse cuando, poco después de su ascenso al poder y en medio de un duro conflicto con el Bruselas, Tsipras respondía a la victoria del No en el referendum con un giro conservador en su política económica que asumía los preceptos y dictámenes del Banco Central Europeo y el FMI. Un giro que buscó respaldar con la elecciones anticipadas de septiembre de aquel año que le concedieron una nueva mayoría.

Ahora, cuatro años después, Syriza no parece tener la capacidad de reiterar dicho éxito. El desencanto con la gestión de Tsipras unido a la renuncia al discurso rupturista que llevó a la formación a la victoria condicionan unas elecciones que, según todas las encuestas electoral,es, supodrán una victoria de la derecha de Nueva Democracia.

Disputa sobre la política económica

Como jefe de la oposición, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, demonizó las exigencias de ahorro por parte de los prestamistas internacionales y exigió un generoso recorte de la deuda griega. Pero tras su asunción en 2015, vivió un giro rumbo al pragmatismo económico. 

Durante la campaña electoral, Tsipras ha dejado clara su argumento para justificar el giro económico de 2015: "Tuvimos la ingenuidad de creer que Europa respetaría las decisiones del pueblo griego", dijo el martes en el canal de televisión Skai. Tsipras advirtió claramente contra un cambio de gobierno. Con el líder conservador Mitsotakis, la política de austeridad volvería a Grecia y los exitosos intentos de reforma de los últimos años se verían amenazados, dijo el primer ministro.

El opositor Kyranakis no quiere que esto le afecte. "El último gobierno conservador controló por primera vez el déficit y había vuelto a poner al país en la senda del crecimiento", aseguró. Tsipras tomó entonces un curso en zigzag y finalmente acumuló nuevas deudas de más de 30.000 millones de euros, se quejó Kyranakis. 

Konstantinos Botopoulos, que el domingo se postula por el partido socialista KINAL, también critica la retórica de Tsipras. El clivaje entre "austeridad conservadora o beneficios de la izquierda" es sólo un dilema vergonzoso para los propósitos de la elección, dice. En realidad, Syriza hace tiempo que acepta las medidas de austeridad de los acreedores.

Lucha por los votantes de izquierda

Tsipras luchó incansablemente en dos frentes: contra los conservadores y por último, pero no menos importante, contra los socialistas aparentemente resurgidos, que durante mucho tiempo llevaron una existencia sombría, pero aún esperan un resultado de dos dígitos el domingo. Incluso si perdiera las elecciones el domingo, pretende alcanzar su meta mínima y que Syriza se convierta en la fuerza más potente del centro político.

Esto podría darse. Sin embargo, para el candidato socialista Botopoulos, sólo KINAL ofrece una alternativa socialdemócrata real en Hellas. Syriza no es ni socialdemócrata ni realmente izquierdista.

Tampoco el político de Syriza, Arvanitis, considera a los socialdemócratas como una competencia real, pero por razones muy diferentes: "En la carrera electoral uno siempre presta atención a aquellos que van por delante o a aquellos que corren a tu lado. Los que están atrás no son importantes", asegura.

 

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