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Malos momentos para Macri en Argentina

La derrota en las elecciones regionales en Neuquen y la división de su coalición en la segunda ciudad más importante del país complican las posibilidades de reelección del presidente argentino en las cruciales elecciones de este año.

Macri / LCMP

La profundidad de la derrota en Neuquén y la reciente división en Córdoba adelantan un negro futuro para las aspiraciones de reelección presidencial de Mauricio Macri. Los resultados de las elecciones del domingo pasado en Neuquén (para gobernador provincial) dejan varias lecturas, pero casi todas giran alrededor de la grieta nacional, en torno a lo ocurrido entre Macri y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En Neuquén triunfó, del mismo modo que lo ha hecho sin intermitencias desde 1962, el Movimiento Popular Neuquino (MPN). Se trata de una fuerza provincial, heredera de una tradición neoperonista. Ganó –junto a varios aliados- con el 39,5% de los votos, un punto menos que en iguales elecciones de 2015. Aunque ahora tendrá que gobernar con minoría en el Parlamento.Amplio triunfo del MPN en Neuquén llevó alivio a Macri y a inversores

Le siguió el peronismo unido -PJ y Unidad Ciudadana- bajo hegemonía cristinista, con 26%, algo más de cinco puntos menos que la suma de lo conseguido por separado por esas fuerzas en 2015. Tercero apareció el candidato de la alianza oficialista Cambiemos, abandonado por sus caciques nacionales en la última semana, que –con el 15,3%- reunió 5,5 puntos menos que en 2015. El ex gobernador Jorge Sobisch, quien en el 2015 no participó por haber sido derrotado en la interna del MPN, obtuvo 9,8%.

Los números son claros: perdió el candidato del oficialismo macrista y corrió la misma suerte la expresión unida de las distintas vertientes del peronismo. Ganó una fuerza local que caracteriza a los candidatos de los partidos nacionales como “delegados de los poderes centralistas”. El MPN está arraigado en el control del Estado provincial y -desde esa posición- mantiene vínculos amistosos con los gobiernos nacionales de diferente signo.

Los números traen otro par de datos. La debilidad de Cambiemos y de su máxima figura, Mauricio Macri. Todos los candidatos prefirieron –en las últimas semanas- tenerlo lejos de su propaganda. También indican que la figura de Cristina, tampoco caló hondo en esa provincia.

El “batacazo” con el que soñaba el kirchnerismo se suspendió para mejor oportunidad. Ahora esperan que la Corte Suprema de Justicia de la Nación deje fuera de carrera al gobernador rionegrino Alberto Edgardo Weretilneck y lo baje de las elecciones del próximo 7 de abril. En ese caso confían que un triunfo de Martín Soria le dé una alegría al kirchnerismo.

Caminos que tiene por delante la crisis de Cambiemos

No es ninguna novedad que la alianza Cambiemos, integrada por el PRO de Macri, los radicales y la Coalición Cívica de Elisa Carrió, está haciendo agua por todos lados. Es obvio que el principal problema es el drama económico que han sembrado por todo el país.

A los datos que habitualmente incorporamos, esta semana tenemos que sumar la inflación de febrero que fue 3,8%, con lo cual el anual –de febrero a febrero- supera el 50%; el dólar ya se fue por encima de los 40 pesos y las tasas de interés volaron más allá del 60%. Con esos datos, que paralizan la economía, es muy difícil que Macri pueda ganar las elecciones, ni en primera, ni en segunda vuelta, si llegara…

Los 10.500 millones de dólares que el FMI –en estos días- debe remitir seguirán la ruta de siempre: pagar deudas y financiar las fugas. Ahora el gobierno está siendo autorizado a usar 9.600 millones para contener al dólar y evitar que esto reviente ahora, pero en los próximos meses se espera otro sobresalto y habrá que ver cómo sale el gobierno.

Todo ese dinero se irá esfumando y se pagará con sangre y sudor de los argentinos, a menos que se diga ¡basta! y el sacrificio no sea para pagarles y seguir en el pozo, sino para no pagar las “deudas odiosas”, salir de ese lugar y aguantarnos los chubascos que se vendrán.

Más allá de estos problemas el gobierno se enfrenta a fuertes e inmediatos problemas internos y de repercusión electoral. Más allá de la lógica de que Macri confronte con Cristina, la situación va creando perspectivas impredecibles.

La alianza Cambiemos corre riesgos. El radicalismo que le dio sostén territorial a Macri, está enojado y su esperanza de poner el candidato en el 2023 se está diluyendo. Muchos plantean dar la pelea ahora, otros piensan en el Congreso partidario de abril e imaginan que puede darse que no se repita el apoyo dado en Gualeguaychú para las elecciones del 2015.

La profundidad de la derrota en Neuquén y la reciente división en Córdoba adelantan un negro futuro y alientan la posibilidad de estos caminos impredecibles. Macri todavía confía en que esos retrocesos no pesan porque piensa que siendo Presidente los acuerdos con el MPN en Neuquén y Juan Schiaretti en Córdoba los puede mantener, sin necesidad de gobernadores propios.

Sin mayores perspectivas de una mejora sustancial de la economía, el amplio rechazo a Macri y el crecimiento de su imagen negativa, crece la idea que Cambiemos podría quedar fuera de la segunda vuelta o perder en la primera ante un peronismo unificado.

Macri

Ante esa eventualidad vuelve a dar vueltas en su cabeza y en la dirigencia de Cambiemos la posibilidad que sea María Eugenia Vidal, la mediática gobernadora de la provincia de Buenos Aires, la que asuma la responsabilidad de un futuro electoral poco alentador.

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