El chavismo se juega su futuro en las elecciones regionales de mañana

El chavismo no puede permitirse perder las gobernaciones ganadas hace 4 años si no quiere volver a dar alas a los sectores más violentos de la oposición.

El próximo domingo 15 de octubre se celebrarán en Venezuela elecciones regionales. Esta cita con las urnas, aceptada por la oposición por la derrota sufrida por su plebiscito frente a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de Maduro, tiene una importancia capital para el futuro político del país sudamericano. El chavismo necesita reafirmar antes la sociedad venezolana y ante la Comunidad Internacional que los venezolanos apoyan la apuesta por la paz de Nicolás Maduro y la oposición necesita demostrar a los mismos actores que la violencia que desataron con sus guarimbas está justificada para salir de lo que ellos consideran una "dictadura".

Ya hubo un primer round con el plebiscito opositor y la Asamblea Nacional Constituyente que terminó con una aplastante victoria del chavismo comandado por Nicolás Maduro. La oposición apenas llegó a los 3 millones de votos usando muchas trampas: votantes extranjeros y niños, quema de las actas electorales y las papeletas, no permitieron observación internacional ni seguimiento ni apoyo por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE). Por parte del gobierno, pese a considerar el plebiscito ilegal y sin efetos jurídicos, se les dejó votar en paz. Sin embargo el chavismo no lo tuvo tan fácil. La oposición desató la violencia para impedir que cientos de miles de votantes no pudieran ejercer su derecho a voto en unas elecciones que contaron con observadores internacionales incluso de derechas, con la participación de CNE y con mecanismos que permitieron hacer una auditoria. Más de 8 millones de votos tuvo la propuesta constituyente de Nicolás Maduro. Al día siguiente la violencia en las calles paró y la oposición, tras ver los 5 millones de votos de diferencia reconoció la legalidad del CNE y decidió participar en las elecciones regionales que se celebrarán el próximo fin de semana.

Sin embargo, pese a que el chavismo recuperó el voto que perdió tras la desaparición física del presidente Chávez, no se puede considerar que todos los sufragios fueran de los suyos, ya que muchos opositores participaron en la ANC como rechazo a la violencia de la oposición, fue un voto prestado que podría volver de donde vino si la oposición venezolana sabe reconquistarlos convenciéndolos de que ahora apuestan por la paz y rechazan la violencia que ejercieron hace apenas dos días. Precisamente por creer en esta posibilidad, la derecha venezolana agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) decidió participar en las regionales. Una victoria sobre el chavismo volvería a dar las excusa perfecta para seguir desestabilizando el país violentamente con la esperanza de sacar a Nicolás Maduro de la presidencia. Por eso Donald Trump y la Unión Europa mantienen la presión sobre el gobierno chavista y bolivariano.

Nicolás Maduro debe movilizar a su base electoral, una parte bastante cansada de los problemas sin resolver. Burocracia, la corrupción que legó Luisa Ortega, el desabastecimiento que todavía sigue dando coletazos... Son asuntos pendientes que podrían hacer que millones de chavistas se quedasen en casa el día de la votación, como pasó en las presidenciales de 2013 y en las legislativas de 2015. Además el PSUV y sus aliados no han hecho un proceso de primarias para elegir a los candidatos, conociendo el efecto movilizador que ese mecanismo tiene. A su favor cuenta con cuadros jóvenes que tienen una muy buena imagen entre la población como el candidato de Miranda Héctor Rodríguez y el buen desempeño de los que consiguieron ganar las anteriores elecciones de hace 5 años.

La oposición lo tiene más difícil. Primero por haber desatado una violencia que se ha llevado por delante a los suyos y segundo porque está rota, los partidos de la MUD se van a presentar separados en muchas regiones después de haber protagonizado unas primarias en las que los seguidores de os diferentes candidatos se han llegado a pegar entre ellos. Su imagen es la peor desde el fallido golpe de estado de 2002 y el paro petrolero de 2003.

Parece que el chavismo tiene las de ganar en esta contienda, algo que necesita para que la oposición pase unos años de travesía por el desierto, lo que desactivaría el golpe de estado continuado y Nicolás Maduro podría, de una vez desde 2013, ponerse a gobernar sin tener que pensar en cómo vencer la nueva oleada golpista de este año.

Gonzalo Sánchez. Twitter: @ProtestFor36

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