Francisco Herranz / Sputnik •  TRT •  Internacional • 19/07/2020

Lo que esconde la reconversión de Santa Sofía

El retorno de los oficios religiosos confesionales a Santa Sofía ha generado una oleada de reacciones negativas por el carácter simbólico de esta construcción bizantina. Pero tras el conflicto con sus vecinos ortodoxos, Erdogan guarda una estrategia política para suprimir el laicismo en el espacio político turco.

Lo que esconde la reconversión de Santa Sofía

El cambio de estatus de la catedral bizantina de Santa Sofía, en Estambul, es una decisión contraproducente que generará más tensión en esa parte del mundo, además de socavar potencialmente el valor universal de tan bello edificio, incluido desde 1985 en la selecta Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El Consejo de Estado de Turquía, el mayor tribunal administrativo del país, suspendió el pasado 10 de julio una ley que databa de 1934 y que había convertido el templo en un museo. Ese fallo provocó una oleada de reacciones negativas en todo el mundo.

Levantada por orden del emperador Justiniano en el año 537, Santa Sofía –o Hagia Sophia («Santa Sabiduría» en griego)– es la joya indiscutible del arte bizantino, la culminación de un estilo arquitectónico que emanaba de la cultura clásica romana y que fue embellecido con ornamentos orientales. La basílica siempre despertó la admiración de propios y extraños, siendo actualmente uno de los mayores reclamos turísticos de Estambul, antes conocida como Constantinopla, y mucho antes como Bizancio. Su diseño sirvió de modelo para la Mezquita del Sultán Ahmed o Mezquita Azul, también situada en Estambul.

El interior de Santa Sofia todavía conserva frescos, iconos y mosaicos incomparables y de valor incalculable. La catedral fue transformada en mezquita imperial después de que la ciudad fuera tomada, en 1453, por las tropas del sultán otomano Mehmet II. Constantinopla, dada su historia, su situación geográfica y su riqueza patrimonial, siempre había representado un codiciado tesoro para califas y sultanes, dispuestos a cumplir la profecía de Mahoma de que un gran conquistador tomaría algún día esa ciudad santa y fortificada enclavada a orillas del estrecho del Bósforo.

La reconversión

La reconversión no es, por consiguiente, un gesto muy ecuménico que digamos. Tampoco es un acto amistoso hacia la comunidad cristiana. Por eso es lógica la breve pero intensa respuesta del Papa Francisco, máxima autoridad católica, quien dijo sentirse «muy dolido» por lo ocurrido.

Jerónimo II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia, primado de la Iglesia Ortodoxa Griega, fue más allá que el obispo de Roma en sus declaraciones y dijo airado que el paso dado por los turcos representa un insulto al cristianismo. «Transformar la religión en un instrumento para fines partidistas, geopolíticos y geoestratégicos refleja a la persona que lo intenta. La afrenta y la arrogancia no solo se refieren a la Ortodoxia y a la Cristiandad, sino a todo el mundo civilizado, a cualquier persona pensante, independientemente de la religión», señaló Jerónimo II, citado por la agencia griega de noticias AMNA.

A través de su directora general, la francesa Audrey Azoulay, la UNESCO –la organización de Naciones Unidas que promueve la cultura, la ciencia y la educación– lamentó «profundamente» el dictamen de las autoridades turcas y convocó al embajador de ese país ante la entidad con sede en París para expresarle sus fuertes preocupaciones.

«Es importante evitar la aplicación de cualquier medida que no se haya discutido de antemano con la UNESCO y que conlleve cambios en el acceso físico, en la estructura de los edificios, en los bienes mobiliarios y en la gestión del sitio», subrayó el chileno Ernesto Ottone Ramírez, subdirector general de Cultura de la UNESCO.

Tales medidas podrían constituir, en efecto, una violación de las normas establecidas en la Convención del Patrimonio Mundial de 1972. Adaptar Santa Sofía al culto diario musulmán significará tener que tapar u ocultar los bellos iconos y mosaicos expuestos en las paredes, algunos de ellos de importantes dimensiones.

Las manos de Erdogan y los motivos del cambio

Detrás de la sentencia del Consejo de Estado está el mismísimo presidente de Turquia, Recep Tayyip Erdogan, investido de enormes poderes ejecutivos desde la reforma constitucional de 2017. Erdogan ratificó de inmediato, vía decreto presidencial, el fallo del alto tribunal que anulaba una resolución previa de la Corte Constitucional, emitida en 2018, que mantenía el statu quo sobre el asunto.

Pareciera que al veterano líder islamista turco le gustara atraer el oprobio internacional, pero, en realidad, bajo esta controvertida decisión, subyacen poderosas y astutas razones de índole interno y externo. En primer lugar, la islamización de Santa Sofía cuenta con el apoyo mayoritario de las bases de su formación política islamista, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, más conocido en turco por su acrónimo AK. Además, la controversia supone una excelente cortina de humo para ocultar otros problemas estructurales que amenazan a Turquía, como la crisis económica o el conflicto con los kurdos.

En clave exterior, este movimiento radical de Erdogan, no menos audaz por ser esperado, encierra varias lecturas. Por un lado, apuntala la idea de que Turquía se está separando a grandes pasos de Europa y sus valores cristianos, buscando una meta neo-otomana que huele a imperialismo y se focaliza hacia el este. El interés por ingresar en el Club de Bruselas ha desaparecido por completo. Otra consecuencia implica la grave erosión del carácter secular de la República de Turquía, tal y como la fundó en 1923 Mustafá Kemal Atatürk, padrino de la citada ley de 1934 que convirtió la valorada mezquita-iglesia en un museo sin pesadas cargas religiosas.

Un mensaje al mundo musulmán

Por otra parte, el cambio de condición del edificio transmite un claro mensaje de unilateralidad y vigor a otras potencias regionales de Oriente Medio como son Irán o Arabia Saudí, especialmente a esta segunda. Los saudíes no están nada contentos con el comportamiento de Erdogan, pero por razones bien distintas a la de los cristianos. Riad entiende que Ankara verbaliza su deseo de competir con ellos por el liderazgo del mundo musulmán.

Erdogan podría haber firmado el decreto del cambio de estatus de Santa Sofía en cualquier momento, pero lo hizo precisamente ahora, tras el veredicto del Consejo de Estado, por los beneficios que esta «nueva conquista» –palabras suyas– le reporta en su particular posición regional y estratégica.

No era la primera vez que grupos islámicos intentaban cambiar el estatus del famoso edificio, pero en esta ocasión, por el contrario, había nuevos precedentes legales, sentencias judiciales similares, que afectaron a antiguas iglesias bizantinas en las ciudades de Iznik (Nicea) y Trabzon (Trebisonda).

En resumen, el presidente turco considera el tema como una cuestión de soberanía nacional. Concretamente, piensa que Santa Sofía es «el símbolo» de la «fuerza» turca, el primer paso del «renacimiento» del Islam como civilización y la señal de que «Turquía ya no es el objeto de ciertas acciones, sino el sujeto, el actor».


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