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Muere a los 94 años el ex vicepresidente de los Estados Unidos George H. W. Bush

Empresario de la industria petrolífera, hombre de confianza de Nixon, director de la CIA, vicepresidente con Ronald Reagan y 41º presidente de los Estados Unidos de América, George Herbert Walker Bush ha fallecido a los 94 años en su residencia familiar en Texas.

George H. W. Bush durante el comunicado del inicio de las hostilidades a Irak por la invasión de Kuwait / Wikimedia

Esta madrugada, el ex presidente de los Estados Unidos George H. W. Bush ha fallecido en su residencia familiar en Texas. Los obituarios se aprestarán a blanquear la imagen y cantar las alabanzas del fallecido mandatario, uno de los personajes más públicos, oscuros y controvertidos de la segunda mitad del siglo XX.

Empresario de la industria petrolífera, hombre de confianza de Nixon durante los duros años del escándalo Watergate, director de la CIA, vicepresidente con Ronald Reagan y 41º presidente de los Estados Unidos de América, la importancia histórica de la vida de George Bush padre resulta absolutamente innegable.

A pesar de sus firmes vínculos con el estado de Texas, lugar donde desarrolló la práctica totalidad de su actividad empresarial y política, Bush provenía en realidad de una histórica familia de ricos capitalistas industriales del norte. Su padre, Prescott Bush, ya había sido un influyente miembro del Partido Republicano, siendo uno de los principales asesores del presidente Ike Eisenhower.

Su desembarco en la política llegó, según aparenta el camino tradicional de los miembros de la familia, tras una corta pero intensa vida en el ámbito empresarial que le proporcionó ingentes beneficios gracias a la apuesta por explotaciones petrolíferas off shore concedidas gracias a información privilegiada. A principios de los años ’60 comenzaría su andadura en el ámbito político con su apoyo decidido al ultramontano candidato republicano Barry Goldwater, que perdió las elecciones de 1964 ante un Lyndon B. Johnson que, a pesar de la alarmante escalada bélica en Vietnam, supo proyectarse como el candidato de la paz frente al beligerante y radical Goldwater.

A pesar de su escaso éxito electoral, perdiendo sucesivas elecciones al Senado, Bush supo granjearse las simpatías de los principales líderes republicanos gracias a un innato saber hacer para mantenerse con vida políticamente. Richard Nixon, que ya había sido un cercano colaborador de su padre durante la presidencia de Eisenhower, lo tomó bajo su regazo situándolo en influyentes posiciones de poder, como la embajada permanente ante Naciones Unidas o la presidencia del Comité Nacional Republicano.

Un joven George H. W. Bush junto al entonces presidente Richard Nixon / Wikimedia

Tras el escándalo de Watergate, logró, una vez más, salir a flote a pesar del enorme descrédito de su partido político. Quizá, fue la experiencia adquirida durante este escándalo de espionaje a los opositores políticos del Partido Republicano lo que le valió el nombramiento de Director General de la CIA en el año 1976.

A pesar de perder las primarias contra Reagan en 1980 y representar, supuestamente, un ala distinta del Partido Republicano, en 1981 alcanza la vicepresidencia del país como número dos del célebre interprete de presidente ultraconservador de los Estados Unidos. Superado el Irán-Contras, en el cual tuvo un papel fundamental para evitar el encausamiento por alta traición de North, Reagan y él mismo, en 1988 alcanzó la nominación presidencial, ganando las elecciones de 1989 que le tornaron en el 41 presidente de los Estados Unidos.

La era Reagan / Wikimedia

Su presidencia estuvo marcada por la caída del Muro de Berlín, que pondría fin a la Guerra Fría y le convertiría sorpresivamente en el primer mandatario de los EEUU en un mundo monopolar de pensamiento único; la invasión de Panamá para arrebatar el país a su antiguo aliado, el dictador y narcotraficante Manuel Antonio Noriega; la desintegración de la Unión Soviética, trabajo interno de su colega aficionado a la libación, Boris Yeltsin, o la operación militar internacional contra la Irak de su también ex aliado Sadam Hussein en la conocida en occidente como Primera Guerra del Golfo (la primera Guerra del Golfo es identificada en Oriente Media como la guerra Irak-Irán de 1980-1988, en la cual Bush no dejaría de jugar un interesante papel).

Bush junto a Noriega, al que posteriormente depondría mediante una invasión militar ilegal según el derecho internacional / AP

A pesar de tan ilustre historial presidencial, Bush padre ha contado con el dudoso honor de ser el único presidente que no logró revalidad su mandato en unas segundas elecciones en los últimos 38 años. Por otro lado ha sido el primer presidente y padre de presidente desde el siglo XIX, un mérito de cuestionable valor democrático también a tener en cuenta.

Con Bush fallece, como decíamos, una de las figuras más controvertidas y oscuras de la segunda mitad del siglo XX. Probablemente tardemos décadas en conocer los datos y detalles de su implicación en algunos de los acontecimientos más dramáticos y relevantes de su época, o incluso jamás lleguemos a conocerlos en profundidad. Sin embargo, dada su muerte esta madrugada, desde Tercera Información nos sumamos a las forzadas muestras de respeto y admiración hacia el ex mandatario muerto, haciendo nuestras las palabras de Barack Obama: “La vida de George H. W. Bush es un testimonio de la idea de que el servicio público es un llamamiento noble y alegre”.